Heart's Weapons

Capítulo 3: El fantasma que apareció en Julio

Año 2110 – Nueva Eten (Lambayeque) – Costa norte del Perú

 

 

La conocí en julio.

 

En cuanto al encuentro… ese día me encontraba en el ladder, buscando partidas para subir de rango. Si no mal recuerdo, mi objetivo era alcanzar el rango de diamante uno para el fin de semana.

 

Presioné la tecla ‘jugar’ y me puse a divagar mientras el sistema de emparejamiento hacía su trabajo. Luego de algunos segundos, el nombre de mi rival apareció en pantalla. Y para mi sorpresa, una loca referencia golpeó mi cara.

 

—PensarCorrectoEsLoQueHago.jpg —musité.

«Qué buena referencia, ja, ja».

 

Sonreí como un bobo al leer eso.

 

De todos modos, reafirmé mi convicción y me puse a jugar como siempre lo hacía. Yo jugaba con ‘Terren’. Así que la construcción de la barraca y la producción del primer espía, para explorar la base del enemigo —un zarg—, era crucial.

 

Por otro lado, con respecto al juego que estaba jugando. Se trataba de un clásico de los noventa, o mejor dicho, su secuela: SpaceCraft 2. Un RTS (videojuego de estrategia en tiempo real) en donde controlabas una ‘raza’, creabas un ejército y protagonizabas emocionantes batallas en donde dos o más oponentes intentaban destruirse.

 

En SpaceCraft 2 había tres razas principales: los Terren, que representaban a los humanos;   los Pratoss, una raza con grandes poderes psiónicos; y los Zarg, asquerosos seres con forma de insecto que vivían en colmenas.

 

Como lo mencioné antes, yo era un jugador Terren por excelencia. De vez en cuando jugaba con Zarg y Pratoss, pero al final de cuentas, me gustaba Terren. ¡Viva el dominio!

 

Volviendo a la partida, manejé el espía con maestría y maté un zángano. ¡Premio gratis! Al ver eso, noté que mi oponente carecía de ‘micro-manejo’, luego me arriesgué y fui por el tercer centro lo antes posible. Mi economía superior me daría la victoria.

 

Sin embargo, cuando tenía cuatro infernos —veloces cuatrimotos que lanzaban fuego— en mi base, una mancha de hormigas (deformes perros de guerra) apareció a las seis en punto en números ingentes y atacaron mis obreros con frenesí imparable. Manejé mis motos y contuve el ataque, es más, quise asar algunos insectos, pero el control de mi oponente era magnífico. Apenas pude quemar uno.

 

La batalla siguió un estándar ‘bio 4M’ desde ese punto. Marines, martillos, médicas y minas, versus un sinfín de hormigas, termitas explosivas y moscardones. Inmensos insectos.

 

Drop por un lado, acoso de hormigas por otro. Mis marines consumían los paquetes de estimulantes, equipados en sus trajes, mientras el característico sonido de ‘drogarse’ retumbaba en mis oídos.

 

Sangre, marines asados, minas explotando, hormigas volando en pedazos por todo el mapa, naves cayendo debido al acoso aéreo de los horribles moscardones. Mi oponente era listo, su estrategia consistía en destruir mis médicas —naves aéreas que curaban marines—, además, movía sus hormigas de forma tan magistral, que las malditas minas disparaban su carga explosiva en la cara de mis pobres marines.

 

Estaba impresionado y al mismo tiempo estresado. Si seguía perdiendo marines de este modo, perdería. Si el Zarg sacaba unidades más pesadas, perdería. Manejar a esas bestias gigantes con cuernos que convertían a los marines en puré de papa era imposible. Tendría que hacer titanes, o mechas. Me faltaba gas para todo.

 

«Mierda, no queda de otra, vamos con todo», avancé.

 

Embestí sin dudar, tomé diez marines, los drogué y traté de volar una molesta espora. Sin embargo, repentinamente, el enjambre se abalanzó contra mí. Mi oponente había separado su tropa, con el único objetivo de encerrar mis fuerzas en una cóncava homicida.

 

Las termitas explosivas —insectos vivientes repletos de ácido—    giraban como rocas gigantes cayendo por una cuesta empinada, las hormigas venían por centenas, los moscardones agitaban sus alas de queratina.

 

Estaba mal posicionado, no podría separar mi tropa a tiempo. Las termitas asarían mi ejército en cuestión de segundos.

 

Desesperado, planté las quince minas de golpe, cargué mis fuerzas en las médicas, que también servían como naves de carga, y traté de escapar. Sin embargo, las veinte polillas llegaron hasta mí y por acción y gracia del azar y mi propia estupidez, los misiles de alto impacto, de las minas, reventaron a las polillas —que estaban sobre mis naves—, destruyendo todo en su camino.

 

Las veinte moscas criadas con esteroides, mis cinco naves y toda la carga que llevaban consigo: cuarenta marines que murieron por nada.

 

Al ver los fragmentos de las médicas volar por los aires y el mar de hormigas acercándose a mi base… caí en depresión…

 

—Tamare… la jodi…

 

Al mismo tiempo, un mensaje apareció en mi pantalla. Estaba molesto, pero eso no quitó el hecho de que me riera, de mi tremendo fail.

 

“¡LOLOLOLOLOLOLOLOLOL! ¿QuéLePasaAEseEstúpido.jpg?”.

 

Dejé de jugar y me puse a escribir.

 

“Ja, ja, ja, ja. ¡Estúpidas minas! ¡La traición hermano, la traición! xD”.  

 

Estaba a punto de poner el ‘GG’. La única forma de olvidar este fail era rendirse con honor y buscar otra partida para subir los ánimos. Sin embargo, recibí una respuesta casi de inmediato. Eso fue extraño. Pues, en el ladder, era común intercambiar pocas palabras. El clásico gl hf   (good game, have fun) al inicio de la partida y el indispensable gg (good game) al final. Y quizá, un par de quejas de jugadores tóxicos o llorones, nada más.

 

A pesar de ello, mi rival pausó el game y empezó a hablar conmigo.

 

“¿Oye… no te molestas?”.

“Contigo no, conmigo sí… la cagué bien xD. De todos modos, tus referencias a Top Erizo me hicieron el día. 10/10”.

“Espera… ¡¿Has visto la serie?!”.

 

Sonreí.

 

“Claro: No la necesito… no la necesito… ¡¡¡LA NECESITO!!!”.

“Ja, ja, ja, ja, oye, ¡qué genial! Aquí donde vivo pocos la conocen”.

“¿Really? A mí me gusta bastante. A decir verdad, ¡he visto varios caps!”.

“¡¿En serio?! ¿Cuántos?”.

“Déjame pensarlo… alrededor de treinta, creo”, escribí.

 

En ese momento, comprendí mi error.

 

“¡¡¿En serio?!! ¡En mi caso, apenas he visto veinte! Espera… ¿Treinta? ¡En internet apenas hay veinte!”.

 

Las reliquias del siglo pasado eran joyas perdidas. Luego de la guerra contra los falsos dragones, la mayoría de servidores del mundo cayeron, y con ello, la cultura digital en general. Afortunadamente, el mundo volvió a conectarse cincuenta años después, en el 2070.  

 

Se recuperó una parte de la cultura digital que florecía antes de la guerra y el mundo volvió a sonreír. Música, vídeos, redes sociales, videojuegos, series de antaño; muchas cosas volvían para alimentar una época en donde las producciones originales y los videojuegos escaseaban, debido a la caída de los imperios capitalistas y la gran reducción del capital humano. El mundo pedía ocio y la ‘cultura’ del pasado alimentaba ese deseo egoísta.

 

Por otro lado, ahora que lo pienso, el material referente a los años dorados (1970 – 2020) era muy cotizado en la red. Había cazadores de antigüedades que ganaban mucho dinero redescubriendo la cultura pop de aquellos años.

 

Series, películas, videojuegos, comics, animes, mangas, etc. Lo mismo pasaba con la ciencia y tecnología perdida. Muchas personas optaban por una vida de aventura, adentrándose en las ‘tierras dragón’ para obtener tesoros de un pasado olvidado.

 

Por ejemplo, el código e información técnica sobre el videojuego SpaceCraft 2 fue hallado por un caza-tesoros que exploró la inmensurable planicie de hielo eterno (antiguo EE.UU). Luego de eso, una empresa anónima tomó los derechos del juego y reabrió los servidores de forma gratuita.

 

Ice Wolf seguía siendo la creadora del juego. Pero tras el acuerdo firmado por las naciones que componían el nuevo régimen —más conocido como la confederación de los trece reyes—, se concluyó que toda muestra de ‘cultura’ perteneciente a los años dorados, excepto programas de alta relevancia para las naciones en juego, serían considerados como tesoros libres de derechos. Por lo tanto, los derechos de pertenencia serían transferidos a la primera persona en hallar esos tesoros.

 

Parecía injusto y bajo. Pero debido a que el 80% de los humanos murieron por la guerra, en la primera venida, a todos les parecía correcto repartir la riqueza del pasado de esta forma. Es más, mucho material se compartía de forma gratuita después de algunos años.

 

En cuanto a ‘Top Erizo’. Había unos cuantos episodios gratuitos en la red. Alrededor de veinte, después no había mucho material referente a la serie. Bueno, eso era lo que todos pensaban, hasta que abrí mi bocota…

 

Escribí.

 

“Lo siento. Me equivoqué. ¡He visto 20 caps!”.

“Mentiroso...”.

“¡De verdad, Bro! He visto 20”.

 

Un mensaje tardío apareció en mi pantalla.

 

“¿Bro?... ¡Soy chica!...  \(°□°)/”.

 

Me quedé pasmado al leer eso. Supuse que era niño, casi siempre era así. Me quedé en cero. Hasta que una idea cruzó mi mente.

 

“¡Fuimos engañados.jpg!”.

 

Esperé su respuesta. Yo era malo hablando con chicas, bueno, tenía una amiga, sin embargo, la conocía de siempre, no contaba. En cambio, con ‘PensarCorrectoEsLoQueHago.jpg’ era un caso distinto. Sólo esperaba no espantarla con mis chistes malos.

 

Afortunadamente.

 

“Ja, ja, ja, ja, te aprovechas de mi gusto por la serie, ¿verdad?”.

“Es que me sorprendió que fueras una chica. Tu nombre no decía mucho xD”.

“Muchos dicen eso :’). Por cierto, ¿eres chico, verdad? ¿Cuántos años tienes?”.

 

Mi nombre en SpaceCraft 2 era ‘Reilgan’ un anglicismo personal de la palabra “RailGun” que significaba ‘cañón de riel’. Por otro lado, tenía doce años. Sí, apenas era un chaval. El asunto era qué responder. ¿Decir la verdad o mentir un poquito?

 

Espera…

 

¿Qué pasaba si ella tenía quince… o dieciséis?

 

Rasqué mi cabeza y comencé a escribir. ¿No pasaba nada con aumentar un poco mi edad? ¿Cierto?

 

“Soy chico. ¡14 años!”.

“¡¿En serio?! Que genial. ¡Yo tengo 13! No estábamos tan alejados XD”.

—¡Yeahhh! —exclamé. Ella siguió escribiendo.

“Volviendo al tema, dijiste que viste 30 caps. Explícate \(°-°)/”.

“¿El para qué cosa de quién?”.

 

Pasaron dos minutos. Respondió:

 

“¡Por tu culpa regué la bebida que tenía en mis manos! Empapé mi teclado, tonto…”.

“Lo siento…”.

“Ya, ya, basta de referencias y bromas bobas. Responde, ¿cómo has visto 30 caps?”.

 

Me rendí a regañadientes. Quería conversar con ella, así que respondí a su pregunta. Además, era mi culpa.

 

“Bueno, mi padre tiene algunos caps en un pendrive que heredó de mi abuelo. La mayoría son distintos a los que hay en la red”.

“¡¿Es verdad?!”.

 

Sentí que las palabras saltaban del chat.

 

“See, ¡pero no le cuentes a nadie! Mi viejo dice que ese pendrive y los caps valen mucho dinero. Además, es un secreto de mi padre…”.

“Entiendo, es un tesoro de los años dorados, después de todo…”.

“Exacto”.

“Pero sabes, eres muy inocente al decirme esto xD”.

“¡Lo sé bien!”.

“Bueno, seré directa…”.

 

Imaginé que una chica me fulminaba con la mirada.     Esperé el mensaje.

 

“¿Puedes compartir? Digo, un cap. ¡¡Pagaré por él!! ¡Además, juro que será para mi solita! Porfis…”.

“Mmmmmhh”.

 “Vamos, no te cuesta nada. Porfis, porfis, porfis, porfis, porfis, ¡porfis x 1000!”.

“A ver… ¿De cuánto estamos hablando?”.

“¡Toda mi mesada!”.

“Ja, ja, ja, ja, ja, eso no alcanza xD. —Suspiré—. Ok, hagamos esto. Te obsequiaré un cap si prometes cumplir dos condiciones”.

“¡¿Cuáles son?!”.

“Primero: No compartas el cap. Segundo: ¡Quiero mi revancha!”.

“xDxDxDxDxD. Ya, ya, ¡lo prometo!”.

“Te invito a un grupo, entonces. ¿Qué rango eres?”.

“Soy diamante dos. Ahhh… y por mi nombre, Llámame Char, mi nombre aquí es muy largo”.

“Entonces llámame Hans”.

“¡Dale!”.

 

Esa noche fue genial. Nos divertimos tanto que jugamos veinte partidas seguidas. Algunos versus, un par de 2 vs. 2 y 3 vs. 3. Char era divertida y amable, y en cuestión de horas nos hicimos grandes amigos.

 

Los días pasaron y las noches de hablar y jugar se volvieron infaltables. Partidas trepidantes, charlas triviales, bromas, consejos, quejas. Ambos mejoramos mucho en algunos meses. Ella consiguió el rango de maestro y, una semana después, también lo hice.

 

El único detalle era mi timidez. Pasaron tres meses y no sabía su nombre —el real—, lo mismo pasaba con sus redes sociales, correo electrónico o teléfono. SpaceCraft tenía un chat integrado para celulares, ahí conversábamos sobre muchas cosas, a cualquier hora del día. Sin embargo, en el fondo deseaba saber más sobre ella.

 

Una semana después, decidí preguntarle su nombre y otras cosas más. Sería el primer paso para reforzar nuestra amistad. La esperé como siempre, en SpaceCraft 2.

 

Sin embargo, no entró.

 

Y tampoco lo hizo la semana siguiente, ni la siguiente, ni el mes siguiente. Le hablé por chat y no contestaba. Su contacto aparecía en gris, desconectado.

 

«¿Qué habrá pasado?».

«¿Por qué no entra?».

«¿Se hartó de mí?».

«Yo… la extraño…».  

 

 

Los días pasaron. Seguí con mi vida.

 

Medio año después, en vacaciones de verano y con trece años cumplidos, me levanté de mi silla con una sonrisa en la cara. Lo había logrado, luego de meses de práctica y constancia, conseguí el rango máximo —en SpaceCraft 2—. El rango de Gran Maestro. Un podio tan difícil de alcanzar, que únicamente 200 personas se alzaban con él.

 

«Nunca dudé de ti, mi war machine…».

«¡Veinticinco fps y con lag! ¡Ser pobre es lo máximo!».   

 

Alegre por ello, abrí las persianas de mi cuarto y admiré el paisaje. La vista de mi ciudad, Nueva Eten, era hermosa.

 

—Tardé un poco… pero cumplí mi parte, Char…

 

Troné mis nudillos. Estaba hecho, me esforcé de verdad, me divertí mucho y logré un nivel excelente, Gran Máster. Era momento de retirarme, pero antes de hacerlo, había un reto más que cumplir: ¡usar las vacaciones de verano para ganar muchos torneos! O intentar ganarlos.

 

«Será divertido».

 

El dinero y la competencia movían mi cerebro. Empero, al mismo tiempo, lo hacía la esperanza de encontrarme con Char. No sabía lo que había pasado con ella, pero recordaba algo… ella dijo que su meta en SpaceCraft era ganar la CMS: GLOBALS FINALS. La mayor competencia de SpaceCraft del mundo, en donde los noventa y seis mejor puntuados, participaban en un torneo que definía al campeón mundial.

 

Durante el año pasado mejoré muchísimo. Mis reflejos se pulieron de forma asombrosa. Ni siquiera yo entendía el porqué. De todos modos, logré clasificarme a la CMS del 2111, a celebrarse en febrero, en esta ciudad, Nueva Eten.

 

Mirando el bello paisaje costero que se extendía hasta el infinito, reflexioné sobre la paz y tranquilidad que definían esta nueva era. ¿Quién pensaría que, hace noventa años, dragones arribaron a este mundo?

 

Si no fuera por mis padres y la historia contada en la escuela, yo ni siquiera lo habría imaginado. Y más en esta ciudad, la segunda capital del Perú, Nueva Eten, una de las urbes más prósperas del mundo.

 

Luego de inhalar una buena cantidad de oxígeno, miré el inmenso puente santo que conectaba la costa acantilada con el resquicio dimensional sellado parcialmente por los Trece Reyes del Mundo Antiguo.

 

Una estructura gigante de metal y grafeno perforaba el cielo, adentrándose mar adentro. En ella, las ‘Escamas’ protegían nuestro mundo, repeliendo la segunda venida de los falsos dragones.

 

—Ahora que lo pienso… yo puedo, noo… el mundo puede vivir tranquilamente por ellos… los héroes, los semidioses, los ángeles… los hijos de Amaru y los demás…

 

Suspiré, en la escuela repetían eso. Lo tenía grabado en la cabeza.

 

—Bueno, sigamos con la práctica.

 

Esperando por el torneo, imaginé algo. ¿Qué pasaría si durante la CMS aparecía un jugador femenino que jugara como Char? ¿Y qué además, jugara con Zarg?

 

Yo… ¿Sería capaz de confrontarla? Sería capaz de preguntarle… ¿Eres Char?

 

Me reí de mí mismo y dije:

 

—¡Lo haré! Aunque sea un cobarde y me muera de la vergüenza, yo… ¡Lo haré!