Heart's Weapons

Capítulo 4: Cambio de paradigma

15 de febrero del 2111 – Nueva Eten – Campeonato Mundial de SC

 

¡¡GiiiiiiGiiiiii!!

 

Al quitarme los audífonos, miles de aplausos y vítores llegaron hasta mí. 

 

—¡¡¡Base destruida!!! —En furor extremo, Estela clamó extasiada—: ¡¡Ganador!! ¡¡Hans!! ¡¡El Terren conocido como ‘THE NEW MARINE KING’ se alza victorioso y avanza a la siguiente fase!!

«¡E-espera! ¿Qué es lo que dijo? ».

—Imposible… creímos que él estaba perdido, ¡iba perdiendo dos a cero! Sin embargo, hizo la misma jugada tres veces seguidas… y bueno, ya vieron el resultado, ¡remontó la serie dos a tres! —El hombre gritaba a todo pulmón—. ¡Qué clase de comeback es este! ¡¡Ese Hans está loco!! ¡¡Loco!!

 

No podía creer lo que estaban diciendo.

 

—¡Ja, ja, es posible! ¡Debes estar loco para jugar SpaceCraft a este nivel!

—¡Obviamente!

 

Me quedé congelado, estaba absorto. 

 

«Es en serio, ¿g-gané?».

«No, no, imposible. ¡Es imposible!».

 

Me pellizqué la mejilla y traté de despertar. Este sueño no podía ser real. ¡Le acababa de hacer la volti de mi vida al mejor pratoss del mundo!

 

¡Tenía que ser mentira!

 

Pero entonces, sin hacer aspavientos, una persona apareció a mi lado, mi rival. Joss estiró su palma derecha y dijo:

 

—Hijo de puta, ¡me ganaste!

—¿Eeh?

«¿Lo hice?».

—¡Mierda! —bufó—, lo siento, mocoso. Hablé sin pensar. Buena partida. ¡Me divertí bastante!

—G-gracias. Igualmente.

—Sí, cómo sea. ¡La próxima vez no perderé!

 

Nos dimos un apretón de manos y esbozamos leves sonrisas. Joss, el mejor pratoss del mundo, estrujaba mi palma con todas sus fuerzas. Yo hacía lo mismo que él.

 

«¡Oye, me vas a romper los dedos!».

 

Finalmente, soltamos nuestras manos. Él chasqueó la lengua y se apartó sin decir palabra alguna. En cuanto a mí…

 

—¡Mierda! ¡Era cierto! —Me sobé la mano—. ¡Gané! Yo, ¡gané! Ja, ja.

 

Tras decir eso, zarandeé mi cabeza y busqué a la persona que hizo posible que llegara hasta aquí. Derecha, izquierda, arriba, abajo. Mi amiga no estaba por ningún lado.

 

«Esa Stephi, ¿a dónde se habrá ido?».

 

Agucé la vista, la emoción crecía más y más. En las gradas, las personas agitaban sus manos; en los palcos, los expertos saltaban de júbilo. Todos repetían a coro: ‘¡Hans!, ¡Hans!, ¡Hans!’. Inmensas pantallas repetían mis jugadas. El gran coliseo retumbaba como un ser vivo.

 

Al percatarme de eso, me sonrojé al instante y traté de escapar de ahí. ¡N-no es que tuviera miedo ni nada por el estilo! Pero entonces, un grupo de chicos y chicas apareció ante mí. Me hicieron preguntas, me pidieron fotos, selfies, autógrafos y me rogaron, siendo amables, que les firmase un par de objetos.

 

—¿Me firmas esto?

—¡Kyaaa! ¡Me encantó tu partida! ¿Te tomas una foto conmigo?

«¡¿Q-qué hago?! ¡Ni siquiera sé firmar! Y-yo…».

—¡Hombre, esa partida estuvo de puta madre! 

—¡Tan joven y tan hábil!

—¡Me gustaría jugar cómo tú!

«Y-yo… yoo…».

—¿Cuántos años tienes?

¿A quién le hago caso primero?

—Porfa, ¡una selfie! ¿Me firmas esto?

—¡Yo también quiero una foto!

—¡¡Y yo!! 

—¡Nosotros llegamos primero! 

—¡No, nosotros!

 

Me quedé en shock, mientras sentía que una avalancha de personas y preguntas estaba a punto de acabar conmigo, una pequeña sensación invadió mi palma derecha; al instante, esa persona haló con brío, sacándome de ahí. La voz de esa chica, indiferente, resonó a mi lado.

 

—Él viene conmigo, apártense. —Empezamos a correr—. A un lado, no se metan. Permiso.

 

Abrí los ojos y contemplé la espalda de esa chica.

 

—¿S-Stephanie?

—Fumuh, así es.

 

Se trataba de ella. La persona que estaba buscando, mi mejor amiga, Stephi. 

 

—¿A dónde te fuiste?

 

Mi amiga se detuvo. Se giró a verme.

 

—Es más tranquilo aquí —afirmó, más aliviada—. Perdón, llegué tarde, me senté ahí.

—¡Con razón! —Me reí—. Está lejos. ¿Me viste?

—Sí.

 

 

Conocía a Stephi desde siempre. Un día su madre se mudó al vecindario y mi madre entabló una gran amistad con ella, la señora Rojas. Como resultado, Stephanie y yo crecimos, en pocas palabras, codo a codo.

 

Stephi tenía corto cabello negro, con un par de hermosos flequillos que descendían como arroyos; brillantes ojos amarillos que parecían girasoles y, como punto más hermoso, fascinante piel tostada.

 

Mi amiga nunca perdía los estribos y era extraño verla exclamar. Era despistada, dormía bastante y le gustaba quedarse en casa. Sin embargo, tenía buenas habilidades sociales, a diferencia mía, y le sabía al estudio, a diferencia mía.

 

Es decir, su personaje tenía stats más equilibrados que los míos, o algo así…

 

Rasqué mi cabello. Stephi vestía un suéter marrón y una minifalda blanca, usaba largas medias negras y un short deportivo bajo la falda. Lo que más atrajo mi atención fue el prendedor con forma de rifle que llevaba consigo. Qué bacán.

 

—Qué lindo broche —dije.

—Fumuh, fumuh, así es. —Mi amiga acercó su rostro y me enseñó el prendedor—. Es un rifle AK-47. Un tesoro de los años dorados.

—Ni siquiera sabía el nombre de esa arma...

—Es que soy una experta. —Infló el pecho.

—Qué engreída. —Sonreí.

 

 

Por extraño que parezca, a Stephi le encantaban los videojuegos de disparos en primera persona: Counter Walkout, Titan Descent, Call of Servants, etc.

 

Mientras evocaba el pasado, o mejor dicho, mis palizas —las que ella me daba—, Stephi liberó mi palma derecha y me obsequió un cándido abrazo. Al instante icé la vista. Mi amiga se aferraba a mí con todas sus fuerzas.

 

«Stephi…».

—Casi lo olvidaba —dijo, con un tono de voz más suave que el de siempre—, me alegra muchísimo que hayas logrado pasar a semis —comentó con orgullo, inflando el pecho—. Sabía que podías hacerlo. Felicidades, frota, frota.

«¿Frota?».

 

Iba a llorar, en serio, iba a llorar, sin embargo, a mitad de ese evento tan emotivo, noté algo… un par de colinas, o mejor dicho, bultos... se apretaban contra mí… eran firmes y pequeños… ¿Qué es esto? ¿Qué es esta sensación?

 

«Son suaves, elásticos, blandos… y…».

«Espera… ¡Esto es…!».

 

Me sonrojé como un tomate al instante. 

 

«¿Q-qué carajos? ¡Hace tres meses ese par de armas asesinas no estaban ahí!». 

 

Intenté no pensar más en eso y respiré profundo. 

 

«¡Es tu amiga de la infancia, hombre! ¡Cálmate!». 

 

Me armé de valor.

 

—G-gracias, Stephi. —Esbocé una leve sonrisa—. Gané, aunque no sé qué rayos hice al final, ja, ja.

—No importa. Ganaste.

—Sí, lo hice.

 

Mi amiga me abrazó más fuerte. Se apartó sin decir palabra alguna y sujetó mis mejillas. Empezó a jugar con ellas, sin descanso.

 

—Stephi, me duele… —comenté—, va, ¿qué hice ahora?

 

La doncella de piel bronceada no se detuvo.

 

—Me decepcionas.

—¿Por qué?

—Los espectadores se acercaron a ti. Lo vi.

—Así es.

—Ya, dime, ¿qué hiciste?

—A ver… —medité y expresé—: nada. No hice nada.

—Correcto. ¿Crees qué está bien?

 

En ese momento, entendí sus palabras.

 

—Aaah, te referías a eso… —tosí a propósito—, es que había muchas, ¡como cien personas!... y nunca las vi antes, me acobardé… —Traté de cambiar el tema—. Pero me salvaste, gracias.

—Nada de gracias. Se supone que debes enfrentar a las personas con la frente en alto. Te presenté a mis amigas la semana pasada. ¿No aprendiste nada?

—No…

—Grosero. —Su expresión adormilada adquirió un matiz severo—. No importa. —Dejó de apretarme las mejillas—. Voy a repetirlo. Las personas son iguales. Si alguien te habla, respóndele, no tengas miedo. No importa si es la chica más hermosa del mundo, o la persona más rica del mundo. Como dije antes, somos iguales. Todos van al baño, ¿sabes?

—¿Ese fue un chiste?

—No. —Ella volvió a estrujarme las mejillas.

—E-está bien. No te equivocas. ¡Lo intentaré la próxima vez!

—Perfecto. Imagina que son cangrejos. —Ella creó dos tijeras con sus manos.

—Ok, ceviche de cangrejos, va.

—Payaso.

 

Ignorando mi chiste, Stephanie sacó un pequeño folleto de su bolsillo y lo acercó a mí.

 

—Más importante. —Golpeó el folleto con sus manos—. Señor Hans, me alegra informarle que ha ganado alrededor de 50 000 soles en premios. Si llega a la final serán 100 000 y si gana la final serán 300 000.

 

Tragué saliva.

 

—¡¿50 000 en un día?

—Cincuenta mil.

—Imposible. ¡¡S-soy rico!!

 

Stephi develó una expresión draconiana. Me sujetó del hombro.

 

—Te equivocas, somos ricos.

«Ja, ja, ja».

—Cierto, ¡somos!

 

 

Evoqué el pasado, Stephi me apoyó bastante en estos meses. Ella refinó mis estrategias, me señaló mis errores, practicaba conmigo y creó el horario más eficiente que podía existir. Si no fuese por ella, mi rendimiento en el colegio sería pésimo. Mi amiga se merecía la plata más que nadie. Le prometí el veinte por ciento.

 

En todo caso, con respecto al dinero que me quedaba, tenía dos objetivos principales.

 

Uno. Apoyar el negocio de mis padres.

Dos. Comprar otra PC.

 

La dulcería Quispe estaba en números rojos. Si no recibía una inyección importante de dinero, iba a cerrar. Yo amaba ese lugar, crecí ahí.

 

Los kingkones, el maní confitado, el dulce de menta, los turrones, el dulce de membrillo, los alfajores, los milhojas, los chumbeques, los piononos, etc. Me encantaban esos dulces, estaba decidido. 

 

«La plata va para ahí».

«¿Me pregunto qué dirán? Ja, ja».

«Eso sí, compraré una pc. Ya me vi, 60 fps, ¡ahí te voy!».

 

Mientras pensaba en ese tipo de cosas, Stephanie me aplicó un leve capirotazo en la frente y me despertó del sueño. Su mirada estoica no había cambiado.

 

—Vamos. —Me tomó del brazo.

—¿A dónde?

—A celebrar.

—¿Celebrar?

—Sí, vamos por helado. Regresamos al rato.

—Está bien, ¡vamos! —Me detuve en ese momento—. Espera, no tengo dinero. ¡Bueno, sí tengo dinero! ¡Tengo 40 000 mil, pero…!

—Está bien, yo invito, vamos.

—Tenemos todo y no tenemos nada… —Me lamenté—. E-espera. ¿Q-qué dijiste?

—Yo invito.

—¿Hablas en serio? —Me acerqué a ella, incrédulo—. Esta zona es cara… no nos va a alcanzar...

—Hice una apuesta —me dijo—, le aposté 20 soles a tu victoria. Toda la plata que tenía en ese momento. ¿Adivina quién hizo un comeback de película y me hizo ganar 300 soles?

—¿Y-yo?

—Respuesta correcta. —Stephanie creó un corazón con ambas manos—. Eres la mejor inversión que puede existir. Te quiero.

—Ja, ja, ja. No inventes.

—Sí, por eso digo. Vamos, lo mereces —sonrió.

—Yaa, ¡vamos, entonces! ¡Pediré parfait de chocolate y menta!

—Qué combinación más rara.

—¿Qué vas a pedir?

—Vainilla francesa.

—¿Otra vez?

—Sí, pe.

—Siempre es el mismo sabor.

—Es que me gusta. Es elegante.

—No veo fallas en tu lógica —me reí.



 

—¡Vamos, Stephi! ¡Nos haremos tarde!

—Por aquí es más rápido.

—¿En serio?

—Sí.

 

Llegamos a una de las tantas entradas hacia la zona de espectadores y cruzamos el pasaje. Pero entonces, dos personas aparecieron a mitad del pasillo. Un hombre bronceado que vestía shorts y camisa playera, y un trabajador del evento; al que conocía bien.

 

—H-hans —Él me detuvo—. ¿En dónde estabas?

—Oh, Señor José. —Sonreí—. Salí un rato, a comer helado. ¿Qué pasa? —Al ver cómo sudaba, me alarmé—. E-espere, no me diga, ¿anularon mi partida?

—Qué dices, ja, ja. No es eso. —José, un hombre de panza abultada y bigotes, expresó—: Se trata de otro asunto.

—Qué alivio...

—En todo caso, me gustaría que conozcas a esta persona. El señor César. 

 

Ambos, Stephanie y yo, elevamos las cejas. El turista, no, el hombre de aspecto relajado, extendió su palma derecha y dijo:

 

—Me presento. —Entregó su tarjeta—. Mi nombre es César y vengo en representación del clan ‘StarDragon’. Un gusto, Hans.

—¿StarDragon?

 

José se arrimó a mi lado, me tomó de los hombros y, emocionado, reveló:

 

—¡Hans, escucha! ¡El señor César ha venido a hablar contigo! ¡StarDragon te quiere fichar! ¡Vas a jugar en el mejor equipo de SC del mundo! 

—¡¿En serio?!

—¡Sí! ¡Tu carrera como jugador profesional de SC acaba de empezar!

—¡¿Aah?!



 

En un cuarto en extremo lujoso, ubicado en el mismo coliseo. 

 

Mi amiga devoraba un sinfín de pasteles, que reposaban en una refinada bandeja de tres pisos. Cesar, el representante, estaba con nosotros. “Coman, coman, es un regalo”, decía. “Mi jefe va a llegar pronto”, decía. Él tomó un pastelito y empezó a masticar.

 

—¿Y ganaré un sueldo? —dije.

—Así es.

 

Mi amiga elevó su pulgar.

 

De repente, la refinada puerta de caoba emitió un leve crujido y tres personas ingresaron al vestíbulo: dos hombres y una mujer.

 

El primer hombre tenía extenso cabello azabache y una cicatriz en la cara con forma de equis. 

 

El segundo hombre tenía calva. El vestía un traje negro, al mismo estilo que los Hombres de Negro.

 

La mujer, por su parte, vestía un conjunto de ropa urbana. Un short de mezclilla, un polo rasgado y un par de cadenas en el cuello. Tenía cabello rosa, ojos cerezo y piel de jade. Icé la mirada, ¡qué alta!

 

«Es más alta que todos aquí…».

 

Poco después, la mujer se dirigió a la ventana y empezó a fumar. El personaje con la cicatriz en el rostro se acercó a nosotros y tomó asiento. El tipo con la calva se quedó en el mismo lugar, austero.

 

«Qué emoción…».

 

Me sentía muy intrigado. Observé al tipo más extraño, le puse ‘cicatriz’, en mi mente, y respiré hondo. Stephi seguía devorando cupcakes y pasteles. Se acercó más a mí.

 

—Cabello blanco, ojos azules y tez tostada. Tú eres Hans, ¿no?

—S-sí —respondí.

 

Cicatriz vestía un poncho y un sombrero de palma. Él arqueó sus labios en una leve sonrisa y apoyó sus codos en la mesa. 

 

«Es como una serpiente».

—Me presento. Mi nombre es Katari. —Su voz siseaba, se dirigió a mí—. Dime chico, estás confundido. ¿Me equivoco?

 

Observando a Stephi, me armé de valor.

 

—S-sí, un poco. —Me reí, rascando mi cabello—. ¿Q-qué está pasando? ¿Vamos a hablar de SC, verdad?

 

Me sentía un poco extraño, me apretaba el pecho. En ese momento, Stephi irguió su figura. Al instante, señaló a Katari. 

 

—Eso mismo me pregunto. —Mi amiga aguzó la vista—. No parecen… ustedes no parecen jugadores de SC. ¿Me equivoco?

 

Las miradas, incluida la mía, se centraron en Stephi.

 

—Ja, qué chica más atenta. —Cicatriz cruzó las manos—. No hay razón para mentir.  Es como dicen. No estamos aquí por eso. Estamos aquí por otro motivo.

 

Quedé en shock.

 

—¡¿Ustedes no pertenecen al clan StarDragon?!

—No, Hans. —Katari fue tajante—. No somos parte de ninguna delegación oficial de SC. Ese joven que ves ahí. —César mostró sus palmas—. No es ninguna clase de ojeador profesional. Simplemente, es una persona que trabaja para mí.

«¿Qué carajos?». 

«¡Nos mintieron!».

«¡¿Por qué?!».

—U-ustedes —tartamudeé—. ¿Qué buscan? ¿Por qué me trajeron aquí? ¡N-no comprendo!

—Un momento… —Intervino Stephi, atisbando a Katari, temerosa—: No puede ser, ustedes… ¡han venido porque Hans es…!

*¡ZAASSS!*

 

Sin aviso, César abandonó su banca. Se acercó a Stephi y le asestó un golpe: certero, insonoro y veloz. Mi amiga cayó al piso, inerte.

 

«¿Ehh?».

 

Entré en pánico.

 

—¡¡Bastardo!! —Lo aparté, empujándolo. Ipso facto, revisé a Stephi—. ¡¿Por qué hiciste eso?! ¡¡¿En qué pensabas?!!

—Tranquilo, viejo. —Me enseñó las manos—. Es leve, estará bien.

—¡No importa si es leve o fuerte! ¡¡U-un golpe es un golpe, cobarde!! —increpé.

—Qué dolor de cabeza —suspiró, mostrando las palmas—. Escucha. No fue adrede, es por algo. —Volvió a sentarse—. Tú amiga estorba. Esta conversación es entre tú y el jefe, el señor Katari.

 

Inspeccioné a Stephi, estaba bien, simplemente dormía. El señor Katari carraspeó, e intervino.

 

—¡Perdón! —Agachó la cabeza, mostrando respeto—. Es mejor así.

 

Estaba harto, quería tomar a Stephi entre mis brazos y largarme. Sin embargo, había cuatro adultos en ese lugar, esa misión era casi imposible. Sentía que el peso del mundo caía sobre mí. 

 

«Respira, respira, ¡ni siquiera pienses en huir! ».

 

Agitando mi cabeza con todas mis fuerzas, hablé:

 

—S-sí no me buscan para ficharme como jugador, ¿entonces qué rayos quieren conmigo?

—Hagamos esto de forma distinta —habló Katari—, si lo experimentas por ti mismo, entenderás mejor.

 

Me quedé pensando.

 

—¿A qué se refiere?

—A esto.

 

En calma y sereno, el hombre extendió su brazo derecho por completo, y golpeó el centro de su pecho con la fuerza de un pistón. 

 

Aparté la vista por reflejo. 

 

«¡Se acaba de matar! ¡Atravesó su pecho por sí mismo!».

 

Temeroso, volví a mirar. ¡Estaba vivo!

 

Me quedé con los ojos abiertos. No había sangre, ni tripas ni nada, en lugar de eso, un hoyo. La insólita cavidad emitía un manso reflejo, cual espejo.

 

«¿Un espejo líquido? ¿Qué rayos?».

 

Cual fantasma, el hombre introdujo más la mano en ese espejo. Unas gafas con marco azabache, exquisitas franjas doradas, de cristal y con lunas opalinas, emergieron de ese críptico lugar, un portal. Tragué saliva.

 

El hoyo se esfumó. Cicatriz se puso las gafas. De pronto, al compás de una sonata incoherente —que sonaba como si miles de engranajes volvieran a sentir la dicha de girar, o mejor dicho, de vivir—, un gran y extraño disco apareció en el piso, en la gafas y en nosotros. Áureo, luminoso y brillante. Bajé la vista, una vorágine de dígitos, formas geométricas y símbolos rotaban en y sobre él.

 

«¿Eeeeh?».

 

En menos de un segundo, Katari esbozó una leve sonrisa y chasqueó los dedos.

 

Frente a mis ojos, en un parpadeo, el mundo cambió al instante. La habitación no existía más. El horizonte blanco, el hielo perenne, la cima de un monte helado… 

 

«¿Qué es esto?».  

 

Estornudé.

 

Todos estaban conmigo. La sexy mujer, el hombre de negro, Katari y César. Excepto Stephanie. 

 

—¿Una montaña? —Empecé a temblar—. ¡¡Qué frío!! ¡¿Q-qué es esto?! ¡¿Cómo rayos hiciste esto?!

 

El frío me estaba matando. Una corriente helada pasó por mi lado y mis labios empezaron a romperse. No sentía mis dedos y mi nariz estaba ‘achís’ y ‘achís’. ¡Moriría congelado! Pero entonces…

 

—¡Oe, Katari! ¡Hazme caso, Katari! —La mujer intervino—. ¿Qué te pasa? ¡Quita el frío! ¡Rápido! ¡Odio el frío!

—Es cierto, ja, ja. Lo siento, lo olvidé. —Sentí una presión en el pecho. Una grieta apareció en el piso—. Va, va, ¡comprendo! Quitaré el frío.

 

Los dedos del hombre crearon un chasquido, y por arte de magia, el frío se esfumó.

 

«¡Me salvaron!».

—G-gracias… —le hablé a la mujer. Me ignoró.

 

Centré mi atención en Katari y divisé el extenso panorama. Todo se veía real, la nieve fresca, las rocas, el cielo vespertino. Mis dudas crecían más y más.

 

—Vayamos al grano —ultimó el jefe—, esto que ves aquí. Este paisaje, esta nieve y este frío, es falso. Un sueño.

—¿Un sueño? —Giré la vista.

—Sueño, ilusión, eso es.

—I-imposible. ¡Es tan real!

—Es falso. Es más, si hago esto. —Chasqueó los dedos—. Observa, todo cambia… el paisaje, los sonidos, los aromas, el frío. El mundo real no cambia. Tú percepción, sí.

 

El río amazonas, el Sahara, El Caribe, la Luna, el Everest. Un chasquido, y ¡bam!, un lugar distinto. Katari se detuvo, en la cima de un pastel gigante, y dijo:

 

—Y sabes, Hans. —Se quitó las gafas—. Mi poder, mi habilidad... esto que has visto, proviene de estas gafas, Black Vision. Mi propia Heart Weapon. Un arma del corazón.

«¿Eh?».

—¡E-espera un segundo! —Tragué saliva—. N-noo, ¡i-imposible!, ¡¿son Escamas?!

—Yo sí.

«¡¡¡Puta madre!!!».

 

Golpeé mi cabeza en el césped con todo mi ser. Las escamas eran, prácticamente, ángeles, semidioses. En la escuela repetían eso miles de veces. Las Escamas protegían este mundo. Y nosotros, como seres humanos, les debíamos respeto, admiración y gratitud.

 

«M-me van a matar. ¡Hace rato les hablé sin respeto!». 

 

A mitad de eso...

 

—Alza la cabeza, Joven Hans.

—L-lo siento, yo no sabía… n-no me corten el cuello, se los pido...

 

César intervino.

 

—No vamos a hacer eso, ja, ja. —Todos, excepto Katari, empezaron a reírse.

«¿Entonces?».

 

Otro chasquido, volvimos al mundo real. Stephi estaba dormida.

 

Me acerqué a ella, me armé de valor y golpeé mis mejillas con ambas manos. Inquirí.

 

—N-no comprendo. —Agucé mi semblante—. ¿Por qué una escama querría hablar conmigo?

—¿No comprendes? —Katari se acercó al hombre de negro. El tipo le entregó un sobre—. Es por esto. Léelo.

 

Tomé el sobre, quité el sello de cera y extraje la carta. Un folleto negro con bordes dorados. 

 

“De: El Gran Imperio Amaru.

Para: Hans Quispe Wari.

 

Señor Hans Amaru, Hijo de Amanda Wari y Víctor Quispe. Nos alegra anunciar que ha sido elegido, luego de un largo proceso de inspección, como la siguiente promesa del imperio Amaru.

 

Desde esta fecha, 15 de febrero del 2111, se le otorga el rango élite de ‘HONORABLE Y JOVEN CANDIDATO A ESCAMA’. Un futuro caza-dragones. 

 

Esperamos grandes cosas de usted. 

 

Atentamente, el consejo central.”

 

 

—¿Eeeeeeehh? —Mis piernas cayeron al piso—. ¿Y-yo, un candidato a Escama?

—En efecto, joven Hans.

—¡¡Q-qué clase de broma es esta!! 

«¡Yo quería ser jugador profesional de SC!».

 

Recordé a Char, mi amiga virtual; miré a Stephi, mi amiga real. Emití un largo suspiro. 

 

«¿Qué va a pasar conmigo?».