Bajo el sol de Kyushu

Capítulo 2: El tirador y la doncella

—Oliver-sama —hablo con la voz cortada. Estoy a punto de llorar.

 

Oliver voltea. Se sobresalta al verme desnuda.

 

—What the hell are you doing?

 

   [¿Qué demonios haces?].

 

Se quita su chamarra de cuero y me cubre con ella. Desvía su mirada de mí. Las mangas me cubren los dedos y el corte, mi intimidad. Me dejo caer sobre mis rodillas, cubro mi rostro con ambas manos. Lloro. ¡¿Qué estuve a punto de hacer?! Oliver me vio desnuda, seguramente piensa que soy una mujerzuela. Me alejo de él, ya no puedo verle a los ojos. Me odio.

 

Ha pasado un rato, ya estoy más tranquila. Esto es muy incómodo. ¿Qué pensará Oliver? Mi cabeza es un avispero.

 

—Put on your clothes, it’s time for me to go.

   

   [Ponte tu ropa, es tiempo de que me vaya].

 

Traigo puesta su chamarra, es normal pensar que la quiere de vuelta. Supongo que no quiere que una japonesa la ensucie. Me da la espalda, no quiere verme. Miro incómoda mi ropa, está muy sucia. Le entrego su chamarra, no le da importancia a que la haya puesto en mí. La fogata se está apagando. Oliver toma su rifle y su morral. Me mira de reojo.

 

—I’m glad you’re well. Sayonara.

 

   [Me alegro de que estés bien. Adiós].

 

Era de esperarse que se fuera sin más, y que su última palabra fuese ‘Adiós’. Fui impulsiva, el miedo se apoderó de mí, y lo alejé. Pero no quiero que se vaya. ¡No quiero que te vayas, Oliver! Es egoísta, lo sé, pero no quiero volver a estar sola, me aterra la idea. ¿Qué debería hacer? No lo sé, sólo he tomado decisiones irracionales desde que perdí mi vida. Sé que está mal, y que soy de lo peor si me aferro a ti sólo por necesidad, pero no quiero estar sola. Me estoy faltando a mí y a ti. Lo siento.

 

—Omachikudasai! —exclamo.

 

   [¡Espera por favor!].

 

Corro lo más rápido que puedo, aunque mi pierna sea mi enemiga, aunque mi cuerpo me pida que me detenga. Oliver se detiene al escucharme. Estamos rodeados de árboles. Me ve, me mira compasivo. Apiádate de mí una vez más, te lo suplico, me arrodillaré si es necesario.

 

—Stop!  Go away —extiende su mano frente a mí.

 

   [¡Alto! Vete].

 

Me detengo. Mi corazón está acelerado. Niego con la cabeza. Lo he alcanzado. Me da la espalda y sigue su camino. Tomo aire, grito. Oliver me embiste, me tapa la boca con su mano y encañona mi cuello con su pistola. El cañón es frío. Jamás me habían apuntado con un arma.

 

—I’m sure you understand this.

 

   [Estoy seguro de que entiendes esto].

 

Aunque me apuntes con eso, no me iré. Si he de morir, que sea ahora. Acaba conmigo de un disparo. Dolerá menos que si me dejas a mi suerte. Así que hazlo, quítame la vida, es lo único que me queda. Él suelta mi boca.

 

—Don’t scream, damn.

 

   [No grites, maldición].

 

   —Issho ni ika sete!

 

   [¡Déjame ir contigo!].

 

Guarda su arma, vuelvo a respirar. Oliver es un hombre peligroso, pero si quisiera hacerme daño ya lo habría hecho. Se da media vuelta y continúa con su camino. Mantengo mi distancia y lo sigo. Tomaré lo que dijo como un: “puedes seguirme de lejos”. Y si no fue así, no me importa. Se detiene.

 

—Oh, God. Fuck. Go away, go.

 

   [Oh, Dios. Mierda. Vete, ve].

 

Está sacudiendo su mano hacia mí, como queriendo hacer aire. Suspira y se lleva la mano al rostro.

 

—This won’t function.

 

   [Esto no funcionará].

 

Oliver retoma su camino, parece que dejó de importarle. Procuraré no causarle problemas.

 

Caminamos toda la noche en el bosque. Está amaneciendo. Estoy cansada, me duelen las piernas, los pies. ¿Cuánta resistencia tiene este hombre? Necesito descansar. Hace frío, me duele la boca de tanto tiritar. Él está muy cómodo con su chamarra, pero yo sólo tengo mi delgado vestido sucio.

 

Oliver se detiene, baja la cabeza, suspira, saca algo de su morral y voltea a verme. Está caminando hacia mí. Me acobija con una manta caliente que guardaba. No parece tener la intención de acercarse, pero tampoco deja de estar al pendiente de mí. De nuevo siente lástima por mí, es lo único que puedo dar: lástima. Bosteza, él también está cansado. ¡Muero de sueño!

 

Tomamos un pequeño descanso de quince minutos, ¡quince minutos! En serio, por favor, para, llevamos caminando toda la noche y la mitad del día. ¿A dónde se supone que vamos? No he visto ni una sola persona por estas colinas. Oliver hace un buen trabajo pasando desapercibido.

 

Nos acercamos a un río. Al fin se detuvo. Hay muchos árboles en los alrededores, Oliver ha recolectado algunas ramas. Oh, vaya, harás una fogata. ¿Planeas pasar la noche aquí? Me acerco a la orilla del río y bebo un poco de agua.

 

Ahora que lo pienso, llevo varios días sin tocar el agua, quizá mi olor es lo que lo mantiene alejado. No es que tú huelas mejor que yo. Apuesto que llevas incluso más días sin ducharte.

 

Oliver dejó las ramas y se acostó debajo de la sombra de un árbol, rodeado de arbustos. ¡Se quedó dormido! Camino río abajo, lo suficiente para que él no pueda verme si despierta. Por favor, no te vayas sin mí. Miro a los lados, no hay nadie cerca. Dejo la manta sobre una rama cercana. Meto mis pies en el agua. ¡Está helada! Me quito mi vestido, está mucho más sucio que yo. Aprovecho para lavar mi ropa. Las exprimo y las dejo secar al sol sobre una roca. La brisa deja caer sobre mis hombros unos pétalos de cerezo. Me apresuro a lavar mi cuerpo. Me quito el vendaje, limpio mi herida cuidadosamente. Ya me siento limpia y cómoda.

 

Me cubro con la manta y me siento en la roca, junto a mi ropa mojada.

 

Un salpicón me sobresalta. ¿Me quedé dormida? Oliver me saluda, también está en el río, se quitó las botas y recogió el dobladillo de su pantalón. Pescó algo. ¡No me veas! Me tapo avergonzada. Suspiro, la manta sigue como la dejé, me relajo. Me visto, pero mi ropa sigue húmeda. ¡Muero de frío! Inmediatamente me cubro con la manta. Anochece.

 

Regreso a donde él. ¡Está infinitamente más caliente que yo!, ahí, cómodamente sentado sobre un tronco frente a la fogata que hizo. Empaló los pescados y los dejó cocinándose. Lo veo desde la distancia, no debo acercarme o se molestará. Mi estómago gruñe. ¡Qué vergüenza!

 

Oliver alza un pescado, quizá quiere que me acerque. Estoy parada junto a él. No voltea a verme, sólo me ofrece pescado asado. Lo acepto con gratitud. Como. Está delicioso, aunque casi no tenga sabor.

 

—I’ll take note, I must not feed the dying.  They will follow me like a dog.

 

   [Tomaré nota, no debo alimentar moribundos. Me seguirán como un perro].

 

Oliver mira la tierra que piso y después a mí. Estoy goteando y mojando todo a mi paso, y no dejo de temblar. La falda y mi cabello siguen mojados.

 

—Did you fall into the river? Hina-san.

 

   [Señorita Hina ¿Te caíste al río?].

 

Hace un ademán de caída mientras señala el río.

 

—Fall. River

 

   [Caer. Río].

 

Niego con la cabeza.

 

—O furo ni haitta.

 

   [Tomé un baño].

 

—Doesn’t matter, you’re still wet. You will catch a cold if you stay like this.

 

   [No importa, igual estás mojada. Te resfriarás si te quedas así].

 

Saca una cosa de su mochila y se acerca. Me la da, es una camisa. La sostengo de los hombros, ¡casi me llega a las rodillas! Se da la vuelta, quiere que me cambie el vestido. Toco suavemente su hombro, y antes de que voltee le entrego la manta. No quiero que se ensucie. Me paro detrás de él, me desnudo e inmediatamente me pongo su camisa. Es verde y muy suave. Huele a él. Toco de nuevo su hombro. Oliver voltea y me ve. Me regresa la manta y me cubro con ella. Quizá fue porque la tuvo cerca del fuego, pero está caliente. Dejo mi vestido sobre el tronco en el que está sentado, junto a la fogata. Se recorre sobre su asiento y golpea con su palma el espacio que dejó. Me siento al lado de él.

 

Oliver traza veinticinco rayas en la tierra con una rama. ¿Qué significan?

 

— I’m 25 —señalándose—. And you?

 

   [Tengo 25].                         [¿Y tú?].

 

¿Qué relación tiene él con las rayas? Me quiere decir algo y quiere algo de mí. Veinticinco. ¿Será su edad? Tiene sentido, se ve que es joven. Si es su edad, entonces quiere que le diga la mía. Agarro la rama y dibujo dieciocho rayas en la tierra.

 

Nos quedamos en silencio viendo la fogata bajo el estrellado cielo nocturno. Ya no tengo frío. Su chamarra se ve cálida, es gruesa, de piel café. Me entretengo dibujando con la rama. ¡Ya sé! Dibujo cuatro personitas, dos grandes y dos pequeñas.

 

—Mai, haha. Renzo, otosan. Kousei, aniki. Hina, watashi.

 

   [Mai, mamá. Renzo, papá. Kousei, hermano mayor. Hina, yo].

 

Señalo las figuras conforme las nombro.

 

Oliver Smith toma la vara y dibuja cinco figuras en la tierra. Las señala una por una.

 

—Stella, mother. Walter, father. Elaine, little sis. Alice, middle sister. And me.

 

   [Stella, madre. Walter, padre. Elaine, hermanita. Alice, hermana del medio. Y yo].

 

Derramo una lágrima sobre la tierra. Dibujo círculos sobre las figuras de mis padres y luego las destruyo con la varita.

 

—Watashi no haha to chichi wa bakugeki de nakunarimashita.

 

   [Mi mamá y mi papá murieron en el bombardeo].

 

¿Qué?, ¿por qué estoy llorando tanto? No puedo llorar con Oliver junto a mí, si me ve siendo débil, ¿qué pensará de mí? Seco mis lágrimas y me volteo, no quiero que me vea llorar. Mis sentimientos son tercos como yo. Las cálidas manos de Oliver envuelven las mías. Son grandes y masculinas.

 

—Everything will be fine.

 

   [Todo va a estar bien].

 

Me lo dijo con un tono compasivo. No sé qué significa, pero estoy segura de que son palabras de aliento y consuelo. Oh, Oliver, no sabes mentir. Nada estará bien, nada puede estar bien. Yo no estoy bien. ¿No ves que estoy en el borde de la desesperación? ¡Ya no tengo nada!, ¡a nadie! Me he quedado sola. Tengo un dolor en el pecho que no puedo sacarme ¿Por qué tienes que estar aquí cuando soy tan vulnerable? No tengo derecho a pedirte que me des consuelo, ni a pedirte que te quedes conmigo. Sin embargo, aquí estás, junto a mí, más cerca que nadie. Y, sin embargo, me ves cuando estoy tan vulnerable, cuando nadie, jamás, me había visto llorar. Porque siempre solía llorar sola en mi habitación, cuando nadie podía verme o escucharme. Porque toda mi vida siempre fui la Hina fuerte, alguien a quien querer y admirar. Porque siempre fui la Hina alegre, perspicaz, pero ahora soy lo que quedó, la Hina de la que te compadeces; y aquí estoy, aferrándome a ti porque no me queda nada. ¿Tan miserable soy? Llevas viéndome llorar por no sé cuántos minutos, y en todo este tiempo no has dejado de mirarme con lastima.

 

¿Por qué no dices nada? Di algo, lo que sea, aunque no te entienda. Necesito oír tu voz, dime que todo estará bien, aunque no sea cierto. ¡Necesito escuchar que estarás junto a mí, aunque fuésemos a morir mañana!

 

—Subete  ga daijobuda to itte kudasai. —Lo miro suplicando. Estoy rota.

 

   [Por favor dime que todo estará bien].

 

—Easy. Everything will be fine, I promise. —Acaricia mi mejilla.

 

   [Tranquila. Todo estará bien, lo prometo].

 

Tu sonrisa, tu maldita sonrisa, la odio, la odio tanto, porque no hace más que darme esperanza. Por favor, no me des esperanza, porque te creeré.

 

No quiero que me vea llorar. Pego mi rostro a su pecho, aunque esté mal acercarme. No me importa. Lloro, lloro todo lo que no lloré en estos días. Al fin puedo dejar que mi corazón se desahogue. Toma mis manos, toma mis brazos. No me sueltes, no me dejes caer. Aguanta sólo un poco más.

 

Oliver me ofrece un pañuelo que saca de su abrigo. ¡Este hombre tiene de todo! Seco mi rostro, estoy más tranquila. Se lo devuelvo.

 

—Keep it. —Lo rechaza, supongo que ahora es mío.

 

   [Quédatelo].

 

Mira al cielo. ¿Sabrá leer la Luna y las estrellas? Debo tener el rostro hinchado. Voltea a verme, sonríe. ¿Me veo chistosa? Me mira con compasión, pero no con lástima. Me gustas, Oliver Smith, cuando sonríes calientas mi corazón y alivias mi pesar. Me siento mucho mejor ahora, no puedo decir que estoy bien, pero al menos las penas no me pesan tanto. Gracias. Le sonrío y me sorprendo, pues creí que no volvería a hacerlo. Seguramente es sólo una ilusión, así que no me dejaré llevar.

 

Levanto mi rostro y lo acerco al suyo. Puedo sentir su respiración acariciando mi piel. Separo mis labios sutilmente, cierro mis ojos y lo beso. Él no me ha alejado. Abre su boca, me besa. Es suave, cálido. Me abraza, lo abrazo. Toca mi rostro. Me suelta. Oliver se recuesta en la tierra. Me quito la camiseta, me pongo mi vestido y de nuevo la camiseta, para no pasar frío. Me recuesto sobre su pecho.

 

Unas voces me despiertan. Me quedé dormida, Oliver debió cobijarme con la manta, yo no recuerdo haberlo hecho. ¿Dónde está?, ¡¿dónde?! No lo veo por ningún lado. Me altero. Voy a gritar. Las voces se acercan. Me ha dejado, él junto con sus cosas han desaparecido. La fogata está apagada. ¡Me ha dejado!

 

—¿Qué tenemos aquí?

 

Son soldados imperiales japoneses. Me miran lascivamente. Son cuatro y yo una. ¿Qué piensan hacerme?

 

—¿Estás sola?

 

No sé qué responder, Oliver ya no está. Uno de ellos me arrebata la manta. Ven que traigo puesta la camiseta de un hombre.

 

—¿De dónde eres?

—De Ariake, busco refugio —contesto.

—Ven con nosotros —dice sugerentemente.

 

No me da confianza. Niego con la cabeza. Uno de ellos pone la punta de su bayoneta en mis labios. La baja lentamente hasta el cuello de la camiseta, y la estira hacia abajo. Estoy paralizada. Comienza a cortar y mi pecho va quedando descubierto. Me sonríe perversamente.

 

Escucho un estruendo, y después uno de los soldados cae muerto justo frente a mis ojos.

 

—¡Francotirador! —gritan.

 

Paso a segundo plano. Los soldados se ven alterados. Buscan algo entre los árboles. Otro estruendo, otro soldado muerto, sangra mucho y luego el tercero cae. Es horrible, tengo mucho miedo. Sólo queda un soldado, el líder, su uniforme es diferente al del resto. Me apunta con su pistola. No puedo acostumbrarme a esa sensación. Grita, amenaza con matarme. Y muere de un disparo certero al cráneo. No sé qué hacer. Estoy en shock. No puedo gritar, llorar, hablar, ni respirar. Me siento insegura, siento que en cualquier momento moriré, que la siguiente bala es para mí. Escucho un golpe, algo grande cayó al piso. ¡Viene corriendo hacia mí! ¡Es Oliver! Tiene prisa. ¡Qué gran alivio que sea él!

 

—Oliver-samaaah —grito. Me ha levantado y ahora cuelgo de su hombro, como un saco de verduras.

 

¡¿Dónde estás tocando?! Su mano me agarra justo debajo de mi trasero. Está al aire. ¡Qué vergüenza! Lo cubro con la falda lo más que puedo.

 

—Watashi o oku!

 

   [Bájame].

 

—Do you want to shut up?

 

   [¿Quieres callarte?].

 

Su rifle y morral cuelgan y rebotan de su otro hombro. Es rápido. Supongo que yo no podría llevarle el paso. La manta se quedó atrás. Empuña su pistola con la otra mano. ¿Nos persiguen? No veo a nadie detrás de nosotros, aunque ciertamente hizo mucho ruido.

 

Nos hemos alejado bastante de nuestro campamento improvisado. Oliver me baja con delicadeza. ¡Que considerado! Se ve cansado. Se quita su chamarra y la pone sobre mis hombros. Es caliente y huele a él. Y…

 

—Sugoi. —¡Tiene músculos en los músculos!

 

   [Guau].

 

Su camiseta empapada de sudor no hace más que remarcar aún más su tonificado pecho. Trae colgando una cruz del cuello junto a sus placas de identificación. Sus brazos son gruesos y velludos. No puedo dejar de mirarle embobada.

 

—Your turn. —Me entrega su rifle.

 

   [Tu turno].

 

Por alguna razón entendí eso. Me toca hacer guardia. Se acuesta sobre la tierra y usa su morral como almohada. Cierra los ojos y me le quedo mirando. Aun durmiendo conserva su aspecto intimidante. ¿Quién eres, Oliver Smith? Pienso en sólo una cosa: ¿Por qué te cruzaste conmigo?

 

No la estoy pasando tan mal. La chamarra de Oliver mantiene caliente la mitad de mi cuerpo. ¿De casualidad no traerás otro par de pantalones? Se me congelan las piernas. El amanecer es cuando hace más frío. Me miro, mis pies están sucios y duelen. Siento curiosidad, Oliver me entregó su rifle, pero no tengo idea de cómo se usa. Debería analizarlo, pero no tengo la confianza para hacerlo. Siento que tocaré algo que me terminará haciendo un hoyo en la cabeza, como a esos soldados.

 

Apenas han de ser las siete de la mañana. No estoy segura, pero Oliver debió dormir menos de tres horas. Se levantó más fresco de lo que yo podría, se estiró y me habló.

 

—Good morning.

 

   [Buenos días].

 

Es un hombre rudimentario, me queda claro. Sabe cómo sobrevivir en la naturaleza. Saca de su morral dos latas de atún, una para él y una para mí. Abre una y me la da junto con una cuchara de metal.

 

—Eat.

 

   [Come].

 

Él no abre la suya. Quizá es su única cuchara. La sumerjo en el atún y tomo la porción, la meto a mi boca y como. Sabe asqueroso, pero no hay otra cosa que comer.

 

—It tastes awful, I know.

 

   [Sabe horrible, lo sé].

 

A juzgar por su tono sarcástico, creo que sabe lo que estoy pensando. ¡Que suplicio! Espero no tener que comer atún por el resto de mi vida. Me pide la cuchara. No, espera, ¡no lo hagas! Dios, no tienes decencia. ¿Cómo puedes comer con mi saliva en tu cuchara? Al menos la hubieras limpiado. Termina de comer y guarda la cuchara en el morral. No la ha limpiado desde que la consiguió... ¡Qué asco! ¿Alguna vez has lavado algo?

 

—We are here and we need to go here. —Señala dos puntos en su mapa.

 

   [Estamos aquí y tenemos que ir aquí]

 

No parece una distancia larga, son unos pocos centímetros en el mapa.

 

—Oliver-sama, chotto tomete kudasai. Watashi wa kyūsoku suru hitsuyō ga arimasu.

 

   [Señor Oliver, por favor detente un momento. Necesito descansar].

 

—What are you complaining about? We're barely halfway there.
      

   [¿De qué te quejas? Apenas vamos a medio camino].

 

Me siento en la primera roca que veo. Necesito recuperar el aire. ¿Sabes que tus piernas son más largas que las mías?, casi tengo que correr para ir a tu paso. Deberías ser un poco más considerado. Oliver me ofrece agua. Mira el reloj en su muñeca.

 

—There’s still time. I guess you’ve never fired a gun, if you don’t know how to use it, you won’t be able to cover my back. Come here.

 

   [Aún hay tiempo. Supongo que nunca has disparado un arma, si no sabes cómo usarla, no podrás cubrir mi espalda. Ven aquí].

 

¿Qué cosa? Oliver suspira. Creo que está perdiendo la paciencia. Sin previo aviso me toma del brazo y me jala hacia él. Toma su rifle y lo empuña.

 

—Just like this. You see?

 

   [Justo así. ¿Ves?].

 

Lo pone en mis manos. Hace que sujete la empuñadura con la derecha y el cañón con la izquierda. Me posiciona. Acomoda mis brazos y hombros de tal manera que la culata quede cómodamente contra mi cuerpo y sostenga el rifle para que el cañón se empareje con mis ojos. ¡Y no puedo ponerte atención porque estás muy cerca! Se agacha a mi altura. ¡No lo puedo soportar, tu rostro está junto al mío!

 

—…and finally, you put your finger in the trigger.

 

   [...y finalmente, pones tu dedo en el gatillo].

 

Pone mi dedo en el disparador, no ha quitado el suyo. Es como si pensara forzarme a disparar. Pero tú no harías eso, ¡¿cierto?! Entro en pánico, lo va a hacer. Cierro mis ojos lo más fuerte que puedo. Presiona y tiro del disparador.

 

—Bang!

 

Me sobresalto y chillo.

 

¿Qué?, ¿por qué no escuché el disparo?, ¿se habrá roto? Lo único que escucho es a Oliver reírse y… Te odio. Ni siquiera vi cuando le sacaste las balas. Toma mi mano y la pone en una palanca sobre el disparador.

 

—Bolt . You pull it like that. You push. And now you can shoot.

 

   [Cerrojo. Lo jalas así. Empujas. Y ahora puedes disparar].

 

Llevamos medio día de camino y no parece que vayamos a llegar pronto. Lo que sí es seguro es que ya estamos muy lejos del que era mi hogar. ¿En serio sabes dónde estamos? Algo me dice que no. De nuevo mira su mapa, ve al cielo y a las montañas. Yo sólo veo árboles y más árboles. Se sienta en la tierra y toma agua. Debe estar cansado. Me ofrece un poco. Bebo sin miramientos, me estoy acostumbrando. Me da unas galletas.

 

Retomamos nuestro camino, parece que falta poco. Estamos cerca de la costa, puedo oler la brisa marina. Oliver parece tenso. Está más alerta de lo normal, todo el tiempo está mirando por todos lados. No ha quitado el dedo del disparador del rifle. Subimos un monte buscando terreno elevado. A lo lejos escucho un sonido familiar, es fuerte, agudo y molesto.

 

—It has begun.

 

   [Ha comenzado].

 

Es la alarma de ataque aéreo. Me altero, comienzo a hiperventilarme. Mis piernas no me responden. ¡No puede ser, no de nuevo! Me tiro de rodillas.

 

—Haha, haha! —grito.

 

   [¡Mamá, mamá!].

 

Tapo mis oídos lo más fuerte que puedo, pero ni así dejo de escuchar tan horripilante sonido. Oliver viene corriendo hacia a mí y se tira, está preocupado. ¡No, no, no!, ¡madre, madre!

 

—Tasukete, tasukete —repito desesperadamente.

 

   [Ayúdame, ayúdame].

 

¡Todos van a morir! ¡No quiero volver a pasar por eso! No quiero, no podría soportarlo. Preferiría morir a tener que vivirlo de nuevo. Todos esos aviones, todas esas bombas. ¡Son demonios! Oliver me somete y me amordaza con su mano.

 

—You make a lot of noise.

 

   [Haces mucho ruido].

 

Quiere que me calle, pero yo no puedo callarme, no sé cómo. Tengo mucho miedo. Grito, aunque ahogue mis súplicas. Berreo. Lucho porque no me puedo quedar quieta. Oliver me suelta y me abofetea. Me ha movido todas las ideas. Jamás pensé que él me pondría una mano encima. Le regreso la bofetada, y otra, y otra más. Lo golpeo repetidamente en el pecho. Creo que me estoy desquitando con él, pero ya me siento mejor.

 

—On going.

 

   [En marcha].

 

Me toma de la mano. Camina a mi paso, lento, ¿o sólo es cauteloso? Siempre vigilante. Me hace feliz que, a pesar de todos los problemas que le he causado, no me ha dejado atrás.

 

Llegamos a terreno elevado y nos detenemos. El mar está justo en frente. A lo lejos puedo ver la ciudad de Miyazaki ardiendo. Los aviones americanos no dejan de tirar bombas y los soldados imperiales les responden con fuego antiaéreo. Hasta aquí puedo oír las explosiones y la desesperación, vienen del mar, quizá de bases que están en las islas vecinas.

 

Oliver se tira pecho tierra, hago lo mismo. No quiero ensuciar tu camisa más de lo que ya está, lo siento. Prometo que la lavaré. Apunta con su rifle a la ciudad en llamas. Me da unos binoculares que trae en su morral. Sin verme, toma mi cabeza y la gira a donde él está viendo. La están pasando mal en la ciudad. Oliver apunta en diferentes direcciones, buscando algo…o a alguien. Levanta su boina momentáneamente y sonríe.

 

—Thank God, they make it.

 

   [Gracias a Dios, lo consiguieron].

 

No pude escucharlo, habló para sí mismo.

 

—Stay here.

 

   [Quédate aquí].

 

Se levanta. Al ir con él, me regresa a la tierra con su mano. Se arrodilla.

 

—Hina-san, here. Down —dice serio.

 

   [Señorita Hina, aquí. Abajo].

 

Se aleja de mí, pero no lo suficiente como para que lo pierda de vista. No debo olvidar que Oliver es un francotirador y está en una misión. Se tira al piso, ocultándose debajo de la hierba.

 

Hemos estado aquí por horas. Oliver no se ha movido ni un centímetro, se mantiene en la misma posición, apuntando al frente con su rifle. Yo no podría hacerlo. Estoy sentada cerca de él, intentando permanecer oculta. Los aviones americanos vuelan sobre nuestras cabezas, ya van varios escuadrones que pasan por aquí. Tiran bombas cada vez más lejos. ¿Es mi imaginación? Están tirando bombas en el mar. El sol se está ocultando.

 

Escucho muchos gritos de lucha. Los soldados imperiales se preparan para algo. No sé qué está pasando, sólo puedo oír las ametralladoras disparando desde la costa. Oliver dispara y tira del cerrojo, vuelve a disparar. Momentáneamente no escucho más detonaciones. Él está matando soldados japoneses. Puedo escuchar barcazas y lanchas acercarse rápidamente. Ahora entiendo, la misión de Oliver es cubrir el desembarco Aliado en las costas japonesas, justo como pasó en Normandía. Lo leí en el periódico. Entonces los bombardeos fueron para suprimir las defensas del Emperador. Si esas naves tocan tierra, será el fin. Muchas familias sufrirán como la mía, muchas hijas perderán a sus padres y madres, como yo perdí a los míos. Muchas chicas como yo se hundirán en la desesperación, y los soldados que quemen sus hogares no tendrán la compasión que tuvo Oliver conmigo.

 

¿Qué debería hacer? Si te detengo, los americanos regresarán al mar y las familias japonesas no sufrirán lo que yo sufrí. Es mi deber como japonesa, por mi honor y por mi patria, debo proteger la tierra que me vio nacer. Si te detengo, ganaremos la guerra. Debo hacerlo. Tu espalda está desprotegida, si encuentro una roca afilada y dura, un golpe a la cabeza debe bastar. Un golpe, te golpearé con todas mis fuerzas para que no sufras. ¡No has dejado de matar japoneses desde que llegaste aquí! Si no te detengo, no dejarás de segar vidas. Oliver, ¡eres un Shinigami!

 

Tomo la roca afilada más grande que encuentro. Me acerco a él silenciosamente, no se ha dado cuenta de mí. Él sigue apuntando, disparando y recargando. Veo al mar, los soldados bajan de las embarcaciones y arremeten contra todo japonés que ven. Es una carnicería, muertos por todos lados, de ambos bandos. Lo siento, Oliver, es mi deber como japonesa. Por mi honor, por mi patria, debes morir, aquí y ahora. ¡Lo siento!

 

No puedo hacerlo. Dejo caer la piedra. Muerdo mi mano para ahogar mi sollozo. ¡¿Cómo pude traicionarte así?! A ti, cuando tú me salvaste desinteresadamente. No tengo honor que proteger, no tengo patria por la que luchar. Soy tan despreciable. Lo siento tanto, ¡en verdad lo siento! No merezco nada de lo que me has dado. Soy tan miserable. Los he traicionado a todos, a mi país, a mi familia, a mí misma; a ti. Porque no pude matar a mi enemigo, el soldado Aliado que me salvó.

 

Huyo. Corro con todas mis fuerzas; esquivo árboles y rocas. Tropiezo, me enlodo y me levanto. Te ruego me perdones, Oliver Smith, soy yo la que te abandona, no porque no te quiera, sino porque no merezco que tú me quieras. Con lágrimas en los ojos y dolor en mi corazón te lo digo, ¡lo siento!

 

Corro tan rápido como mis heridas me lo permiten. Jadeo. Me detengo a descansar. Recupero el aire. Me asusto, escuché un ruido detrás de mí, ramas siendo pisadas. Siento un frío cañón hundirse en mi espalda.

 

—Está muy lejos de casa, señorita. —Habla japonés, pero su acento es extranjero.

—Le suplico que no me haga daño.

—Ibas a matar a mi amigo, ¿por qué debería escucharte?

 

Quiero llorar. Me siento culpable por haber traicionado a Oliver, y ahora, otro Aliado terminará conmigo. No quiero morir.

 

—Put the gun down, Sam. Now. —Es la voz de Oliver.

 

   [Baja el arma, Sam. Ahora].

 

—Seriously? Are you betraying us for a dirty “Jap”?

 

   [¿En serio? ¿Nos traicionas por una sucia “Japo”?].

 

—I'm not betraying anyone, but I won't let you hurt her.

 

   [No estoy traicionando a nadie, pero no permitiré que la lastimes].

 

—I don’t recognize you.

 

   [No te reconozco].

 

—Putt the gun down; she is no threat.

 

   [Baja el arma; ella no es una amenaza].

 

—She wanted to kill you.

 

   [Ella quiso matarte].

 

—But she didn’t.

 

   [Pero no lo hizo].

 

El soldado no le responde. Me suelta.

 

—This will cost you dearly.

 

   [Esto te costará caro].

 

—I will take responsibility. Hina-san, go away.

 

   [Me haré responsable. Señorita Hina, vete lejos].

 

No volteo, no puedo volver a verlo. Sólo debo irme, desapareceré.

 

Adiós, Oliver Smith.