Cuentos de Supervivencia

Capítulo 3: El cementerio de monstruos

Al igual que el segundo grupo, el primero sufrió grandes pérdidas, rondando los treinta sobrevivientes. Estos últimos se reunieron guiados por las brújulas en las pantallas de los relojes, encontrando otro pueblo de descanso.

 

Luego de que la voz les explicara las normas de convivencia, enfatizando la regla de no agresión, los nuevos ciudadanos de ese extraño lugar se dispersaron respondiendo a las necesidades de cada uno. La enfermera, de nombre Nao, por su parte se instaló en un hospital abastecido con instrumentos fundamentales para atender cualquier emergencia. Hizo correr la noticia de que estaría atendiendo allí, afirmando que habría muchos heridos tras el ataque del monstruoso lobo.

 

Hideo fue uno de los pacientes, Nao lo atendió suturando la herida en su pierna. La encantadora mujer lo cautivó, principalmente por el busto generoso, las curvas pronunciadas y el rostro con facciones delicadas. El joven decidió quedarse allí recostado sobre la cama, agotado de tantos gritos de dolor a causa de su pánico con las agujas.

 

Shiori lo acompañó, una vez segura de que se encontraba bien, se ofreció a buscar más heridos. De esa forma se sentía útil y mantenía su mente ocupada para evitar pensar en el siguiente juego. La voz les informó que los próximos juegos estaban por avecinarse, manteniendo el misterio de cuántos juegos restarían antes de otorgarles la tan ansiada libertad.

 

Preguntó por varias casas ya ocupadas por los jugadores con el objetivo de acompañar heridos al hospital. En la última casa que visitó halló a un sujeto vestido de esmoquin blanco.

 

—Señor. ¿Está herido?

 

El hombre notó su presencia y sonrió.

 

—No, estoy bien. —Levantó con falsa torpeza la mano herida a causa de un disparo.

—¡Señor! ¡Su mano! —descubrió alterándose.

—Oh, no la había visto —comentó el hombre mostrando una expresión de sorpresa.

—Déjeme llevarlo al hospital.

 

Shiori lo acompañó unas calles mientras pensaba en la herida. No pudo descifrar qué la había producido. Definitivamente no se trataba de una mordida del lobo, los enormes dientes no le dejaría la mano intacta. Tampoco podía ser un corte con una rama, ni una caída sobre el césped. Las heridas que presenció en el hospital eran distintas, no coincidían, por esa razón, le invadió la curiosidad.

 

—Parece muy pensativa, joven dama —dijo el hombre.

—¡Ah! Lo siento —se exaltó.

—Tranquila, comprendo que es difícil tratar con extraños, sobre todo en esta situación. ¿Cómo sobreviviste?

—Yo... encontré un grupo de personas, nos ayudamos mutuamente.

 

El hombre caminaba unos pasos delante de ella, no se volteó a hablarle como normalmente haría una persona. No parecía distante, al contrario, tenía una serena voz que le provocó cierta comodidad para dialogar.

 

—¿Qué hay de usted? —Le devolvió la pregunta, algo insegura.

—Huí hacia una zona donde el lobo no alcanzó a arribar. Diría que fue suerte.

 

Shiori guardó silencio, la suerte no tenía cabida en ese lugar, el lobo era capaz de recorrer grandes distancias para devorarlos. Sin embargo, deteniéndose a pensarlo mejor, existió una zona del bosque a la que su grupo no había alcanzado a ir por el desvío que tomó Hideo al arriesgarse a dirigirse al refugio de madera.

 

—Espero tener la misma suerte que usted en el próximo juego —bromeó. Observó la mano del sujeto gotear sangre, formuló una posible situación, tal vez había  luchado contra otra persona.

 

El hombre detuvo su caminar y volteó. Sonriente le agradeció por guiarlo al hospital. El cabello le cubría los ojos, por lo que Shiori no logró descifrar si se trataba de alguien bueno o malo, después de todo, consideraba que los ojos eran como los espejos del alma. Ambos intercambiaron nombres y se despidieron.

 

—Conque su nombre es Gensuke —murmuró mirándolo subir las escaleras hacia la puerta principal del hospital.

 

Shiori cambió su rumbo a la plaza que se encontraba en el centro del pueblo. Esta destacaba por una gran estatua de un ángel extendiendo sus manos al cielo.

 

—Señor Nishimura. —Se alegró al encontrarlo allí, sentado sobre una banca.

—Luces más alegre, eso es bueno —comentó con su usual actitud relajada, la cual mostraba frente a los menores que él para intentar tranquilizarlos.

 

Tanto ellos como Hideo escogieron hospedarse en la misma casa luego de retornar del bosque.

 

A pesar de que Shiori confiaba fácilmente en las personas, tuvo conflictos con clientes por la forma en la que ciertos hombres la miraban con lascivia y temía volver a sufrirlo en ese lugar desconocido. Junto a Nishimura se sintió segura, ya que denotaba una mirada que asumía sería la de un padre con su hija. La que su padre nunca supo darle por la indiferencia que este sentía hacia su familia.

 

Se ubicó a un costado y contempló la estatua del ángel.

 

—Me pregunto si la voz... será humana como suena —cuestionó espontáneamente—. Antes de descubrir que Kami había muerto, algo me tocó. No sé qué habrá sido, pero no se sintió humano.

—¿Dices que es algo inhumano? ¿Cómo el lobo? —preguntó Nishimura sorprendido al escuchar lo que sintió Shiori.

—No como el lobo... algo mucho más... escalofriante. —Continuó mirando al ángel, como hipnotizada. Su pose llamativa la llevó a creer que estaba rogándole a un ser superior.

 

Casi todos los jugadores aprovecharon el resto del día para dormir, la luz del sol no se los impidió.

 

El hombre apodado Rounin por el motociclista, no descansó, investigó las casas vacías y las tiendas en busca de pistas sobre el lugar o sobre quien los puso en los juegos, sin embargo, no logró encontrar nada. Negándose a desistir, entró una farmacia y se halló con una situación particular.

 

Tres hombres estaban revolviendo entre los medicamentos. Buscaban algo en especial, no supo qué podía ser, hasta que notó la mirada enrojecida de uno de ellos, comprobando que estaba bajo los efectos de alguna droga. Rounin los ignoró, cambió su rumbo caminando entre los estantes.

 

Los revoltosos siguieron arrojando frascos sin prestar atención a las consecuencias que causaban al desperdiciar valiosos medicamentos. La farmacia servía como bodega del hospital, allí se guardaban las reservas exactas para la cantidad de personas que habitaban actualmente el pueblo.

 

En ese momento, Nao ingresó en busca de nuevos calmantes y vitaminas para los exhaustos habitantes. Al encontrarse con tal desorden, no pudo evitar exclamar:

 

—¡¿Qué están haciendo?!

 

Alterados, los hombres pensaron que habían sido descubiertos por un policía. No estaban en condiciones de asimilar lo ocurrido, ni recordaban que sobrevivieron a un monstruo carnívoro, ocultándose debajo de una pila de cadáveres.

 

—No es la policía —dijo el más gordo del trío.

—Es una enfermera. —El segundo sujeto se puso de pie y se dirigió hacia ella.

—No pueden tirar los medicamentos, todavía hay personas heridas por lo que pasó —los regañó Nao.

—Miren esos pechos —volvió a hablar el mismo sujeto—. Debe ser una actriz porno. Es imposible que los tenga así de grandes sin serlo.

 

Los tres se abalanzaron sobre la mujer, quien asustada retrocedió e impactó contra la pared. La rodearon, cerrándole las salidas. Acorralada, les pidió que se apartaran, pero ninguno obedeció. Estaban demasiado excitados, nunca habían visto una enfermera así de atractiva. En su afán por tomarla, uno de ellos jaló un mechón de cabello de un movimiento.

 

Respondiendo al acto de violencia, la voz se escuchó en la farmacia:

 

—Les advertí que no podían agredirse entre ustedes.

 

De pronto, algo invisible obstruyó la garganta del sujeto, obligándolo a retorcerse en el suelo. Sus compañeros retrocedieron asustados y confundidos.

 

Rounin acudió conservando la tranquilidad propia de su persona. Quiso comprobar cuál castigo se le adjudicaba a los violentos dentro del pueblo.

 

—Nos mantendrá lejos de la violencia antes de los juegos —musitó abandonando la farmacia.

 

Los días pasaron en un parpadeo, la voz anunció que restaban tres días para el siguiente juego. Las energías de los habitantes retornaron de a poco, los heridos se curaban inusualmente rápido, tanto así, que algunos teorizaron que era obra de los poderes del ser que los mantenía presos.

 

Se presentaron los conflictos iniciales de esta pequeña y nueva población.

 

La víctima de los puños de Ryu (el motociclista), un oficinista de cabello canoso, confabuló con otros para vengarse, haciendo de su estadía en el pueblo un total infierno.

 

Cuando Ryu salía de su casa a intentar hallar una salida en la niebla, muchos lo perseguían acusándolo de criminal, insultándolo, aprovechando la protección de la regla de no agresión para enfrentársele. Rena, la atlética pelirroja, inesperadamente decidió refugiarse con él, siendo además, su única defensora.

 

El carácter de la mujer espantó a los más temerosos con sus amenazas. Era de estatura promedio, sin embargo vieron en ella una fuerza interna arrasadora.

 

—No tienes que hacerlo, si te unes a mí te ganarás el odio de los demás —dijo Ryu descansando en una esquina.

—Eso no me interesa, detesto a las personas así. Además, creo que eres un idiota gigante, no representas ningún peligro. Tomaste las riendas del grupo en el juego, es una lástima que sólo yo viera ese potencial de líder en ti.

 

Las palabras de Rena lo ayudaron a reflexionar sobre sus acciones. Quería lograr que todos sobrevivieran, sentía la necesidad de hacerlo. Como líder de una pandilla de motociclistas, era su deber velar por la seguridad de los suyos, lo traía en su sangre, así como lo hicieron su padre, su abuelo y bisabuelo.

 

A Rena se le ocurrió una idea para que la voz de Ryu fuera escuchada. Lo tomó de la mano guiándolo hacia la estación de radio. El hombre se asombró por la osadía de tomarlo así apenas conociéndolo. Al estar completamente solo, prefirió no decir nada y darle la oportunidad de ayudarlo.

 

En poco tiempo, su voz se oyó por todo el pueblo.

 

Los habitantes se alertaron asumiendo que era la voz del culpable de su desgracia, poniéndoles la piel de gallina, no obstante era una transmisión que se escuchaba a través de varios parlantes sujetados en los postes de luz distribuidos en todo el pueblo.

 

Me llamo Ryu, seguramente me conozcan como el “motociclista” o el “criminal”, en fin, ese no es el punto. No me interesa cómo me llamen. Todos estamos metidos en la misma bolsa, dejen de lado las acusaciones tontas de que yo soy el que los metió aquí. Si quieren encontrar a un culpable dentro de nosotros, pierden el tiempo —expresó con elocuencia.

 

Shiori y Nishimura, estando en la plaza, recordaron al alto y robusto hombre de la larga chaqueta de cuero con el logo de un dragón y el nombre “Ryu” escrito. Ciertamente, en su momento, prefirieron alejarse, pensando que no sería seguro cruzárselo por las calles.

 

—Tiene razón, deberíamos trabajar juntos —concordó Shiori.

 

Nishimura opinó lo mismo, dividirse no era un buen método para asegurar la cantidad de supervivientes.

 

Me gustaría saber quiénes están dispuestos a trabajar unidos para ganar los juegos sin pérdidas humanas. La estación de radio de donde estoy transmitiendo se encuentra en el extremo norte. Escucharé a los que quieran colaborar. —Finalizó la transmisión, apagando el aparato que le permitía comunicarse, y esperó reunir aliados pronto.

 

Rena suspiró recostándose en un sofá dentro de la cabina, ya nada más podía hacer, dependía del resto acceder a colaborar.

 

Quince minutos tardó el primer jugador en asistir. Era el calmado Rounin, llevando consigo su katana. Ryu reconoció que gracias a él, quien descubrió la chimenea que hirió al lobo, seguían con vida, por lo que le agradeció su presencia con una reverencia. Rena miró de reojo al recién llegado, imaginándose la gran ayuda que sería tenerlo de su lado. Lucía como un jugador fuerte con sus brazos tonificados por la práctica constante de kendo. Podría perfectamente proteger a los más débiles.

 

—No me agradezcas. Levanta la cabeza —le dijo cerrando los ojos, tan serio como siempre.

—Oye, tipo musculoso. Me gustaría que me dijeras, ¿cómo sabías que detrás de la pared había una chimenea? —lo enfrentó Rena, ahora examinándolo de arriba a abajo.

 

En lugar de Rounin, la que respondió fue Shiori, apareciendo junto a Hideo y Nishimura:

 

—El juego se basaba en un cuento infantil. El fuerte viento generado por un rugido, los refugios de paja, madera y ladrillos fueron prueba de ello.

 

Rena y Ryu la miraron extrañados. Acababan de escuchar una teoría difícil de aceptar. Rounin asintió con la cabeza.

 

—Es una locura, pero gracias a esta teoría, estamos vivos. Cuentos infantiles… quién lo diría —comentó Ryu pensativo. Si esa fuente de inspiración se mantenía para los siguientes juegos, contaban con un arma a su favor para combatir.

 

La enfermera se asomó detrás de la puerta, dando pequeños golpecitos para llamar la atención. Luego del ataque que sufrió en la farmacia, se sintió insegura de interactuar con otras personas.

 

—Me alegra que hayas venido —declaró contento Hideo, rascándose la mejilla izquierda con un dedo. Estar cerca de ella lo ponía nervioso, mujeres así no solían hablarle en su vida fuera de ese pueblo.

 

Nao le devolvió una sonrisa, no era común que alguien le sonriera en la situación en que se encontraban. Ryu le agradeció por presentarse, admiraba el trabajo que se tomó atendiendo a cada uno de los heridos, sin detenerse en ocuparse por su propio bienestar. En consecuencia, ella lucía cansada, tenía ojeras marcadas en su rostro, sin embargo, ni siquiera el cansancio la frenó para sumarse a la causa del motociclista. Como encargada de la salud de los habitantes, creyó conveniente apoyar a alguien con ese objetivo.

 

—Oí tu propuesta. En el refugio pudimos sobrevivir gracias al trabajo en equipo. Creo que trabajar así es lo más adecuado para procurar nuestra seguridad.

—Es una buena noticia. ¿No cree, señor Nishimura? —destacó Shiori pensando que unidos podrían superar los futuros obstáculos.

 

Nishimura no estuvo seguro de si sería lo ideal. El hombre de la katana no le inspiraba confianza, lo avistó por las calles siempre llevando su arma. Fuera intuición o no, algo en él no terminaba de convencerlo, y a pesar de que Ryu propusiera cooperar, pertenecía a una pandilla de motociclistas, los cuales siempre contaban con antecedentes penales.

 

—¿Qué pasa, señor Nishimura? —le preguntó notándolo demasiado callado.

 

Rounin lo miró, asociando el nombre con el rostro correspondiente. No le agradó la forma que era observado y le preguntó:

 

—¿Te incomoda mi espada?

—Para serte sincero, sí me incomoda. ¿Por qué la traes contigo? No pareces la clase de persona que confiaría en otros si no te separas de tu arma —respondió Nishimura.

 

Shiori no descubrió ese aspecto antes de que su compañero lo mencionara. Así como sucedió con Gensuke, Rounin despertó la misma inquietud. ¿Estaría delante de personas capaces de dañar a otras con tal de sobrevivir?

 

Un silencio sepulcral invadió la cabina. Nao medió entre los involucrados, agregando:

 

—Es normal que te sientas incómodo. Después de lo que vivimos, será difícil entablar una alianza firme, pero estoy segura que la conserva para protegerse.

 

Rounin abandonó el lugar sin terminar de escuchar a la enfermera defenderlo. Llegado el momento de los juegos, verían qué estaría dispuesto a hacer para conseguir su libertad, hasta entonces, evitaría altercados con los demás.

 

—Déjalo, Nao. —La detuvo Ryu, notándola preocupada por su participación—. Es extraño, incluso intimidante, pero no es un tonto.

 

La enfermera aceptó lo dicho por Ryu y le dio su espacio.

 

De este modo, una alianza se formó con los que tuvieron el valor de confiar en el motociclista.

 

 

Discutieron sobre cómo proceder para fomentar la confianza del resto, y luego de acordar un plan, se dividieron para abarcar la mayor población posible e intentar persuadirlos de cooperar, alegando los riesgos de jugar por separado.

 

Rena esperó a estar a solas con Ryu para decir:

 

—No creo que resulte. Me apena la chica vestida de maid, parece entusiasmada, creyéndose que seremos un gran equipo. En cambio el barbudo… se ve más realista, lo cual tampoco sirve de mucho. Pienso que la enfermera es el intermedio adecuado entre los dos, será valiosa.

—Eres lista cuando piensas fríamente y no andas repartiendo amenazas —bromeó pudiendo relajarse un poco.

—Por supuesto que soy lista. Que mi cabello teñido no te engañe —sonrió. Ambos quedaron en silencio durante unos segundos, hasta que Rena volvió a hablar—. ¿Eras el líder de una pandilla? —Quería que Ryu lo verbalizara y confirmara su clara sospecha.

—Sí, lo era —dijo Ryu mirándola a los ojos.

 

No necesitó más. El destino la separó de su vida normal, posicionándola frente a una persona como él por un motivo en especial. Únicamente ella y la voz lo sabían.

 

—¿Por qué lo preguntas? ¿También vas a juzgarme? —Ryu continuó con su tono irónico.

—No, no estás preparado para que te juzgue. —Rena volteó hacia la puerta y volvió a sonreír.

 

Shiori y Nao, siendo las que ayudaron a los heridos, se propusieron a reclutar gente, sin tener suerte. Ryu no pudo ganarse la confianza del resto aunque se esforzara.

 

Por otro lado, Rena desistió tras varios intentos, pero a causa de su limitada paciencia, terminó emborrachándose en el supermercado, lidiando con el tormento de vivir en ese lugar sin saber si sobreviviría en el próximo juego.

 

Nishimura y Hideo, con sus apariencias de vagabundo y otaku, tampoco fueron escuchados. Idear una manera de fomentar la unión, resultó ser todo un reto.

 

Rounin, como persona solitaria que era, prefirió distanciarse para entrenar, mentalizado en lo que le esperaría dentro de un par de días.

 

La tarde antes de la inminente convocatoria de la voz, Gensuke se dirigió a la farmacia para retirar un calmante que aliviara el dolor en la herida de bala en su mano. Revisó los estantes, hasta toparse con un suceso inesperado. Un joven perteneciente al trío que intentó propasarse con Nao, estaba en el suelo con los ojos blancos, bañado por la espuma que salía de su boca abierta. Claramente había muerto por una convulsión que no pudo ser atendida, generada por una sobredosis. Fue la primera muerte extraoficial de los juegos.

 

—Pobre sujeto —manifestó arrastrándolo fuera del local—. No lo dejaré pudrirse aquí, sería problemático, buscaré un sitio para enterrarlo.

 

Toparse con cadáveres era común en su día a día, Gensuke a simple vista se asemejaba a un hombre de negocios, sin embargo, era más que eso. Sabía lo que eran el hambre, la guerra y la miseria. Superó las adversidades de haber nacido en el lugar más peligroso del mundo, luchando como guerrillero para diferentes bandos, utilizando a quien fuera para escalar y salir adelante. Su presente era su mayor triunfo, la cima a la que apostó. Ser prisionero o no de la voz, no le importaba, estuviera donde estuviera, sus habilidades de sobrevivir destacarían y disfrutaría de cualquier desafío que lo pusiera a prueba.

 

Eligió enterrar el cuerpo en un descampado. Cavó un hueco profundo. Antes de lanzar el cadáver, revisó los bolsillos, por si encontraba una pertenencia del difunto que le fuera útil.

 

—Veamos si tienes tu objeto personal contigo. —En el bolsillo del pantalón tocó un anillo y lo extrajo. Lo observó, destacando el retrato de una dama tallado en la parte superior de la joya—. ¿Qué significa ese rostro?

 

El perfil no era estéticamente agradable, la longitud de la boca era más extensa de lo normal y si prestaba atención, podía diferenciar que parecía cerrada por líneas muy finas. En cuanto al cabello, varios mechones lacios le tapaban los ojos.

 

Lo que Gensuke no sabía, era que estaba frente a una importante pista, escondida en un objeto personal otorgado por la voz al fallecido. Una pista crucial para conocer la apariencia del siguiente monstruo.

 

Transcurriendo tres días, el plazo de la estadía en el pueblo se venció.

 

La voz los convocó a la plaza principal a media noche, interrumpiendo el sueño de la mayoría de los jugadores. Ninguno podía oponerse a la voluntad de aquel ser desconocido, sabían que aplicaría una sanción y los obligaría a cooperar, tal y como había hecho desde el inicio.

 

—Bienvenidos, jugadores. Espero que esta estadía les haya servido para recuperarse. Por favor, no teman al próximo juego, estoy seguro que este les resultará revelador. Las propuestas que elaboro son para despertar lo más profundo de su ser, su naturaleza desconocida, si es que lo podemos llamar naturaleza. En este largo camino presenciarán muchas facetas de sí mismos. Será interesante acompañarlos en su camino de descubrimientos, sin embargo, este juego será clave para alguien en particular. El que refleje sus propias pesadillas y sepa confrontarlas, hará florecer su voluntad de seguir viviendo, y tendrá la respuesta que le servirá al resto.

—¿Quieres decir que sólo un jugador podrá darle fin al juego? —preguntó Ryu.

—Los humanos eligen a un líder, una figura que los represente, que responda con sus acciones a las ideologías de una comunidad. Hoy harán lo mismo para avanzar, deberán escoger a un jugador que les asegure el triunfo.

—¡Pero apenas nos conocemos! ¡Ninguno de nosotros se había visto antes de llegar aquí! —protestó Rena.

—Votamos por representantes que ni siquiera conocemos. Les damos un voto de confianza... todo el tiempo lo hemos hecho —dijo Nishimura, entendiendo a lo que se refería la voz.

—En este juego deberán desafiar otro aspecto de su naturaleza, la confianza en seres de su misma especie. Atravesarán un cementerio de criaturas hacia un castillo. Cuando lleguen la sangre de la bondad prevalecerá, así y sólo así, la mujer al final del camino se dormirá.

 

Los comentarios sobre la mujer mencionada se esparcieron, el juego anterior tuvo como enemigo a un lobo gigante, oír que hallarían a una persona, los hizo suponer que realmente había humanos involucrados en el secuestro. ¿Quién haría algo así? ¿Qué trucos utilizaron para crear un lobo de esas características?

 

—¿Cómo la derrotamos? —preguntó Rounin sin saber hacia dónde mirar. Ese ser todopoderoso continuaba oculto de la vista de sus prisioneros.

—El dueño de la pesadilla lo hará —afirmó Nishimura con acierto.

 

Todos intercambiaron miradas, no tenían claro si debían escoger por votación al representante, o serían obligados a tomar una decisión en base a lo que pasara en el trayecto.

 

—Sigo manteniendo mi postura de que los humanos enfrentan los temores cuando estos se vuelven realidad. Recuerden que todos comparten el flujo del tiempo corriendo por sus venas, tienen el mismo inicio al momento de nacer, pero es ese individuo invisible del destino, el que los posiciona en estándares diferentes. Les deseo la mejor de las fortunas.

 

Finalizada la explicación, los relojes mostraron las brújulas y juntos caminaron al lugar indicado. El bosque nebuloso que rodeaba el pueblo se fue convirtiendo en una zona despejada a medida que avanzaron. Los árboles se volvieron flacos, resecos y negros, en cambio, el cielo oscuro se tiñó de un color violeta. El césped fue reemplazado por un campo de cenizas, pareciendo que un enorme incendio arrasó con todo. Todo menos unos inmensos huesos clavados en el suelo. A simple vista notaron la silueta de un par de costillas. Más tarde visualizaron cráneos de alguna exótica criatura, con cuernos en las sienes y el hocico puntiagudo.

 

De repente, un temblor en el suelo los alertó.

 

—¡¿Qué está pasando?! —exclamó Hideo perdiendo el equilibrio.

 

Shiori se agarró la cabeza pensando en los cuentos que le contaba a su hermano menor, allí se escondía la respuesta que requería para sobrevivir. No estaba equivocada en asumir que desconocía la totalidad de las historias, había acertado con “Los tres cerditos”, nada aseguraba que sucedería de nuevo.

 

—¡La maldita voz nos mintió! ¡Sí habrá un monstruo! —temió Hideo, viendo cómo los huesos se reunieron formando el esqueleto de un enorme dragón.

—¡Debemos apresurarnos! ¡Todos corran a donde indique la brújula! —ordenó Ryu.

 

Los jugadores corrieron desesperados, sin importarles quién se los ordenaba. Rena ayudó a dos mujeres que quedaron atrás. Ryu también retrocedió y cargó a una mujer de avanzada edad sobre su espalda.

 

El monstruo extendió sus esqueléticas alas emprendiendo vuelo sobre los jugadores.

 

—¡Veo un castillo! —notificó Gensuke tomando la delantera.

 

Se encontraba sobre una llanura, totalmente negro al estar carbonizado, pero manteniéndose intacto por su resistente estructura. El dragón voló aún con mayor velocidad, alcanzando a los más lentos. Movió su larga cola destrozando los frágiles cuerpos de los humanos en un único movimiento. La desesperación aumentó drásticamente.

 

La puerta del castillo se abrió, entonces una tabla de madera cayó ocasionando un ruidoso estruendo. Esta sirvió como puente para que cruzaran sobre un río caudaloso repleto de ratones muertos que flotaban arrastrados por la corriente proveniente del norte.

 

—¡No puedo, no puedo! —Una adolescente retrocedió espantada por los ratones cuyos cuerpos estaban en descomposición, les faltaban piel o miembros, y tenían filosos dientes que sobresalían manchados con sangre. El movimiento del agua los juntaba debajo de sus pies, por lo que aunque pudiera pasar sobre el puente, imaginaba que subirían.

—¡Apresúrate! —exclamó Shiori animándola a que cruzara.

—¡No puedo pasar sobre ellos! ¡Les tengo fobia! —Se paralizó colocando las manos sobre su rostro.

 

Shiori vio la imagen de su hermanito. Si estuviese vivo, seguramente tendría la misma edad que ella.

 

La chica se veía tan indefensa, vestida con un hermoso atuendo rosado, como el de una princesa. Tenía dos coletas y el cabello de una tonalidad similar al predominante en su ropa. Shiori no pudo abandonarla, tenía que ayudarla. Regresó y la cargó en sus brazos. Lo delgado del cuerpo la ayudó a llevarla trotando lo más rápido que pudo. La pequeña perdió un zapato. Nao, quien iba detrás, tropezó con él, cayendo sobre uno de sus pies, lo cual provocó que se torciera el tobillo.

 

El sonido de la caída alertó a la chica maid.

 

—¡Señora Nao!

 

El dragón descendió en picada atraído por ellas.

 

—Vas a tener que seguir sola, la señora Nao me necesita. Prométeme que serás valiente —le dijo a la chica depositándola en el suelo.

—… ¡Lo intentaré! —La niña reunió fuerzas sollozando, levantándose entre tambaleos para ingresar al castillo.

 

Shiori regresó a auxiliar a Nao, intentó cargarla como lo había hecho anteriormente con la niña, pero la mujer adulta pesaba más. No pudo hacerlo, sin embargo en su tercer intento, Nishimura intervino y lograron cruzar el puente.

 

Luego de que la mayoría llegara al castillo, Rounin se quedó en la entrada a mirar lo que haría el dragón, le intrigaba saber qué sería lo siguiente.

 

La criatura se quedó del otro lado del río, sentado sobre la larga cola que se fue desarmando de a poco. Los huesos volvieron a enterrarse en las cenizas.

 

El jugador salió al exterior después de comprobar que era seguro. Miró el río y entre dos rocas halló el cadáver de un hombre desconocido. El brazo derecho se movía intentando seguir la corriente mientras la otra mitad del cuerpo estaba atorada en la zona rocosa. Tenía varios huecos en su cráneo por donde se notaban ratones habitando allí. Se preguntó de dónde salió y miró la dirección de la corriente. Avistar a un cadáver no perteneciente al grupo, le resultó sospechoso, la curiosidad lo superó.

 

Descendió sobre las rocas, no eran aguas profundas, apenas llegaban a centímetros de sus piernas. Caminó unos pasos ignorando los ratones muertos que tanto aterraron a los demás jugadores y la suciedad del agua aparentemente putrefacta.

 

Desde lo alto, Gensuke se sentó sobre la madera aconsejándole:

 

—No sobrevivirás si sigues siendo curioso.

 

Rounin lo miró sin decir ni una sola palabra en respuesta, su comentario lo puso de mal humor.

 

 

—¿No te gusta que se preocupen por ti? Una linda dama rubia me pidió que viniera a buscarte.

 

De pronto, las aguas se agitaron, comenzaron a subir cubriendo el torso de Rounin. Gensuke liberó una carcajada por la corta exploración que había logrado. Rounin fue obligado a abandonar el río. Trepó las rocas ágilmente y salió. Mientras, el cadáver del misterioso desconocido siguió su recorrido.

 

Una vez todos estuvieron dentro del castillo, la puerta se cerró.