El Renacer de un Guardián

Capítulo 1: El dolor tras la guerra

En la sala de operaciones de defensa del castillo del reino de Evimería, el rey había mandado reunir a los altos cargos de la Guardia Real.

 

Cuando las puertas se abrieron, entró el comandante Takeo, quien estaba encargado de adiestrar y dirigir a todas las tropas del reino.

 

Era un hombre de 37 años de edad, de cabello negro y con una barba bien arreglada, ojos verdes y rostro de apariencia algo ruda, atractivo a los ojos de muchas mujeres; su cuerpo tenía buen porte y musculatura, era la mejor apariencia que podía tener un comandante del ejército; llevaba puesta la armadura plateada típica de los Guardianes, junto con dos espadas sujetas a su cinturón, a ambos costados de la armadura.

 

Detrás de él, entró el oficial encargado de las defensas de los muros; al entrar, vieron al rey junto al oficial a cargo de las brigadas de vigilancia y reconocimiento.

 

El rey Daichi, era un hombre de 84 años, de cabello blanco y una larga barba que lo hacía parecer un poco mayor; tenía ojos cafés y un rostro con una expresión amable; su cuerpo no era muy robusto, pero estaba en muy buena forma. Iba vestido con una gabardina azul oscuro que le llegaba hasta las rodillas, pantalón azabache, y botas de cuero negro; también llevaba un cinturón marrón que sostenía una espada en su costado, aparte de algunos colgantes de cota de malla, que caían por detrás y por enfrente del cinturón; además de esto, también traía las prendas reales, que eran una capa negra con pelaje negro alrededor del cuello y la corona del rey.

 

Tanto el rey como el oficial de la brigada de vigilancia, estaban junto a la mesa de estrategias, el rey se encontraba a la izquierda de la mesa y el oficial de espaldas a la puerta.

 

—¡Buenos días, señor! —saludó Takeo mientras entraba en la sala y se posicionaba al lado de ambos.

—Buenos días comandante. Oficial… —saludó el rey asintiendo con la cabeza tras ver al oficial de defensa.

 

Al terminar de acomodarse, se irguieron en una posición firme y voltearon a mirar al rey; entonces, este les habló en un tono serio.

 

—Los llamé para discutir un problema de suma importancia.

—¿Cuál es la situación? —preguntó Takeo.

 

El rey miró al oficial de la brigada de vigilancia haciéndole una seña para que pusiera a los demás al tanto de la situación.

 

—Enviamos a la brigada V de reconocimiento hacia el oeste pasando las montañas, lugar donde los mercaderes decían haber visto posible actividad de los Sin alma. —El oficial miró fijamente al comandante y luego le dijo con un tono algo alarmante —: Hace dos días que debieron haber vuelto, no tenemos noticias sobre ellos y no hemos podido entablar comunicación usando energía espiritual.

 

Takeo miró con preocupación por la ventana hacia las montañas y se quedó en silencio por un momento.

 

—¿Crees que hayan muerto? —preguntó al voltear a mirarlo fijamente.

—Viendo la situación, y que nos han enviado reportes de heridos llegando a los pueblos cercanos… Lo más probable es que el pueblo que vigilaban fuera atacado, intentaron ayudar y murieron en batalla —dijo lamentándose con una mirada hacia afuera de la ventana.

 

El comandante guardó silencio por un momento y luego miró al rey.

 

—¿Qué piensa al respecto, señor?

—Está claro que el enemigo está preparando un ataque. De no ser así, los ataques a los pueblos no habrían aumentado... Samuru está creando más soldados para empezar con la guerra.

 

Bajo un pequeño silencio de lamento, el ambiente cambió y se puso tenso, la ira los invadió lentamente, pues sabían que una guerra se aproximaba y que posiblemente se perderían muchas vidas.

 

—Ya hace 10 años de la última gran guerra, la cual causó que mi esposa terminara enferma por culpa de la maldición de los Come hombres… Esa maldita enfermedad que te drena la energía espiritual hasta la muerte… —dijo el rey mientras apretaba su puño con ira y miraba su anillo de matrimonio.

—Muchos cayeron por culpa de esa enfermedad...

—Así es comandante, no podemos permitirnos otra tragedia como esa. Perdimos a muchos pueblos y otros imperios cayeron; si no fuera por la magia de sanación, más personas habrían muerto y también mi esposa, aunque… ya no le queda mucho tiempo, las secuelas de la guerra la dejaron muy débil y el tratamiento no ha hecho efecto… Nuestra hija, Aiko… es la única heredera, y ya que en Evimería la máxima autoridad es la reina, ella es la que tendrá que tomar el mando cuando cumpla los 18, que será en unos meses. No creo que esté preparada para enfrentar una guerra estando tan joven, pero aun así, Aiko es la hija de mi esposa… así que estoy seguro de que encontrará la manera de afrontar esta situación.

 

El comandante se acercó al rey y puso su mano sobre su hombro, luego le dijo con una expresión de confianza en su rostro:

 

—La princesa es muy hábil con casi todos los tipos de magia, es buena estratega, ya ha estado en combate real a pesar de su edad y tiene el apoyo de todo el reino. Estoy seguro de que encontrará la manera de ganar esta batalla.

 

El rey puso su mano encima de la mano del comandante.

 

—¡Gracias comandante! —le dijo con una ligera sonrisa.

—¿Cuál es el siguiente paso? —preguntó el oficial a cargo de las defensas de los muros.

 

El rey se irguió firme, luego cruzó los brazos, tocó su barbilla con su mano y miró el mapa que se encontraba en la mesa.

 

—Aumenten las defensas, refuercen los muros, protejan la entrada sur y preparen los mecanismos de defensa. Hagan los preparativos para evacuar a los pueblos de los alrededores, comiencen la recolección de suministros y protejan los canales de agua. Avisen a los reinos cercanos que aún quedan en pie, de que una guerra se aproxima… Comandante Takeo…

—¿Sí, mi señor?

—Aumenta el nivel de adiestramiento de las tropas, haz una revisión de los equipamientos, abre las vacantes para los Guardianes y escoge a los mejores. Esta vez no podemos permitirnos tantas muertes.

—¡Como ordene, mí señor!

 

El rey volteó a mirar a los demás.

 

—¡¿Han entendido?!

—¡¡Sí, mi señor!! —respondieron todos.

—De acuerdo, pueden retirarse.

 

Los altos cargos de la Guardia Real salieron de uno en uno de la sala mientras el rey caminaba hacia la ventana con vista a la puerta sur. Al llegar al borde de la ventana, miró a la ciudad y hacia al horizonte mientras pensaba en su esposa e hija.

 

—¡Confío en ti Aiko! —exclamó con voz baja y con su rostro en alto.

 

 

El comandante Takeo caminaba junto a los dos oficiales por el pasillo mientras se dirigían hacia afuera del castillo, en eso, se encontraron con una hermosa chica que salía del comedor principal: su cabello era largo y blanco con las puntas negras, con un mechón negro a la derecha del rostro; sus ojos eran de un escarlata brillante como los de la reina; y su cuerpo, que se adivinaba bien proporcionado sin ser muy prominente, se ocultaba debajo de la armadura plateada con detalles dorados y una capa roja; también portaba al costado su espada.

 

Al verla, Takeo la saludó mientras él y los dos oficiales se inclinaban levemente haciendo una señal de reverencia.

 

—¡Princesa Aiko!

 

La chica, al oírlo, volteó a mirar y se detuvo frente a ellos.

 

—¡Oh! Hola chicos. ¿Vienen de hablar con mi padre?

—Así es.

 

Los oficiales miraron al comandante y uno de ellos apoyó su mano sobre su hombro.

 

—Nosotros nos adelantamos… ¡Que tenga un buen día princesa!

 

Takeo asintió con la cabeza mientras los dos oficiales seguían con su camino y se despedían de la princesa moviendo su mano.

 

La princesa los miró con una sonrisa mientras también movía su mano despidiéndose.

 

—¡Nos vemos luego!

—¿Qué hacías en el comedor? —preguntó Takeo.

 

La chica dejó de despedirse y volteó a mirar nuevamente al comandante.

 

—Una de las sirvientas me estaba diciendo, que uno de los cargamentos no llegó por un derrumbe que hubo en el camino hacia Pediáda, así que me dirijo hacia allí para solucionar el problema.

—Mmm… Claro, eres usuaria de magia de tierra, un derrumbe no es nada para ti… Aun así…

—¿Ocurre algo? —preguntó la princesa mientras inclinaba levemente su cabeza y miraba a Takeo con detalle.

 

Takeo la miró y le respondió con un tono más serio y algo preocupado.

 

—Nos han llegado reportes de pueblos siendo atacados por los Sin alma y no hemos recibido noticias de la última brigada de reconocimiento… La situación se está complicando. Así que… ten mucho cuidado.

—Así que de eso hablaban con mi padre… ¿Crees que está a punto de comenzar otra gran guerra? —le preguntó algo inquieta y preocupada.

 

Takeo la miró y  le respondió con un tono esperanzador.

 

—Espero que no, aunque hay que estar preparados. Al final esta guerra tiene que terminar en algún momento.

 

La princesa agachó la cabeza mientras flexionaba su brazo derecho y miraba el brazalete que le había regalado su madre, incrustado en su armadura, recordándola a ella junto con las tragedias de aquella guerra.

 

—Ya veo…

 

En eso, una de las sirvientas de la princesa entró al salón y se acercó a ellos. Luego le habló a Aiko con un tono calmado y elegante.

 

—Señorita Aiko, su caballo ya está listo. 

 

Aiko volteó a mirarla.

 

—¡Gracias Alice! —Miró de vuelta al comandante mientras Alice la esperaba—. No te preocupes, tendré cuidado. Me tengo que ir… ¡Cuídate!

—¡Igualmente!...

 

La princesa se dirigió a donde estaba Alice luego de despedirse. Takeo se inclinó en señal de reverencia despidiéndose de la chica y se dirigió nuevamente hacia el cuartel.

 

—¿Ya está todo listo?

—Sí, señorita Aiko.

—Entonces vamos…

 

Las dos chicas caminaron juntas hacia la salida trasera, donde se encontraba el camino hacia el establo.

 

—¿Segura que no desea que la acompañe?

—No te preocupes Alice, ya te había dicho que iría sola, quiero que te encargues de organizar las labores que puedan llegar, eres la persona en la que más confío, así que te dejo a cargo mientras no estoy. Con mi madre en cama, no puedo dejarle todo el trabajo a mi padre.

 

La princesa se detuvo y volteó a ver a Alice mirándola a los ojos: estos, eran de un hermoso color azul rey que contrastaba con el negro de su corto cabello; su cuerpo, era similar al de Aiko tanto en altura como en proporciones, con la única diferencia de que su rostro se veía más maduro y elegante a pesar de tener 19 años; además, iba vestida con un traje de sirvienta en colores negro y blanco. Mientras Aiko sujetaba la mano de Alice con ambas manos, le preguntó con un tono dulce:

 

—Así que… ¿Me harías ese favor?

—¡Jum!… Sí que te gusta ponerme más trabajo del que ya tengo —contestó Alice con un ligero tono de reproche.

—Tranquila, te lo recompensaré —dijo Aiko convenciéndola.

—Eso espero…

 

La princesa volteó hacia al frente nuevamente y las dos chicas continuaron su camino.

 

—¿Qué quieres a cambio?... ¿Un día libre? ¿Un regalo?... —le preguntó mirándola de reojo.

—Quiero una nueva armadura. 

—¡Jooo!… ¿Le sucedió algo a la que tienes?

—Ya está bastante desgastada, y como sirvienta de la princesa, tengo que estar lo más preparada que pueda, aparte de lucir a su altura.

—Humm… Si eso es lo que quieres, está bien, te daré una armadura. Avísale entonces al herrero para que comience a fabricarla.

—De acuerdo… ¡Gracias alteza!

 

Entonces las dos chicas entraron en la zona del establo, donde se encontraba el caballo de la princesa equipado con una armadura y otros dos caballos de los soldados de la Guardia Real que actuarían como escoltas de la princesa camino al pueblo.

 

La princesa saludó al hombre que estaba encargado de cuidar y adiestrar a los caballos de la Guardia Real.

 

—¡Buenos días Satoshi!

 

Este era un hombre de unos 47 años, barbado, de cabello negro, ojos cafés, con una vestimenta sencilla de campesino y unas botas, de gran estatura y de apariencia ruda.

 

—¡¡Princesa Aiko!!... Qué bueno verla de nuevo. Ha estado perdida por aquí últimamente.

—Sí, no he tenido asuntos fuera del reino, así que no había venido al establo… También he estado ayudando a los ciudadanos con el tema de los comerciantes así que estuve ocupada unos días.

—Así que era eso… Con lo de los ataques a los pueblos y los saqueos a los mercaderes, la gente estaba un poco alterada, no me imagino lo que tuvo que pasar para tratar con ellos.

—Bueno, afortunadamente las personas del reino suelen escucharme, así que no hubo gran problema con eso. En fin… Me tengo que ir, fue un gusto haberte saludado, me voy ahora mismo porque no quiero que nos caiga la noche en el camino de regreso.

—Igualmente princesa, vaya con cuidado.

—Lo haré… Nos vemos en unas horas. Adiós Alice, te encargo el castillo.

—¡Adiós señorita Aiko!

 

La princesa dio media vuelta y subió a su caballo, en eso miró a los soldados que la acompañarían y les hizo una seña.

 

—¡Chicos, nos vamos!

 

Los escoltas subieron a sus caballos y los tres se dirigieron a la puerta de salida. La princesa le hizo una señal al guardia para que abriera la puerta, luego salieron del establo y los tres se dirigieron a la entrada sur.

 

A medida que avanzaban, salieron del castillo y entraron a la calle principal del reino, una zona muy transitada con muchos lugares de comercio. Las personas se apartaban al ver que la princesa iba pasando. Todos sentían admiración por ella, pues era la persona más amada por todos en el reino y a la que le tenían más respeto, ya que era una chica hermosa, amable, bondadosa, humilde y la maga más hábil después de la reina.

 

Entre halagos y saludos, la princesa llegó a la puerta sur, la cual se encontraba incrustada entre las murallas de aproximadamente 30 metros de altura y de 10 metros de grosor; la puerta media casi la mitad de la altura del muro y con un ancho por donde cabrían fácilmente dos carretas de carga en dos carriles diferentes, uno de entrada y otro de salida.

 

El guardia que controlaba la salida, se irguió firme y asintió con la cabeza en reverencia cuando la princesa y sus guardias iban saliendo del reino. 

 

—¡Buen viaje alteza! —se despidió el guardia.

—¡Gracias!...

 

Aiko salió del reino y miró el paisaje de las afueras de la ciudad mientras seguían cabalgando hacia Pediáda: el segundo pueblo ubicado por la ruta hacia el este del reino, pasando por el bosque, cerca de un gran lago, donde iban a pescar los comerciantes de un pueblo cercano llamado Límni, antes de ser destruido durante la última guerra.

 

Al llegar a donde se unen todos los caminos y tomar la salida hacia el este del reino, mientras se acercaban al bosque, uno de los guardias miró a Aiko y le dirigió la palabra.

 

—Princesa… ¿Ha leído los reportes? 

—¿A cuáles te refieres?

 

El guardia se acercó un poco al caballo de la princesa hasta estar a su lado.

 

—A los de los ataques hacia los pueblos más apartados.

—No… Estaba solucionando unos asuntos con los comerciantes del reino y no he tenido tiempo de leer los reportes, pero sí me contó algo el comandante. 

—Y… ¿Qué opina al respecto?

 

La princesa se quedó en silencio un momento y recordó los sucesos que habían ocurrido en las últimas décadas.

 

 

Hace más de 100 años, surgió un enemigo que amenazaba la existencia de la raza humana, su nombre era Samuru: un híbrido entre humano y ángel, autoproclamado dios del mundo, con la capacidad de usar un poder bautizado como energía espiritual, más conocido por los humanos como magia.

 

Este poder, le otorga al usuario la capacidad de controlar la materia o energía a voluntad. Aun teniendo límites dependiendo del portador, la energía espiritual se subdivide en varias ramas de control como: magia de aire, fuego, tierra, agua, protección, sanación, posesión, sigilo, potenciación, creación, rastreo, movimiento, entre otras. Y con la capacidad de crear nuevas formas de magia, limitada por la capacidad de control espiritual del portador.

 

Los reinos, vivían en armonía después de un conflicto entre los reyes más importantes del mundo, que terminó en un tratado de paz, hasta que Samuru atacó al reino de Iliolou, antes ubicado en la tierra que ahora es conocida como Archés.

 

Con uso de magia de creación, control, tierra y posesión, Samuru convirtió los cuerpos de los ciudadanos asesinados, en unas criaturas de tipo golem, de apariencia oscura y líneas moradas por su pecho, por las que fluye la energía espiritual de la magia de posesión. Tienen una altura de unos 3 metros y una figura humana robusta pero alargada; sin boca ni oídos, sólo unos ojos con la forma de la rejilla de un casco, de 5 ranuras verticales en lo que se consideraría su rostro.

 

Son criaturas con una gran sed de sangre que no muestran piedad y sentimiento alguno, con gran inteligencia a pesar de perder todo tipo de humanidad. Por esta razón fueron llamados los Sin alma, ya que todo lo que hace de un humano lo que es… fue arrebatado de ellos.

 

Tras muchos años de guerra, en la segunda gran guerra, Samuru envió otro tipo de criatura con forma de lobo y del tamaño de un león, bautizados como Come hombres. Con la función no sólo de matar a los humanos de forma más violenta, sino de esparcir un tipo de enfermedad que los despojaba de su energía espiritual, debilitándolos mágicamente y matándolos en unos cuantos años.

 

Los humanos centraron todos sus esfuerzos en parar la enfermedad con magia de sanación. Tras algunos años de mejorar este tipo de magia, lograron parar la enfermedad, pero las personas que habían sido debilitadas hasta cierto punto, no se curaban, el tratamiento solamente retrasaba su efecto, pero al final morirían en unos pocos años.

 

Después de la segunda gran guerra que trajo la enfermedad, unos 10 años después hasta la actualidad, sólo 17 reinos —de los 70 iniciales— quedaron en pie. Quedando sólo los más poderosos que habían logrado sobrevivir las 2 guerras, donde se perdieron millones de vidas.

 

 

 

—Hace 10 años que el enemigo no ha hecho un ataque directo… Llevan jugando con nosotros más de 100 años, y al parecer la tercera gran guerra está a punto de comenzar. Llevamos mejorando nuestra magia por décadas, ahora podemos controlar más de un tipo de magia por persona y hemos podido crear dispositivos de defensa activa y pasiva para las ciudades. Tenemos todo tipo de medidas para resistir un asedio de algunas décadas… Ahora más que nunca es nuestra oportunidad de acabar con esta tortura de una vez por todas.

 

Los dos guardias miraron a la princesa mientras tenían una ligera sonrisa de confianza.

 

—¡Hay que demostrar de lo que somos capaces! —dijo en voz alta uno de ellos.

—¡Así se habla! —exclamó la princesa.

 

Cuando eran las 11:15 de la mañana, la princesa y los guardias entraron en el camino que cruza el bosque. Tras unos 15 minutos cabalgando, pasaron por la entrada de Dásos: un pueblo mediano ubicado dentro del bosque, y uno de los principales exportadores de madera y gran variedad de alimentos; siendo también el primer pueblo hacia el este del reino de Evimería.

 

Siguiendo su camino, se adentraron aún más en el bosque dirigiéndose a la zona montañosa en la que está ubicado Pediáda: principal exportador de hierro y esmeralda, siendo también proveedor de otros metales preciosos y materiales como la roca.

 

Al llegar a las 12:00 del mediodía, los tres disminuyeron el paso y uno de los guardias se acercó a la princesa.

 

—¿Lo ha notado? —preguntó el guardia en voz baja.

—Sí, así es… Algo o alguien nos vienen siguiendo desde hace un rato —respondió ella en voz baja.

 

Aiko miró al guardia y le hizo un movimiento con sus dos dedos haciendo un círculo, señalándole que hiciera un rastreo de la zona en la que estaban. El guardia, mientras cabalgaba a paso lento, cerró sus ojos y activó su magia de rastreo. Al ver la zona, abrió sus ojos y se detuvo de golpe.

 

—¡Maldición! —exclamó en voz baja, sorprendido.

 

La princesa y el otro guardia también se detuvieron y voltearon a mirarlo.

 

—¿Qué sucede? —preguntó Aiko.

—¡Estamos rodeados!