El Renacer de un Guardián

Capítulo 3: La trampa

Después de salir de la casa de Akihiro y Ena, la princesa Aiko y sus dos guardias, Naoki e Ichiro, se dirigieron hacia Pediáda para abrir el camino bloqueado por el derrumbe que había ocurrido el día anterior.

 

Tras unas dos horas cabalgando, los tres llegaron a la zona del derrumbe, allí se encontraban algunos habitantes del pueblo que trataban de destapar el camino. El muro de escombros media unos 8 metros de alto y el paso hacia el otro lado era imposible. La princesa se detuvo y bajó de su caballo mientras uno de los habitantes se acercaba a donde ella.

 

—¡Princesa Aiko! Es un honor tenerla por aquí.

—Buenas tardes señor…

—¡Jun! —respondió el hombre.

—Señor Jun… ¿Me podría decir cuál es la situación?

—Sí, por supuesto… El día de ayer se derrumbó aquella colina cuando una caravana de mercaderes se dirigía hacia el reino y uno de ellos no logró pasar, pero afortunadamente no le ocurrió nada. Cuando nos llegó la noticia, varios de nosotros vinimos a ayudar, pero la pila de escombros era muy alta, al principio tenía unos 15 metros quizás. Pasamos parte de la tarde de ayer y en la mañana de hoy ayudando a quitar los escombros, pero pues… ya puede notar que aún nos falta bastante.

—Ya veo… ¿Le podrías decir a los demás que por favor se aparten de los escombros?

—¡S-sí, por supuesto! Ya voy a decirles. —El hombre se acercó a los escombros y llevando sus manos a ambos lados de su boca les gritó—. ¡¡Heeey!! ¡¡La Princesa les pide que se aparten de los escombros!!

 

Al oírlo, las personas comenzaron a bajar de los escombros y a alejarse de estos; después, con magia de protección, Aiko creó unos escalones hasta la cima de la colina donde había ocurrido el derrumbe y subió para tener una mejor vista del desastre. Al llegar arriba, se dio cuenta de algo que la dejó desconcertada.

 

—¿Uh?...

«Esto es… roca sólida», pensó.

 

Aiko se acercó al borde y miró más detenidamente.

 

—Estas marcas…

 

El borde no presentaba ningún indicio de desprendimiento ni de deslizamiento, si no que era como si una parte de la colina hubiese sido arrancada o separada de forma precisa.

 

—¿Pero qué…? —dijo Aiko en voz baja sorprendida.

 

Al poner su palma sobre el suelo, pudo sentir un ligero rastro de algo que desconocía. Se levantó, alzó sus manos en dirección a los escombros y usando magia de tierra, levantó los escombros y los puso al lado del camino colocándolos de forma pareja sobre el suelo. Mientras las personas de abajo se sorprendían y agradecían la ayuda, Aiko se quedó en silencio con una expresión seria, analizando todo lo que había ocurrido a lo largo del día.

 

—¡Tengo que ver a mi padre! —se dijo a sí misma.

 

La princesa bajó de la colina y Jun se le acercó para agradecerle.

 

—¡Muchas gracias princesa Aiko! No sé cuánto más habríamos tardado quitando todo eso… Es usted muy hábil con la magia.

—No hay de qué… Es mi trabajo como princesa estar al pendiente de cualquier problema que afecte a los habitantes de Evimería.

—Me alegra saberlo.

 

Tras responderle a Jun con una sonrisa, Aiko volteó a mirar a sus guardias con una expresión seria.

 

—Tenemos que volver al reino de inmediato… Tengo que hablar con mi padre.

—¿Ocurre algo? —preguntó Ichiro.

—Cuando lleguemos los pondré al tanto.

 

La princesa se despidió de los habitantes de Pediáda y subió a su caballo partiendo de regreso al reino.

 

 

Durante el camino de regreso, el ambiente era algo tenso, pues la princesa se veía preocupada por algo que no quería contar y estuvo en silencio durante todo el trayecto. Cuando comenzaba la puesta de sol, ella y los guardias llegaron a las puertas de la muralla.

 

—¡Bienvenida de vuelta, princesa!  —saludó el guardia que controlaba la entrada al reino.

—Avísale a mi padre y al comandante que necesito tener una reunión con ellos ahora mismo —le dijo Aiko con un tono de urgencia.

—¡Cómo ordene!

 

El guardia fue rápidamente con uno de sus compañeros, para darle la orden de que informara al rey sobre la petición de la princesa.

 

Tras varios minutos de su llegada, la princesa entró por la puerta de la sala de operaciones junto con sus dos guardias, después de haberle dejado los caballos a uno de los guardias del castillo.

 

Adentro de la sala, se encontraba su padre esperándola.

 

—¿Aiko, qué sucede? ¿Por qué nos llamaste? —preguntó el rey.

—Padre… ¿Dónde está Takeo? —preguntó Aiko después de mirar a ambos lados de la sala.

—Viene en camino… Pero… ¿qué sucede?

—Ya te lo contaré, pero antes necesito que Takeo esté aquí.

 

Pasado unos segundos, Takeo apareció al fondo del pasillo dirigiéndose rápidamente hacia la sala.

 

—¡Perdón por la tardanza!... Ya estoy aquí —dijo el comandante al entrar en la sala.

 

Al ver a Naoki y a Ichiro, Takeo los saludó llevando su puño al pecho y bajándolo de nuevo. Los dos guardias respondieron al saludo y Takeo volteó a mirar a la princesa.

 

—Princesa… ¿Qué tal te fue?

 

La princesa lo miró con una expresión muy seria.

 

—De eso tenemos que hablar.

 

Tras notar que algo había pasado, Takeo puso una expresión más seria en su rostro.

 

—¿Ocurrió algo? —preguntó.

 

Aiko lo miró y tomó aire antes de empezar a hablar.

 

—Mientras estábamos a mitad de camino, entre Pediáda y Dásos, confirmamos que algo nos venía siguiendo, aunque viendo lo que ocurrió… probablemente nos estaba persiguiendo desde que entramos en el bosque e hizo evidente su presencia en ese lugar a propósito; en todo caso, al darnos cuenta, redujimos el paso para rastrear el terreno y… nos encontramos con la sorpresa de que estábamos rodeados por 17 Come hombres.

—¡¿Diecisiete?! ¿En una emboscada?... —preguntó Takeo sorprendido.

—Así es… Los Come hombres normalmente atacan en grupos de máximo 7 y no tienen la inteligencia como para hacer una emboscada, así que me sorprendió mucho, tanto así, que los tres nos quedamos parados en el camino… De alguna manera logramos huir de la trampa y llevar la batalla a un lugar donde no estuviéramos en desventaja, aunque las cosas no salieron del todo bien, y si no fuera por unos habitantes de la zona que nos ayudaron, probablemente ya estaría muerta.

 

El rey Daichi dio un suspiro al enterarse del peligro que había pasado su hija.

 

—Me alegra que estés a salvo… No sé qué habría hecho si te hubiese pasado algo.

—Lo sé, no pensé en la posibilidad de que algo así pudiera pasar, en parte fue mi culpa… —dijo Aiko lamentándose.

—Habrá que recompensar a esas personas… —comentó Takeo.

—De eso me encargo yo, pero ese no es el punto que quería tratar. Luego de partir de regreso a Pediáda, al destapar el camino me di cuenta de algo… no fue un derrumbe accidental, fue causado.

—¿Causado? —preguntó Ichiro extrañado.

—Así es, lo pude notar por las marcas en la colina, los escombros eran de roca sólida, no se pueden romper fácilmente… Además, se sentía un ligero rastro de energía espiritual algo anormal, o por lo menos yo no lograba relacionarla con alguna otra —comentó Aiko mientras pensaba en las distintas posibilidades.

 

Los demás se quedaron confundidos mientras pensaban qué habría ocurrido o qué podría estar ocurriendo.

 

—¿Podría haber sido un habitante del pueblo? —preguntó Ichiro.

—No lo creo… ¿Qué ganarías bloqueando la ruta hacia el reino y los demás pueblos? Pediáda es un pueblo de alta importancia comercial, podría ser alguien de otro lugar, pero afectar a Pediáda te afectaría a ti también, seas del pueblo que seas —respondió Aiko.

—Podría haber sido alguien de otro reino —propuso Naoki.

—Difícilmente… A ningún reino le conviene entrar en conflicto con otro, estamos luchando por nuestra supervivencia, tener más o menos riquezas no te sirve de nada y más cuando estamos en medio de una alianza —respondió Daichi.

 

Todos se quedaron pensando en cuál podría ser la razón.

 

—¿Qué piensa usted, princesa? —preguntó Takeo.

—Estamos dejando de lado la emboscada y pienso que es parte clave de todo esto… Puede que me esté yendo al peor escenario, pero… creo que cabe la posibilidad de que Samuru haya creado otro ser con una inteligencia similar a la de un humano, capaz de planear una emboscada, dirigir a sus tropas y aún peor, posiblemente usar magia…

—¡¿Qué?! ¡Imposible! E-eso es… —dijo Ichiro con rechazo.

—Piénsalo: El derrumbe era un cebo para atraer gente, no mataron a los habitantes que estaban quitando los escombros, no mataron a ningún mercader tampoco, y el pueblo no fue atacado, así que Pediáda no era el objetivo; con 17 Come hombres pueden acabar fácilmente con un pueblo y aun así, Dásos no fue atacado a pesar de que estaban en el bosque, así que, con la emboscada, podemos decir que su objetivo era alguien que enviaría el reino, probablemente yo, porque se me considera la maga más hábil después de mi madre, además de ser la heredera al trono; por eso causaron el derrumbe, querían complicar la situación del reino; usaron a los come hombres porque la zona les daba ventaja a ellos… aunque, si yo era el objetivo, no sé cómo sabían que iría, siendo que este trabajo lo manejan personas del castillo con otros cargos, no la princesa —dijo Aiko analizando la situación.

—A ver… Déjame asimilarlo… —dijo Takeo mientras agarraba su frente con sus dedos —. ¿Estás diciendo que el enemigo probablemente ahora puede usar energía espiritual, a parte de Samuru?...

—Resumiéndolo: sí.

—¿Y no crees que pudo haber sido el propio Samuru?

—Samuru no necesita trucos para matar a alguien. Si él quiere mi cabeza, sabe que puede tenerla en un combate directo, él es consciente del poder que posee.

—Pero sabemos cómo actúa Samuru, a él le gusta jugar con la vida de los demás, por eso esta guerra ha durado tanto tiempo.

—Te entiendo, pero el rastro que sentí en la colina no era el de Samuru, era diferente. Este era más débil y era el rastro de una magia que desconozco. Estoy muy segura de que no era Samuru, la presencia de él se puede sentir a cientos de metros.

—Esto cambia mucho las cosas… Si el enemigo puede usar magia, será más difícil enfrentarnos a ellos —comentó Daichi.

—Aparte de que, al parecer, nos tienen vigilados… —añadió Takeo.

—Tenemos que hacer algo… No podemos dejar que inclinen la balanza a su favor otra vez —comentó Aiko.

 

Los cinco se quedaron pensando por un momento en cómo contrarrestar al enemigo ante esta situación, en eso, el rey rompió el silencio con una orden.

 

—Hay que actuar rápido… Evacuemos lo más pronto posible los pueblos y hay que poner a un grupo para que investigue cualquier actividad sospechosa de espionaje… Takeo, ¿para cuándo estarán listas las medidas de preparación?

—A partir de mañana, cuando salga el sol, todas las medidas empezarán a implementarse y en dos días comenzará el reclutamiento para los Guardianes.

—¡Perfecto! Habla con el oficial de reconocimiento para que organice un pequeño grupo de observación, También adelanta el envío del cargamento que mandara Efévresi.

—¡Sí, señor!

 

Al terminar la reunión, cayó la noche y la princesa se dirigió a su habitación. Cuando llegó a su cuarto y abrió la puerta, vio a Alice arreglando la cama y organizando el cuarto.

 

—¡Alice!... —saludó Aiko.

—Señorita Aiko, me alegra verla de nuevo… ¿Cómo le fue en Pediáda?

—Vamos al comedor a cenar y te cuento…

 

Alice terminó lo que estaba haciendo y acompañó a Aiko hasta el comedor principal, donde las otras sirvientas ya estaban sirviendo la cena. Aiko vio que en la mesa sólo estaba su comida y la de Alice, pero no la de su padre.

 

—¿Y la cena para mi padre? —preguntó Aiko mirando a la sirvienta.

—El rey me pidió que llevara su comida y la de la reina a su habitación.

—Ah, ya veo…

 

Ambas chicas se sentaron en el comedor y mientras cenaban, Aiko le contó a Alice lo que le había ocurrido en su viaje y la conclusión a la que habían llegado en la reunión con su padre.

 

—¿...Ahora usan magia? Eso sería un gran problema —comentó Alice.

—Así es, poder usar energía espiritual es lo que nos permite contrarrestar al enemigo y si este ahora también puede usar magia… nos pondría en una situación complicada.

—¿Y qué planeas hacer? En unos meses es tu coronación —preguntó Alice, preocupada por la carga que Aiko tendría encima cuando se volviera reina.

—Mi padre ya empezó los preparativos para la guerra… Yo, por mi parte, sólo debo mejorar mis habilidades y estar preparada para lo peor… Aunque viendo lo vulnerable que estuve hoy, me hace falta mucho por mejorar —respondió Aiko con impotencia por la situación en la que estuvo.

—No te preocupes, yo te voy a apoyar en todo momento.

—¡Gracias Alice!... Eres la mejor amiga que he tenido.

—Me debes una armadura… —dijo Alice haciendo reclamo con un tono exigente pero sarcástico.

—Jaja… Cierto, cierto… no te preocupes por eso, te lo mereces, tu solo mándala a fabricar que yo lo pago todo.

 

Cuando terminaron de comer, Alice se levantó del comedor y miró a la princesa.

 

—¿Todo listo, señorita Aiko?

 

Al escucharla, Aiko la miró un poco enojada.

 

—¿Qué sucede? —preguntó Alice.

—Ya te he dicho que no me digas "señorita"... Eres como mi hermana, mi mejor amiga. Llevamos viviendo y creciendo juntas varios años y que me llames así… me incomoda. 

 

Aun sabiendo que le molestaba, Alice la llamaba "señorita" por el respeto que le tenía y por lo apenada que se sentía al tratarla de forma más cariñosa, ya que no iba mucho con su personalidad, pero aún con su timidez, Alice se esforzó por ser más cariñosa con Aiko.

 

—… L-lo siento… "he-hermana" —contestó Alice con un tono tímido.

 

Aiko se sonrojó y se lanzó emocionada para abrazarla, pues era la primera vez que le decía hermana.

 

—Awwww… ¡Hermanita!

—Po-por favor para… es vergonzoso —suplicó Alice mientras era apretujada con fuerza.

—Vale, vale… ya está —dijo Aiko mientras se apartaba.

—¿Qué vas a hacer ahora?

—Iré a ver a mi madre, luego tomaré un baño y me iré a la cama, mañana tengo muchas cosas que hacer.

—De acuerdo, prepararé el baño y tus cosas para poder entrar contigo.

—¡Genial! Espérame entonces.

 

Ambas chicas salieron del comedor y Aiko se dirigió al último piso de la torre principal, donde se encontraba el dormitorio de sus padres. Al llegar a la entrada, se encontró con los dos guardias que custodiaban la puerta, Aiko los saludó llevando su puño al pecho y bajándolo como era de costumbre, el guardia respondió al saludo y abrió la puerta de la habitación.

 

Al entrar, Aiko vio a su padre sentado en un sillón que estaba junto a la cama mientras sostenía la mano de la reina: era una mujer joven de 56 años, de cabello largo color negro, con unos bellos ojos color escarlata en un rostro hermoso y maduro, pero con un tono de piel pálido y una expresión de debilidad en él; era alta y tenía un cuerpo de hermosa figura, cubierto por una bata de tela suave y delgada, ideal para dormir; estaba tapada por las sábanas hasta la cintura y sostenía la mano de su esposo mientras dormía en su enorme cama.

 

—Padre… —saludó Aiko al entrar en la habitación.

—Aiko… ¿Ya comiste?

—Sí… ¿Y ustedes? ¿Cómo está mamá?

—Yo ya comí y tu madre comió lo que pudo… Ahora está descansando, hoy ha estado bastante decaída.

 

Aiko se acercó a la cama y acarició la cabeza de su madre con suavidad.

 

—¿Cómo la ves?

—Ella no se da por vencida… dijo que quería presenciar tu coronación, quiere ver como su hija se vuelve una reina…

 

Aiko sonrió con ternura mientras miraba a su madre, al sentir la presencia de su hija, la reina se despertó y abrió los ojos lentamente.

 

—¿Aiko?... —preguntó la reina Akane, con una voz suave mientras miraba a la princesa.

—Perdón por despertarte...

—Hija… ¿Estás bien?... Tu padre me contó lo que te pasó hoy.

—Sí, estoy bien… Por suerte unas personas nos ayudaron.

—Me alegra que estés bien… ¡Cof… Cof, cof, cof!… Lo siento hija, pero no creo poder hablar mucho contigo, me siento muy cansada… —dijo la reina entristecida.

—No te preocupes mamá, tú sólo descansa, luego podemos hablar cuando estés mejor.

—De acuerdo hija… Me alegra verte.

—Igualmente mamá.

 

La reina volvió a descansar y Aiko salió de la habitación luego de despedirse de su padre. Al salir se dirigió hacia su cuarto en la torre este del castillo, donde Alice la estaba esperando.

 

Cuando Aiko llegó a su habitación, vio a Alice arreglando su pijama y la de ella, mientras las ponía encima de la cama.  Alice se dio cuenta de que Aiko había vuelto, así que volteó a recibirla.

 

—Seño... Aiko, ¿cómo te fue?

—Pude hablar un poco con ella pero… está muy decaída.

—Lo siento… 

—Tranquila, no te preocupes… Deberíamos ir a verla mañana. Creo que le haría mucha ilusión verte.

—Tienes razón, ella también es una madre para mí.

—Bien, entonces mañana vamos a verla… ¿Ya preparaste el baño?

—Sí, ya está todo listo.

—¡Genial! Entonces entremos.

 

Aiko comenzó a quitarse la armadura para dejarla en el estante mientras Alice la ayudaba con las piezas grandes como la pechera. Después de quitarse la armadura, la princesa se quitó la ropa de tela negra que iba en conjunto con esta, quedando solamente en su ropa interior blanca con decoraciones de encaje; después, Aiko ayudó a Alice a quitarse el vestido de sirvienta, dejándola igualmente en ropa interior, esta de un estilo más simple, de color azul claro.

 

Ambas chicas se dirigieron al baño, que quedaba en la misma habitación: este tenía paredes hechas de piedra al igual que el resto de la habitación, el suelo estaba cubierto por losas de piedra rugosa y buenos acabados en su construcción. Tenía una bañera de piedra lisa, en forma de semicírculo con la parte plana mirando hacia la ventana, la cual tenía una vista al reino desde lo alto. La bañera era de tipo jacuzzi, calentada por un mecanismo que usaba magia de fuego como fuente de calor, el baño tenía dos regaderas en el lateral izquierdo, las que funcionaban mediante un mecanismo de bombeo en la parte baja del castillo; además de dos espejos hechos de lámina de plata pulida en la pared de cada una de las regaderas; a la derecha se encontraba una estantería donde estaban las toallas y donde se dejaba la ropa, además de un lavamanos hecho de piedra.

 

Al entrar, las dos chicas terminaron de desnudarse y dejaron su ropa interior en uno de los espacios de la estantería, luego, ambas empezaron a ducharse mientras se lavaban las espaldas entre ellas. Después de la ducha, las dos chicas se recogieron el cabello y entraron en la bañera.

 

—¡Haaa!… Qué bien se siente… Después de un día como hoy, esto es lo que necesitaba —dijo Aiko hundiéndose en el agua mientras se relajaba.

—Lo sé… Es justo lo que hacía falta.

 

Las dos chicas se relajaron en el agua caliente mientras cada una pensaba en sus cosas.

 

—Alice…

—¿Sí?...

 

Aiko se quedó pensando por un momento mientras miraba hacia afuera de la ventana.

 

—¿Te gusta algún chico?... —preguntó con un tono curioso.

—¿Eh? ¿Por qué lo preguntas? —preguntó Alice extrañada.

—Bueno pues… Es normal que te guste alguien y nunca te lo había preguntado antes; casi siempre estás conmigo, pero puede que te estés fijando en alguien.

—Mmmm… No sé… No sabría decirte… —respondió Alice mientras pensaba en un chico de la Guardia Real que era amigo de ellas, pero no lo dijo por miedo a que Aiko también gustara de él.

—Mmm… Ya veo…

—¿Y a ti? ¿Te… gusta alguien? —preguntó Alice un poco preocupada por la respuesta de Aiko.

—No he sido mucho de fijarme en los chicos, aunque por ser la princesa he tenido muchos pretendientes; aun así, nunca me centré en eso, pero… el chico que conocí hoy, me llamó la atención de una manera que no puedo explicar, me dejó con ganas de conocerlo más, de volver a verlo… —dijo Aiko con un brillo en sus ojos que delataban el anhelo por volver a ver a Akihiro.

—¿Cuál era su nombre?

—Akihiro…

—¿Y qué es lo que ocurre con él?... Te conozco y sé que algo te desanima sobre él —preguntó Alice al reconocer la forma en la que hablaba Aiko.

—¿Recuerdas que te mencioné que tiene una hermana?… Bueno ella es… realmente hermosa, es más madura y tiene un cuerpo más… "adulto". Los dos viven solos, se ve que han pasado por mucho y se ven algo íntimos —contó algo desanimada.

—¿Crees que son pareja?

—No lo sé… No puedo decir que sí, pero tampoco puedo negarlo… Tengo mis dudas, aparte no los conozco muy bien.

—Pues pregúntale cuando lo vuelvas a ver.

—¡¿Qué?! ¡¿Estás loca?!... ¿Qué imagen crees que tendrá de mí si le pregunto eso al verlo solo por segunda vez? ¿Qué crees que pensaría su hermana si realmente son pareja?... Además, tengo que aclarar que es realmente lo que sentí al verlo.

 «Claramente te gusta», pensó Alice al ver su actitud.

 

Después de salir de la bañera, ambas tomaron una toalla y salieron a la habitación para cambiarse con la ropa que Alice había preparado anteriormente.  Aiko se puso un vestido largo de tiras, holgado y hecho de seda blanca, también dejó su cabello suelto para más comodidad. Alice por su parte, llevaba un vestido largo igual que el de Aiko, pero en un color rosa claro.

 

—¿Vas a dormir conmigo? —preguntó Aiko estando sentada en la cama mientras terminaba de secar su cabello.

—¿Quieres que pase la noche contigo?

—Claro… Si ya pasamos tiempo juntas, lo ideal es terminar pasando la noche juntas también… Como lo hacíamos antes.

—De acuerdo, pero no podemos hablar porque mañana hay que levantarnos temprano para ya sabes qué.

—Lo sé, lo sé.

 

Después de apagar la iluminación de la habitación, ambas se acostaron en la cama y tras unos minutos, las dos chicas se quedaron dormidas, ya que se levantarían a las 5 de la madrugada para hacer las labores que aún quedaban en el reino.