Cuentos de Supervivencia

Capítulo 0: Prólogo

Nuestro futuro no se decide únicamente mediante nuestras acciones, sino también por las acciones de los demás. Eso pensaba incluso antes de aquella noche.

 

Lo confirmé cuando desperté en un infierno peor del que ya vivía. Algo intervino en mi vida obligándome a actuar distinto, atentando así en contra de mis creencias e ideales.

 

Luchar por sobrevivir o luchar para proteger a otros, para mí siempre fue una elección clara; pero mantenerme firme a pesar de las adversidades, los fracasos y las pérdidas se ha vuelto una tortura. Y también... es el motor que me impulsa a seguir jugando.

 

 

Las manos tibias y pequeñas rozaron las suyas. La hermana mayor, Shiori, le dijo unas cuantas veces que no se alejara al caminar por las calles transitadas de la gran ciudad. El niño lo recordaba y obedecía abrazando el brazo de Shiori con ternura.

 

Las salidas al parque eran frecuentes, un divertido paseo para dos niños que no deseaban volver a casa. Aunque tuvieran donde refugiarse y comida que llevarse a la boca, no había mejor hogar para ellos que el lugar en donde estuvieran unidos y lejos de sus padres. Solos, ambos niños eran su propia familia.

 

Shiori hizo varios recados a una vecina, y como pago obtuvo los alimentos suficientes como para irse de picnic con su hermano. Así, una tarde de abril, que se caracterizaba por la lluvia de pétalos de cerezo, ambos salieron. Llevaron la pelota favorita del niño, le gustaba patearla torpemente sin poder acertar en la dirección correcta.

 

La niña se sentó en el césped sobre un mantel, prestado por la misma vecina, y lo observó sonriente como siempre.

 

—¡Mírame, hermana! —exclamó preparándose para realizar el próximo tiro. Tomó distancia y pateó con fuerza.

—¡Sorprendente! —lo felicitó aplaudiendo.

—Woooo, ha caído lejos. —Entrecerró los ojos para visualizar la ubicación de la pelota.

 

De pronto, una de las tazas de té sobre el mantel se rompió. Como si fuera un mal presagio, Shiori se hirió al tratar de recoger la porcelana rota. La sangre brotó, espesa y oscura, recorriendo la mano que su hermano solía tomar al cruzar la calle. El viento sopló esparciendo pétalos rosas sobre su visión. Estaba confundida, experimentando además un mareo inexplicable.

 

Mientras tanto la pelota roja, tan roja como la sangre de la niña, permaneció en medio de la calle, invitando al niño hacia su muerte. Por último, la ruidosa bocina se escuchó por todo el lugar.

 

Nueve años después…

 

«Ese sonido… otra… vez…», pensó Shiori mientras despertaba de un profundo sueño. El sonido de una bocina resonó entre los árboles, recordándole el fatídico día de la muerte de su hermanito. Lo que no sabía, era que ese ruido representaba el inicio de otra pesadilla.

 

El cielo nocturno estaba repleto de estrellas; hacía frío. Un escalofrío recorrió el cuerpo aún adormilado de la joven chica, erizándole la piel.

 

—¿Dónde estoy? —preguntó. Su mente comenzó a aclararse y logró ver a su alrededor.

 

Bajo la brillante luz de la luna, un grupo de personas, cincuenta exactamente, estaban reunidas en un bosque desconocido. Se encontraban desconcertadas. Algunas seguían inconscientes, otras exclamaban por ayuda, y otras buscaban culpables entre sí a causa de la alarmante situación.

 

Así comenzó un camino repleto de incertidumbre y terror, en una nueva realidad que los forzaría a participar en juegos de supervivencia, obligándolos a darlo todo por seguir viviendo.

 

Añorando a cada paso recuperar la libertad que egoístamente seres todopoderosos les arrebataron.