El Renacer de un Guardián

Capítulo 2: El encuentro

—¡¿Qué?!... ¿Cómo que estamos rodeados? ¿Cuántos son?

—Es tal y como dije; he contado diecisiete… y son Come hombres.

—¿Come hombres? ¡Mierda! —dijo Aiko desconcertada.

 

«Estamos en un pésimo lugar para enfrentar a 17 de esas bestias, necesitamos un lugar abierto y aún nos quedan unas 2 horas para llegar a Pediáda…», pensó Aiko analizando la situación.

 

—¡Hmm!… ¡El lago! —se dijo a sí misma en voz baja.

 

En esa ubicación estaban a unos cientos de metros del lago de Límni, entre los pueblos de Dásos y Pediáda.

 

—¡Prepárense! A mi señal partiremos hacia el lago por el camino despejado que hay más adelante.

 

Los dos guardias asintieron con la cabeza.

 

—¡¡Ahora!! —exclamó la princesa.

 

Los tres comenzaron a cabalgar por el camino, hacia una zona del bosque con menos vegetación; en eso, se oyó un aullido y de los árboles salieron 9 Come hombres que se incorporaron en el camino detrás de ellos, los otros 8 iban divididos en 4 a cada lado del camino yendo por el bosque. Cuando uno de los Come hombres del camino saltó sobre uno de los guardias, la princesa rápidamente hizo salir una púa de tierra del suelo que le atravesó el pecho, protegiendo así al guardia.

 

Los tres avanzaban lo más rápido posible por el camino mientras eran seguidos muy de cerca. Cuando llegaron a la entrada del bosque, giraron hacia la izquierda y se encontraron con los 4 Come hombres que corrían de ese lado. Los guardias lanzaron bolas de fuego, mientras que la princesa les puso un muro de tierra para obstaculizar el paso.

 

—¡¡Rápido, o nos alcanzarán por velocidad!! —exclamó la princesa con voz fuerte.

 

Entonces, los otros cuatro Come hombres que corrían a la derecha del camino, se unieron rápidamente al grupo y los doce Come hombres restantes se dispersaron intentando acorralarlos. A medida que se acercaban al lago, estos les recortaban la distancia y estaban casi encima de ellos, los caballos corrían lo máximo posible mientras evitaban los obstáculos en el camino; la princesa giró su cuerpo y alzando su mano derecha, creó varios obstáculos de tierra como púas y muros, pero los Come hombres los eludieron todos con gran agilidad.

 

—¡¡Maldición, nos tienen rodeados!! —gritó uno de los guardias.

 

Los tres siguieron cabalgando por el bosque, evitando los árboles y obstáculos en el camino, hasta que vieron una zona despejada cerca al lago a su derecha.

 

—¡¡Hacia allí!! —dijo Aiko con voz fuerte mientras señalaba el lugar.

 

Los tres giraron hacia la derecha y se dirigieron rápidamente a la zona despejada. Tras salir del bosque, la princesa creó un gran muro de tierra para obstaculizar nuevamente el paso de los Come hombres, pero uno de ellos logró alcanzarlos; este avanzó y pudo atacar al caballo de la princesa, mordiendo su anca derecha, antes de que los guardias pudieran hacer algo, haciendo que la princesa y su caballo cayeran al suelo rodando unos metros más allá. Rápidamente, los guardias se detuvieron y regresaron, pero los Come hombres llegaron antes que ellos; uno de estos saltó hacia la princesa mientras ella veía horrorizada al Come hombres, tan cerca, que fue como ver a la muerte cara a cara.

 

—¡¡Aaaaaah!! —gritó Aiko pensando que sería su fin.

—¡¡Princesa!! —gritaron los dos guardias mientras uno de ellos se acercaba a ella con su espada y el otro preparaba un ataque de rayo.

 

De manera sorpresiva, una barrera en forma de domo cubrió a la princesa, y del bosque salió un chico corriendo hacia ella empuñando una espada larga con ambas manos, el Come hombres chocó contra la barrera y la princesa abrió los ojos sorprendida mientras observaba cómo el chico, de un solo movimiento, cortaba al lobo león por la mitad.

 

Al ver esto, el guardia detuvo su ataque, pero el otro continuó acercándose a la princesa. Las demás bestias se abalanzaron sobre el chico, pero varias ráfagas de viento en forma de cuchillas circulares los cortaron a la mitad; venían de una chica que se encontraba entre los árboles.

 

El chico rápidamente se acercó a los demás Come hombres para luchar contra ellos, y uno de estos se lanzó contra él, pero en un movimiento rápido, el chico se deslizó por el suelo y con su espada le cortó las patas delanteras, girándose mientras se levantaba para clavarle la espada en el costado; luego, otro Come hombres se abalanzó sobre él, pero este se deslizó nuevamente y logró cortarlo por la mitad desde su cuello hasta el vientre mientras aún seguía en el aire.

 

El guardia de la princesa llegó a donde ella para ayudarla. Cuando Aiko se puso de pie, atacó a los Come hombres restantes con enormes púas, atravesándolos de lado a lado y destrozándolos, acabando así con la pelea.

 

—¡Tsk!… Que maldito susto el que me hicieron pasar —dijo Aiko sacudiendo el polvo sobre su cabello.

 

El chico guardó su espada y caminó hacia ella. Luego la otra chica que estaba en el bosque también se acercó a ellos.

 

—¿Estás bien? —preguntó el chico mientras desabrochaba su capa.

 

La princesa volteó a mirarlos.

 

—Sí, estoy bien… —respondió mientras se sacudía el polvo de su capa—. Muchas gracias a los dos por salvarme, pensé que iba a morir hace un momento.

 

El chico le sonrió y luego procedió a presentarse.

 

—Me alegra que llegáramos a tiempo… Soy Akihiro y ella es…

—Ena, su hermana mayor. Es un gusto… —completó la chica.

 

La princesa miró al chico con atención: era alto, de cabello negro y ojos cafés, tenía un rostro maduro y bastante atractivo, a pesar de tener 19 años; con un cuerpo marcado y fuerte, pero no muy robusto. Llevaba una ropa sencilla de pueblerino: una camisa larga azul con las mangas recogidas y el cuello abierto, el cual dejaba ver ligeramente su pecho al descubierto y algo sudado por el calor, junto con un pantalón marrón algo holgado y unas botas de cuero; a su costado derecho, tenía un cinturón que sujetaba la vaina junto con su espada; también traía una capa con capucha de color marrón claro y con patrones de cuadros en la tela de un azul grisáceo, usada comúnmente para cubrirse del sol y la lluvia.

 

La princesa volteó a mirar a Ena: era más baja que Akihiro, pues le llegaba hasta los hombros; tenía un largo cabello negro y unos hermosos ojos morados; su rostro era hermoso y a la vez maduro, su cuerpo era el de una mujer adulta, femenino, de hermosa figura y grandes pechos. Llevaba un vestido sencillo, blanco y de manga corta, este dejaba al descubierto sus hombros y un poco de su pecho, y bajaba por su bella silueta hasta llegar un poco arriba de sus rodillas; traía uno botines azules y al igual que el chico, llevaba una capa con capucha que la protegía del sol, también de color azul.

 

La princesa miró a Ena de pies a cabeza impresionada, pues era una mujer muy hermosa.

 

—Vaya… —musitó—. El gusto es mío… Mi nombre es Aiko, soy la princesa y heredera al trono del reino de Evimería, y ellos dos son Ichiro y Naoki, soldados de la Guardia Real que me acompañan en este viaje.

—¡Gracias por salvar a la princesa! —dijo Naoki.

—Muchas gracias de verdad —agradeció Ichiro.

—No hay de qué… Es un placer conocerla alteza —contestó Akihiro.

 

Ena miró hacia otro lado algo preocupada, lo que llamó la atención de Aiko y sus guardias.

 

—¿Tú caballo está bien? —le preguntó Ena a la princesa mientras miraba al animal en el suelo sin poder levantarse.

—¡Rayos! 

 

La princesa volteó a mirar y se dirigió rápidamente hacia su caballo, al llegar a él, activó su magia de sanación sobre las heridas de su pata trasera, y así, en tan sólo unos segundos, la pata quedó curada y el caballo logró levantarse. 

 

—¡Ooh!… Puedes usar magia de curación —dijo Ena algo sorprendida, ya que pocos eran usuarios de este tipo de magia.

—Sí, así es… Ya está bien, aunque después de esa cabalgata deben estar cansados, tendremos que dejarlos descansar un poco antes de seguir.

 

Al ver la situación, Ena les hizo una propuesta.

 

—¿Por qué no vienen a nuestra casa?... Podemos darles de beber a sus caballos y de paso pueden comer algo ustedes.

—¿Estás segura? —preguntó Aiko siendo cortés.

—Claro, después de todo, no podemos dejarlos aquí ¿No hay problema verdad? —respondió Ena, a la vez que volteó a mirar a su hermano.

—No, estoy de acuerdo —concedió Akihiro.

 

La princesa volteó a ver al chico y lo miró fijamente a los ojos por un momento, Akihiro se dio cuenta y apartó la mirada algo avergonzado, Aiko miró a Ena mientras ella los miraba a los dos con curiosidad.

 

—De acuerdo, si no es ninguna molestia, aceptamos su hospitalidad.

 

Los 5 tomaron sus cosas y caminaron hacia la casa ubicada a unos cientos de metros, cerca a la orilla del lago. Al llegar, vieron una cabaña algo deteriorada, como si hubiese sido abandonada en el pasado: estaba hecha de piedra y armazón de madera, con un techo de tejas de cerámica y una chimenea; tenía dos pisos, un cobertizo a su derecha y el lago a su izquierda; también tenía un pequeño jardín al lado de la entrada y en la parte posterior de la cabaña una zona de cultivos. 

 

—¿Es aquella?... Parece un lugar bastante tranquilo —le dijo Aiko a Ena.

—Sí, así es… Es un lugar bastante tranquilo, la encontramos abandonada hace unos años. Al parecer antes era el hogar de un pescador.

—Humm… —Aiko se quedó pensando en la razón por la cual vivían tan apartado de los pueblos.

 

Al llegar a la cabaña, Akihiro entró al cobertizo y sacó un bebedero vacío para animales, luego lo llevó hasta la entrada donde estaban los caballos y lo colocó junto a la pared. Ena también entró al cobertizo, sacó dos baldes para llenar el bebedero y se dirigió con ellos al lago; de inmediato la princesa hizo un gesto y los guardias se levantaron para tomar los baldes e ir por el agua. Ena se volvió confundida, pero la princesa le dijo sonriendo:

 

—No es trabajo de una doncella cuando hay caballeros presentes.

 

Mientras los guardias llenaban el bebedero, los demás esperaban en la entrada.

 

—Iré a preparar la comida —dijo Akihiro.

—De acuerdo —respondió Ena mientras veía a Akihiro entrar en la cabaña. Después volteó a mirar nuevamente a la princesa—. ¿Quieres entrar?

—Aún no… esperaré aquí a que esos dos terminen —respondió Aiko mirando a los guardias.

—Bien, iré a preparar la mesa entonces… Los espero adentro.

 

Ena entró en la cabaña y vio a Akihiro en la cocina cortando los vegetales.

 

—¿Qué vas a preparar?

—Arroz con curry de carne, no quiero demorarlos en su viaje —respondió Akihiro mientras preparaba la olla para meterla a la leña.

 

Mientras preparaba la mesa, Ena sonrío y recordó la época cuando eran más jóvenes.

 

—Recuerdo cuando te enseñé a prepararlo… Desde pequeño te encantaba el curry de mamá y cuando aprendiste a hacerlo, lo querías preparar todo el tiempo ¡Hasta nos hiciste comer sólo eso una semana entera! Jajaja —dijo con un sentimiento de alegría y nostalgia.

 

Akihiro sonrío con una expresión nostálgica.

 

—Me hizo mucha ilusión… Tenía 8 años ¿Qué esperabas?

—Bueno, al final el curry es lo único que te queda rico —respondió Ena burlándose.

 

Se acercó a la cocina y recogió algunos utensilios para poner sobre la mesa, en eso Akihiro volteó a verla.

 

—¡Oye! Mi comida no es tan mala.

—Humm… Tienes razón, al final fui yo quien te enseñó —contestó Ena dándose un aire de arrogancia.

 

Entonces la princesa y los dos guardias entraron por la puerta.

 

—Con permiso… —dijo Aiko entrando en la cabaña.

 

Mientras Ena llevaba los utensilios para terminar de arreglar la mesa, los recibió como invitados.

 

—Sigan… Pueden dejar sus cosas en la mesa de allí y pasar al comedor, la comida estará en unos minutos.

 

Al entrar, vieron que la cabaña era muy sencilla: tenía un comedor de madera, una cocina pequeña, unas cuelgas para sus capas al lado de la puerta, una mesa multiusos, un almacén en la cocina, algunos cofres y estanterías; al fondo a la izquierda, estaban las escaleras hacia el segundo piso, donde se encontraba la habitación.

 

Tanto la princesa como los guardias dejaron sus espadas y sus guantes sobre la mesa. Después de que Ena terminara de organizar la mesa, se sentó en el comedor a esperar la comida, la princesa y los guardias hicieron lo mismo, pero Aiko notó que había seis asientos; la siguió observando la cabaña con curiosidad y le preguntó a su anfitriona:

 

—¿Sólo son ustedes dos?

—Sí… Nuestros padres murieron hace algunos años... Papá se sacrificó para que pudiéramos huir de Límni cuando fue atacado hace 10 años. Llegamos aquí con mamá, pero al poco tiempo ella enfermó... y dos años después murió —respondió Ena con una expresión triste.

—Lo siento mucho… Mi madre también contrajo la enfermedad y a pesar de los esfuerzos sólo hemos podido retrasar lo inevitable… Ya… no le queda mucho.

—Lo siento… —dijo Ena lamentándose.

 

Akihiro, que escuchaba la conversación, se lamentó agachando la cabeza mientras recordaba la imagen de cómo era masacrado su padre, y los últimos momentos con su madre.

 

El ambiente era algo oscuro, así que la princesa cambió de tema.

 

—Pero no hablemos de eso; casi me devoran, así que no quiero hacer más oscuro el día, y por cierto, ¡gracias de nuevo por salvarme!

—Fue todo gracias a Akihiro, cuando veníamos hacia la cabaña escuchamos el aullido y el decidió ir a investigar. Cuando nos acercamos y vio que una "chica linda" estaba en peligro, no dudó en ir a ayudarla.

 

Al ver que Ena trataba de molestarlo, Akihiro la llamó reprendiéndola.

 

—¡Ena!

—Je, je, perdón… —respondió Ena con una risa traviesa.

 

Al escuchar, Aiko se avergonzó un poco, a la vez que se sonrojó ligeramente y sin querer cruzó miradas con Akihiro por un momento, pero ambos se dieron cuenta y voltearon la mirada algo apenados.

 

—A parte de magia de tierra y sanación… ¿Puedes usar otros tipos de magia? —preguntó Ena con curiosidad.

—Puedo usar casi todos los tipos de magia: agua, fuego, viento, rayo, potenciación… Aunque algunas aún las estoy aprendiendo: magia de protección, rastreo, sigilo, movimiento; y no puedo usar magias muy avanzadas como las de creación, control, teletransportación y otras que solamente puede usar Samuru.

—¡Vaya!… Es impresionante.

—Bueno, mi madre es la mejor maga de Evimería; desde pequeña me enseñó todo lo que sabía, aunque ella tiene mejores habilidades espirituales que yo… ¿Y ustedes?... Hace un rato hiciste un escudo en forma de domo, es la primera vez que veo algo así, normalmente los escudos son planos.

—Yo puedo usar magia de protección, viento y fuego, pero esta última no la controlo muy bien… Desde que atacaron nuestro pueblo me he concentrado en perfeccionar la magia de protección; y mi hermano, bueno… él no puede usar magia.

 

Aiko se quedó sorprendida y extrañada, ya que nunca ha habido un humano que no pueda usar la energía espiritual.

 

—¡¿Qué?!... ¿No puede?

—Es tal y como lo oyes… No es que no aprendiera a usarla, ya que desde pequeño nuestro padre le enseñó a cómo usarla, pero él no pudo. Lo llevamos con una persona que tenía la habilidad de ver el potencial de flujo de energía espiritual y quedamos sorprendidos con la respuesta; como es bien sabido, todos tenemos una marca, que al activarla, nos crea una distinción en el cuerpo que nos caracteriza. En mi caso son mis ojos…

—Así es, la mía es mi cabello y mis ojos, y ellos dos tienen un tipo de tatuaje en el cuerpo.

—Bueno, mi hermano… no tenía ninguna marca que activar. Aun así… a pesar de no tener la habilidad que todos tienen, Akihiro no se desanimó, aunque los primeros años lo pasó bastante mal, aún era un niño cuando eso. Pero no tardó mucho en aceptarlo y desde muy joven ha entrenado para ser el más hábil con la espalda y el arco. Cuando nuestros padres murieron, puso más empeño en lo que hacía, a veces pasaba todo el día entrenando y otras veces me pedía que lo atacara con cuchillas de viento. Yo no soportaba la idea de atacar a mi propio hermano y más cuando salía lastimado, me dolía en el fondo porque sabía que lo hacía para protegerme. Él sabía cómo me sentía, así que dejó de pedirme aquello, aun así… él sigue intentando mejorar su técnica cada día —contó Ena mientras recordaba esos momentos en los que veía a su hermano entrenando por varias horas todos los días.

 

Akihiro, que había escuchado toda la conversación, se acercó a Ena y acarició su cabeza suavemente.

 

—Juré protegerte…

—Aun así, te exiges demasiado —contestó Ena.

 

Akihiro la miró con ternura.

 

—Es el precio que tengo que pagar por ser diferente… Realmente no pienso perderte como perdí a mis padres.

«¡Maldición!... Se ve tan genial», pensó Aiko mientras miraba a Akihiro.

 

Ena tomó la mano de Akihiro y la puso sobre el lado izquierdo de su rostro mientras cerraba sus ojos.

 

—Idiota… Te he dicho miles de veces que estaré contigo hasta el día de tu muerte. Deberías confiar más en tu hermana.

 

Akihiro sonrío.

 

—Sí, sí, como tú digas… Ya está lista la comida, ¿me ayudas a servir?

—De acuerdo.

 

Ena se levantó y ambos fueron hacia la cocina a servir la comida mientras Aiko y los dos guardias se quedaron algo incómodos y curiosos, pues acaban de ver un momento algo "romántico" entre hermanos.

 

—Creen que… —insinúo Naoki.

—Mmm bueno, hay muchas parejas de hermanos, no me sorprendería, pero no lo sé con certeza —dijo Ichiro.

—Humm… —Aiko se quedó pensando en la posibilidad de que hubiese algo entre ellos dos.

 

Akihiro y Ena llegaron con la comida y pusieron un plato para cada uno.

 

—¿Curry? —preguntó Aiko. 

—¿No te gusta? —preguntó Ena preocupada de que no le gustara.

—No, no es eso… Es sólo que, hace mucho tiempo no como curry.

—Oh, ya veo… así que era eso —dijo Ena quedándose más tranquila.

—No es muy común encontrarlo en el reino —comentó Ichiro.

—Así es, la mayoría lo hemos probado en los pueblos de las afueras —complementó Naoki.

 

La princesa tomó una cucharada de curry y la llevó a su boca, saboreándolo lentamente.

 

—¡Mmm! ¡Delicioso! —dijo sorprendida con lo sabroso que estaba a comparación de los que había probado antes.

 

Ichiro agradeció por la comida y llevó una cucharada a su boca.

 

—¡Es verdad, está muy rico!

—Mmm… ¡Guau! A pesar de ser un platillo muy simple, tiene un sabor especial —comentó Naoki.

 

Akihiro y Ena también se sentaron a comer con ellos mientras miraban la reacción de los tres.

 

—¡Gracias! Me alegra que les gustara —dijo Akihiro.

 

Los 5 continuaron comiendo mientras hablaban sobre la situación del reino y un poco sobre ellos mismos.

 

—¡Muchas gracias por la comida!… Como les decía. La situación con el enemigo ha ido empeorando, varios pueblos han sido atacados y todo apunta a que muy pronto comenzará una tercera gran guerra —comentó Aiko algo preocupada tras terminar de comer.

 

Ena se quedó en silencio por un momento mientras volteaba a mirar a su hermano, el cual tenía una expresión algo enojada mientras miraba la mesa.

 

—Me gustaría pagarles por la ayuda que nos han dado hoy, y viendo la situación tan tensa por la que estamos pasando… ¿qué les parece si se mudan al reino? —les propuso Aiko, pensando en el peligro que podían pasar cuando la guerra comenzara—. Yo puedo conseguirles un hogar y ayudarlos a que se acomoden, encuentren un empleo y pues se les dará una recompensa económica por salvarme.

 

Ena la miró algo dudosa.

 

—Mmmm… Llevamos mucho tiempo aquí y nunca hemos estado en el reino, no sé si encajaríamos allí después de vivir en un lugar tan apartado y tranquilo.

—Entiendo, pero en eso los podríamos ayudar… Además… si llega a empezar una guerra, en este lugar están muy expuestos al peligro, todos los pueblos serían evacuados y ustedes serían los únicos fuera de los muros.

 

Ena se quedó analizando por un momento lo que le decía la princesa.

 

—Tienes razón… Déjanos pensarlo.

 

La princesa y los dos guardias se levantaron del comedor.

 

—De acuerdo, cuando quieran pueden pasar por el reino, si deciden mudarse los ayudaremos con los preparativos y si no pues… les daremos alguna otra compensación que deseen —respondió Aiko con un tono más animado—. Nosotros nos vamos, aún tenemos que arreglar un asunto en Pediáda.

 

La princesa y los guardias tomaron sus cosas de la mesa y salieron hacia donde estaban sus caballos, seguidos por Ena y Akihiro.

 

—Gracias por todo, fue un placer conocerlos y espero verlos pronto.

—No hay de qué, el placer fue nuestro, princesa Aiko, que tengas un buen viaje…

—Gracias, Ena.

—Adiós alteza… —se despidió Akihiro.

—Adiós, espero y nos veamos pronto… —dijo Aiko mirando a Akihiro a los ojos—. A-a los dos, m-me refiero a los dos, jejeje… —agregó mirando nuevamente a Ena, pensando en que podría haberle molestado el comentario.

 

Los tres subieron a sus caballos y partieron hacia Pediáda mientras se despedían de los dos hermanos moviendo la mano.

 

—Heeee… Parece que le llamaste la atención a esa chica… —dijo Ena mientras miraba a su hermano.

—¿Eh? ¿Qué cosas dices?... Vamos para adentro mejor, aquí hace calor —respondió Akihiro evadiendo el tema mientras se dirigía hacia dentro de la cabaña.

 

Ena lo siguió y ambos entraron en la cabaña después de que la princesa y los guardias se adentraron en el bosque.

 

 

Mientras la princesa y los guardias seguían con su camino, a la distancia, desde la copa de un  árbol, un hombre de gran altura los observaba agachado, ocultándose con magia de sigilo y presencia.

 

—¡Tsh!... Malditos pueblerinos, si tan sólo no hubieran intervenido.

 

El hombre desactivó su magia de sigilo, haciéndose visible y luego se puso de pie sobre el árbol.

 

—¡Sotoomiru!... —dijo comunicándose mentalmente con alguien.

—¿Sí, mi señor? —respondió una voz femenina dentro de su cabeza.

—El plan falló. Así que mantente al tanto de cualquier movimiento del reino.

—¡Como ordene, mi señor!

 

Al terminar de comunicarse, aquel hombre se quedó mirando a la princesa a lo lejos, con su visión atravesando los árboles como si éstos fueran invisibles.

 

—Voy a tener que matarte de otra manera…