La leyenda D'Loxley

Capítulo 2: ¡¿Qué diablos hago yo en otro mundo?!

—Es broma, hoy es 5 del mes 1 —dijo la chica riéndose mientras señalaba la expresión de la cara de Robin.

 

Mientras ella se reía Loxley se sacudía la tierra de la ropa, cuando terminó vio a la chica, ella tenía una expresión de miedo en su rostro, al voltearse, Robin se dio cuenta de lo que asustaba a la señorita: una tropa de caballeros. La chica se escondió detrás de él.

 

—Sálvame —susurró un poco asustada.

 

Con esas palabras, Robin supo que esos sujetos le harían algo malo. «¿Pero qué voy hacer?, espera… ¡¿Dónde estoy?! Ella dijo 5 del mes 1, y este paisaje. ¿Esos son caballeros? Y su ropa… Estoy… ¿en otro mundo? ¡¿Qué diablos hago yo en otro mundo?!»

 

—Te ayudaré, pero necesito que me ayudes después. —La señorita asintió—. ¿Cuál es tu nombre?

—Di tu nombre campesino —lo interrumpió uno de los soldados.

—No soy un pan[1] —mencionó Robin con sarcasmo.

—¿Ah? Dinos tu nombre —volvió a exigir el caballero con más empeño.

—Me llamo Robin.

—¿Quién es ella, Robin?

—Ella es mi hermana menor, Elizabeth. ¿Por qué lo pregunta honorable señor?

—Estamos buscando a alguien y pensamos que era ella, perdónenos humilde campesino.

—No hay problema.

—Nos retiramos.

____________

[1] En algunos países de Latinoamérica, campesino es un tipo de pan salado. 

 

En lo que se fueron los caballeros, Robin y la chica se rieron a más no poder, en ese momento él se dio cuenta de algo: en este mundo no hablaban japonés u otro idioma, sino que hablaban español; no se había dado cuenta que todo el rato estuvo hablando su idioma natal.

 

 

—¿Cómo te llamas? —le preguntó Robin a la chica.

—Me llamo Marion —respondió ella.

—¿Por qué te perseguían?

—Porque le robé al Rey —Marion (1.77 de alto, cabello rizado alborotado de color naranja) abrió el bolso que llevaba, del cual Robin no se había percatado, y sacó una corona—. Te llamas Robin, entonces Robin ¿Por qué caíste del cielo?

—Porque vengo de otro mundo.

—No te burles de mí.

—No me burlo, es la pura verdad.

—Bueno no te puedo forzar a decirme, sígueme te llevaré al pueblo.

—No gracias, esperaré a que se habrá el portal que me trajo.

—¿Inhalabas plantas exóticas?

—Jajaja, muy graciosa.

 

 

 

 

Robin ya llevaba dos semanas esperando que se abriera el portal que lo había traído, esas dos semanas Marion le estuvo llevando comida y agua, hasta que Loxley se hartó y decidió ir al pueblo.

 

Cuando iba de camino al pueblo, algo lo picó y se desmayó por segunda vez en esta historia.

 

Afortunadamente, Marion estaba de camino y se lo encontró desmayado, rápidamente se acercó y le revisó el cuello, vio una picada y alarmada lo llevó lo más rápido que pudo al pueblo.

 

—¡Obispo necesito su ayuda! —Marion empezó a tocar una puerta mientras gritaba desesperadamente.

—¿Qué pasa Marion? —preguntó un hombre gordito (1.46 de alto y de cabello color marrón).

—Necesito su ayuda señor obispo.

—¿Qué sucede, quién es ese chico?

—Es un amigo mío, ¡fue mordido por un Juntex!

—Entra.

 

 

«¿Dónde estoy?», pensó Robin mientras abría los ojos con lentitud, empezó a palpar con su mano el lugar donde estaba, se sentó y para su sorpresa estaba en una cama. 

—¿Qué hago yo en una cama, si estaba en el bosque? —susurró.

—Fuiste mordido por un Juntex. —Loxley rápidamente se levantó de la cama con una  expresión de susto en su cara—. Tranquilo, mi intención no es asustarte.

—¿Quién es usted?, ¿por qué estoy aquí?, ¿quién me trajo?

—Soy el obispo Poncio Clemente, fuiste mordido por un Juntex, como ya mencioné, y te trajo Marion.

—Está bien… ¿Qué es un Juntex?

—Es un mosquito, venenoso, y letal sino se trata a tiempo su picadura.

—Ummm… ¿Dónde está Marion?

—Está en la sala de oración, sígueme; ah, y ponte una camisa, están en el armario —dijo el obispo mientras señalaba a un armario del que Robin no se había percatado; no era precisamente un observador.

 

Robin se puso una camisa azul marino, el señor Clemente abrió la puerta y lo  invitó  a salir de la habitación.

 

Mientras caminaban por un pasillo, el obispo le presentó a Loxley dos personas:

 

—Robin, te presento a Little John y a Fraile.

 

Robin intentó estrechar la mano de Little John (1.99 de alto, cabello color amarillo brillante),  pero este se negó, hizo lo mismo con Fraile (1.65 de alto, cabello de color negro) y este sí aceptó.

 

—Es un gusto conocerte Robin —mencionó Fraile mientras le estrechaba la mano.

—Si es u… Un momento —reflexionó el joven mientras soltaba la mano de Fraile—. ¿Quién les dijo mi nombre?

—Nos lo dijo Marion —respondió Little John.

—Oh, ya veo… Mejor vamos a verla. 

 

 

 

 

—¡Alguacil! —gritó un caballero mientras corría.

—¿Qué quieres inútil? —le espetó el alguacil (1.85 de alto, cabello de color marrón oscuro) cuando paró al caballero.

—Alguacil de Nothingham, señor Vancamp, la isla del norte no ha pagado los impuestos de este mes.

—Entonces habrá que cobrarlos —mencionó el hombre mientras sonreía macabramente.

 

La isla  del norte era donde estaba Robin.

 

 

 

 

—Entonces, ¿viniste por un portal desde otra dimensión o planeta? —dijo el obispo Clemente.

 

Robin llevaba una hora y media en la sala de oración donde había encontrado a Marion, en ese tiempo el obispo le preguntó: ¿Cómo llegaste aquí?, y Loxley no tuvo otra opción más que contarle su historia. Cuando le estaba contando, recordó que el extraño que lo obligó a venir a este mundo “medieval” había dicho que su hermano estaba aquí y eso lo fortaleció, ahora tenía un objetivo en mente: buscar a su hermano y salir de este mundo.

 

—¿Por qué lo pregunta? —inquirió Robin.

—Hace doce años se abrió un agujero en el cielo, el rey Richard Lionheart fue para ver qué encontraba, pero desapareció en el viaje. En su ausencia, su hermano Juan mató a su propio padre para tener el poder —contó el obispo mientras se paraba—. Si lo que dices es cierto tal vez podrás volver a tu mundo por ese portal…

—No sería mala idea, pero primero debo buscar a mi hermano.

—El problema es que el portal está en España.

—¿Y por qué es un problema que esté en España?

—España es un bosque del que nadie sale con vida, el único que salió con vida fue el gran aventurero Miguel España, se cree que en ese lugar desapareció Richard.

—Guau…

—Necesitarás entrenamiento si quieres sobrevivir siquiera a los países bajos.

—Me voy a morir de un infarto…

—A partir de mañana entrenarás con Marion.

 

Día 1:

 

—Si quieres ser fuerte tendrás que golpearme lo más duro que puedas  aquí —dijo Marion con una sonrisa valerosa mientras señalaba la palma de su mano.

—No voy a golpearte —mencionó Robin.

—Ya me golpeaste —comentó la joven con los ojos en blanco.

—¿Cuándo te golpeé? —inquirió Loxley.

—Me caíste encima…

—Y dale con eso.

 

Día 5:

 

—¡¡Eres un asco con las espadas!! —gritó Marion, roja de furia.

—Ah, te enteraste —dijo con sarcasmo.

—Oye, Robin. —Se oyó a lo lejos la voz del obispo.

—¿Qué quiere obispo? —inquirió el joven.

—¿Cuál es tu color favorito? —preguntó Clemente.

—Verde, no preguntare el por qué…

 

Día 8:

 

Loxley tenía un arco con varias flechas de puntas diferentes apuntando a un blanco (que por alguna razón era rojo), y disparó una que cayó en el suelo.

 

—Te falta… —intentó decir Marion, cuando Robin la interrumpió.

—Odio, ¿cierto? —preguntó Loxley.

—¡¿De dónde sacas esas estupideces?! —espetó con una vena sobresaliendo de su frente.

—Anime… —respondió tragando saliva.

—¡Robin!, el obispo te llama —gritó Fraile.

—Voy. —El  joven  salió  disparado  de  donde  estaba  hasta la iglesia, lo mejor era huir de la ira de su joven maestra—. ¿Qué desea obispo?

—Quiero que te pruebes esto. —De un cofre, el obispo sacó una camisa  y algo que parecía una chaqueta, ambos de color verde—. Necesito saber si te queda.

—¿Por qué me ayuda tanto?

—Para cobrarte luego.

—Je, pensé que había una historia conmovedora detrás...              

 

 

 

 

—Agua, agua, agua —pidió Robin tirado en el suelo.  

—Mañana continuamos Robin —dijo Marion, que se había convertido en una entrenadora (o “sensei” como él la llamaba), demasiado exigente.

 

Loxley levantó su mano en forma de bien.

 

Después de todo un día de entrenamiento sin descansar cualquiera estuviera cansado.

 

—¿En qué has mejorado? —preguntó el obispo, con un vaso con agua en la mano.

—En estos dos meses de entrenamiento sólo he mejorado —el joven tomó el vaso con agua y bebió un trago— en arquería, con las espadas y cuchillas soy un asco.

—Bueno, arquería es mejor que nada, tendrás que acostumbrarte si vas a España —mencionó el señor mientras caminaba hacia la capilla—. Oye, quería pedirte un favor.

—Dígalo.

—Quiero que lleves a Marion contigo.

—Sí, no sería mala idea, además quiero romper los esquemas clásicos de un Isekai, no todo el mundo se lleva a su sensei; también quisiera que Fraile y Little John vinieran conmigo...

—A ellos no les gustará la idea.

—¿Por qué?

—Ellos no querrán ir contigo, además: le caes mal a Little John.

—Bueno. —Robin se levantó del suelo—. Mañana temprano partiré con Marion, seguiré entrenando mientras viajamos; por favor, dile que arregle todo hoy.

 

 

—Buenas noches señoras y señores. —Se oyó una voz a lo lejos—. Venimos a cobrar los impuestos.

—Señor alguacil, por piedad, le pedimos un mes más, no tenemos nada de dinero, se lo pedimos —suplicó un hombre.

—No tienen dinero, pero tienen mujeres, alimentos, caballos y una iglesia con oro, con eso saldaremos los impuestos.

 

A la orden del alguacil de Nothingham, los “Caballeros” arrasaron con todo, pero en ese pueblo estaba cierta persona: Robin.

 

Al escuchar el ruido de los disturbios, se vistió con la ropa que le había entregado el obispo, tomó su arco y sus flechas, y salió corriendo por la escalera a buscar a los demás; revisó habitación por habitación buscando a Little John, Marion, Fraile y el obispo. No los encontró y entonces escuchó una voz conocida que gritaba, lo que lo hizo salir a la calle.

 

—¡Déjenme! —le gritaba Marion a un hombre que la estaba cargando en su espalda.

—¿Y se hacen llamar “caballeros”? —soltó Robin, recostado de una puerta mientras hacía comillas con sus manos.

—No sabía que había un hombre aquí —mencionó el sujeto cuando tiró a Marion al suelo—. Tranquilo campesino, tu muerte no será dolorosa.

—Y dale con lo de que soy un pan… —Loxley agarró una flecha y la disparó en la pierna del tipo, el hombre en el suelo gimió de dolor—. Guau, no sabía que tenía tan buena puntería —sonrió.

—Gracias, gracias, gracias, gracias —decía Marion estrechándole la mano mientras casi le dislocaba el hombro a él—. Otra vez me vuelves a salvar.

—Andando, “sensei”.

 

 

Mientras corrían en dirección a la iglesia, se encontraron con Little John y Fraile, todos ya juntos se dirigieron a la iglesia. El pueblo estaba ardiendo en llamas, la anarquía reinaba, hasta que:

 

—Marion, Little John, Fraile tengo un plan —comentó Robin y paró de correr.

—¿Cuál es tu bello y hermoso plan? —se burló Marion.

—No estoy bromeando, necesito que tú y Fraile ayuden a la gente a apagar el fuego y a luchar con los caballeros mientras Little John y yo buscamos un lugar alto y vencemos a los caballeros cerca de la iglesia. Cuando ya todos estén en el suelo gimiendo de dolor, entraremos a la iglesia a evitar que roben todo lo que está ahí.

—Creo que eso no se va a poder —mencionó una voz ajena al grupo.

—¿Perdón y tú eras? —preguntó Loxley con chocancia.

—El alguacil Jim Vancamp —dijo el hombre mientras sacaba su espada de la vaina—. Veo que eres el más valiente, o tal vez el más idiota. Quiero 10 minutos contigo.

—¿Qué rayos quieres?, ¿un combate cuerpo a cuerpo?

—Si eso quiero ¿Cómo te llamas camp…?

—Si me dices campesino, te voy a partir la cara, imbécil.

—¿En serio? —preguntó el alguacil con una sonrisa malvada—. Dime tu nombre.

—Robin H. D’ Loxley, para partirle la cara mi señor.

—Y esa H… ¿Qué significa?

—Eso no importa ya, ¿dónde está el obispo?

—Justo aquí. —El alguacil chasqueó los dedos, luego dos sujetos trajeron el cuerpo del hombrecillo: estaba bañado en sangre, con la cara destrozada… Estaba muerto—. De seguro a los perros les gustó su sabor.

 

Al mirar de cerca al obispo, el rostro de Robin perdió toda expresión.

 

—Acepto el reto. —Fue todo lo que dijo, lleno de rabia y determinación.

 

 

—Entonces, ¿qué esperamos? —preguntó el alguacil con una sonrisa repulsiva.

 

Robin le pidió la espada a Fraile, tiró su arco y flechas cerca de él, y con todo listo  empezó la contienda:

 

Se pusieron a distancia. La tensión era palpable.

 

Robin se sentía furioso y también nervioso, no sabía si estaba listo para una batalla a muerte. Miró al frente y vio al sujeto usurero que había matado al obispo, lo odió con toda su alma, ese infeliz había asesinado por puro placer.

 

El alguacil corrió hacia él, dio la primera estocada, la espada cruzó la distancia entre ellos cortando el aire, estaba tan afilada que podría haber cortado un cabello en dos.

 

Loxley saltó hacia atrás por acto reflejo en el último segundo, si no la hubiera evitado de seguro habría muerto al primer golpe.

 

Para Robin esto era de vida o muerte, pero para el señor Vancamp era un simple juego.

 

Loxley bloqueó varios golpes con la espada, Vancamp no retrocedía y lanzaba estocadas seguidas una tras otra, obligando al chico a retroceder.

 

Robin hizo un mal movimiento y el mango de la espada se le resbaló, tan rápido como pudo la cambió de izquierda a derecha e inconscientemente, usó su propia mano izquierda desprotegida para cubrirse.

 

Vancamp rió ante su incompetencia y le rajó la palma de la mano de un tajo.

 

La sangre corría por la mano blanca del joven, tiñéndola de rojo oscuro. Ardía como si estuviera al rojo vivo, pero esto no amedrentó al muchacho.

 

El alguacil no se detuvo y aprovechando la inestable posición de Robin, le cortó el muslo izquierdo, un surco sangrante recorría su pierna de un lado al otro. Esto hizo tambalear al muchacho.

 

Exasperado, intentó atacar, abalanzándose hacia el alguacil, empuñando la espada con su mano buena y cargando contra él, corrió cojeando hacia el frente, era estúpido pero no se le ocurría otra forma de penetrar su defensa más que con un suicida ataque directo.

 

El alguacil sonrió, retrocedió un par de pasos y se colocó en posición defensiva, usó su espada como escudo horizontal, dispuesto a soportar el ridículo ataque de Robin.

 

Entonces, el muchacho cambió de rumbo de pronto, su espada dejó de dirigirse al estómago del alguacil, ahora iba directo a su brazo, iba a penetrar sus defensas.

 

Ya casi lo tenía, cuando le dispararon una flecha al brazo derecho.

 

—¡¡Oye!! —gritó Marion—, eso es trampa.

—No hay reglas contra eso, que yo recuerde —se burló Vancamp.

 

Robin retrocedió, jadeando y sangrante. El dolor en su pierna era horrible, no podía levantar mucho el brazo derecho por la flecha y el sudor de su mano izquierda le escocía la herida. Comenzó a desesperarse, llevaban 6 minutos de combate.

 

Permaneció a la defensiva, pensando en algo que lo sacara del apuro. El reloj de la iglesia indicaba que los 4 minutos restantes se estaban consumiendo ya. Entonces a Robin se le ocurrió algo.

 

«¿Qué hare para atacar?, es egocéntrico, se ve que no le gusta perder;  espero que este plan funcione», pensó con una sonrisa de oreja a oreja.

—Jajaja —reía el joven.

—¿De qué te ríes, basura? —le espetó el alguacil, contrariado.

—Me dices basura a mí, cuando todavía no te has visto en un espejo —mencionó Loxley mientras se reía con todas sus fuerzas—, y sabrás que yo no peleó con basuras, me ensucian la ropa.

—¡¿A quién le dices basura?!

—Sólo digo que no eres digno de pelear contra mí. ¿Ataques asesinos? Y te haces llamar hombre, atacas a personas que piden tu piedad, no tienes vergüenza, me das pena.

—El rey lo orden…

—¿Y si el rey te dice que te lances de un puente?

—Si es por el reino, lo haría con gusto.

—Me das pena, no tienes voluntad propia, eres un objeto desechable.

—¡¡¡No lo soy!!! —El alguacil fue corriendo con todas sus fuerzas con intención de matar.

—Eres tan predecible.

 

Robin corrió con toda su alma en esa carrera. Se lanzó hacia Fraile, que entendió su intención y le alcanzó su arco y flechas.

 

Mientras corría cojeando, huyendo del loco alguacil, ignorando el dolor de la flecha clavada en su brazo, lo mejor que pudo apuntó una flecha a las manos del despreciable “servidor público”, pero tropezó y por el mal  movimiento la flecha sólo le rozó la cara a Vancamp.

 

El alguacil sonrió maquiavélicamente, Robin retrocedió, estaban a un par de metros de distancia solamente, el chico no podía seguir corriendo más tiempo.

 

Vancamp tomó impulso y estaba a tan sólo un salto de acabar con la vida de Robin, cuando de repente un cuchillo se le clavó en la espalda, a la altura del hombro.

 

—¡¡¿Quién demonios hizo eso?!!

—No hay reglas contra eso, que yo recuerde —replicó Marion con una sonrisa burlona.

 

Robin no perdió tiempo, aprovechó la distracción y volvió a intentar su disparo. La segunda flecha cruzó el aire con un silbido y se le clavó en la pierna izquierda al alguacil.

 

El señor Vancamp cayó al suelo chillando de dolor. No estaba acostumbrado a ser herido, menos dos veces seguidas.

 

Robin se acercó al alguacil y le pisó la herida. 

 

—Duele, ¿no? Te montarás a un caballo para que te lleve al castillo, y quiero que le digas al Rey que dice Robin Hood D’ Loxley, que si se cruza en mi camino lo va a lamentar.

—Conque la H significa Hood.

—Sí, eso significa, dile a tus hombres que se retiren sin llevarse nada.

—La próxima vez te venceré, maldito.

—Diablos… esto se está volviendo un típico Isekai.

 

Con su orgullo destrozado, e hirviendo de rabia por haber perdido, Vancamp dio la orden de retirada, su honor como caballero así se lo exigía (algo ridículo, teniendo en cuenta que prácticamente eran salteadores despedidos). Al recibir la orden, los hombres del alguacil se retiraron.

 

Robin se acercó a Marion y al cadáver del obispo.

 

—Hay que preparar el funeral, enterrarlo, y luego nos vamos —mencionó.

—Primero tenemos que curar tus heridas —respondió Marion.

—¿Esto? No es nada, estoy bien.

—Estarás bien en dos semanas, no me discutas, sé lo que te digo.

—Está bien… supongo.            

—Robin…

—¿Qué pasa Fraile?

—John y yo queremos ir contigo, acompañarlos en su viaje.

—Si vienen tendrán que pagar su comida y su habitación.

—Lo aceptamos.

—Dentro de dos semanas salimos.

—¿Buscarás a tu hermano?

—Sí.

—¿Cómo encontraremos a tu hermano? —preguntó Marion.

—Hice un dibujo de él.

—No sabía que eras bueno dibujando.

—Daniel es diez veces mejor que yo… Mostraré este boceto a donde vayamos, tal vez alguien lo ha visto. Lo encontraremos antes de llegar a España, no me iré sin él.

 

 

Dos días después de la contienda enterraron al obispo, todo el pueblo acudió al entierro entristecido y con mucha solemnidad.

 

Con las heridas de Robin no sanadas, pero si cerradas, y el pueblo en reparación, empezaron a prepararse para el viaje, para salir de ese grupo de islas, primero tendrían que pasar el archipiélago escarlata. Luego podrían dirigirse al conteniente.

 

Loxley planeaba mostrar ese boceto de su hermano y preguntar por él a donde fuera. Le intrigaba el hecho de que nadie de los alrededores recordaba nada sobre un portal, salvo el de España.

 

«Tal vez, Daniel cayó igual que yo, sin que nadie se diera cuenta»

 

 

A las dos semanas, con Robin completamente recuperado, con ahora tres cicatrices en su cuerpo, salieron del pueblo dirigiéndose al archipiélago escarlata.