Las ocho vidas

Capítulo 0: Prólogo

Un par de hermanos caminaban pacíficamente al interior de un espeso bosque en las cercanías de una gran montaña. Su día había comenzado muy temprano, y estaba muy lejos de acabar, pero si seguían a ese paso, sabían que llegarían a su destino en dos días más.

 

—¿En serio sigues enojada conmigo?

—¿No te he dicho muchas veces que no me despiertes tan temprano?

—Oye, tú sabes muy bien por qué lo hago. Si seguimos retrasando nuestro itinerario, nunca lograremos comprobar nuestras sospechas.

—No tienes que explicarme eso. Lo sé de sobra.

—Pues pareciera que no es así…

 

Los hermanos siguieron con su camino. Mientras él vigilaba que ninguna amenaza se les acercara, ella se la pasaba fantaseando en lo que haría cuando su mayor objetivo fuera cumplido.

 

—¿Tienes hambre o sed? Si quieres yo podría…

—No comeré el asqueroso pan que generas de la nada. ¿Y en verdad crees que beberé esa desagradable agua después de que la toques con tus manos? Ni loca.

—Muy bien, muere de hambre entonces.

 

Aquellos hermanos siguieron caminando. El bosque pronto abrió paso a las praderas típicas de la nación de Xeroudakis, obteniendo así, una mejor perspectiva del lugar donde se encontraban.

 

—Por fin salimos de ese bosque. Pensé que sería más peligroso.

—Ja, típico de un humano asqueroso como tú el creer que un simple bosque nos detendría.

—Oh, disculpe usted, señorita demonio. Pido clemencia por tener un cuerpo más débil que el de usted.

—No necesitas ser sarcástico.

—Y tú no deberías ser tan cretina. Te recuerdo que necesitas de mí de igual manera que yo necesito de ti. Después de todo, el que veas a los humanos como seres inferiores, no te ayuda demasiado a relacionarte con ellos.

—¿Y cómo que otra cosa debería verlos? ¡Los humanos sólo existen para ser mis súbditos!

—¿Tengo que recordarte que ya no eres más Hellgon, el Rey Demoníaco que gobernaba con mano de hierro en su mundo?

—No, no tienes que hacerlo —dijo la hermana, completamente enfurecida—. Todos los días, al verte la cara, me encuentro frente al bastardo que me arrebató todo lo que tenía. ¡De no ser por ti, mi vida y mi poder jamás habrían terminado!

—Entonces dime, Helga —comentó el hermano, sin perder la calma—, ¿quieres que te abandone a tu suerte y que te asesinen esos cazadores despiadados? ¿O prefieres que siga ayudándote a sobrevivir?

—No te creas tan importante, Mack Donaldson. Soy perfectamente capaz de lograr mis objetivos sin tu ayuda —replicó Helga, quien seguía enojada—, pero tenemos un trato, y yo soy un ser que cumple sus compromisos. Juré que tendrás tu venganza, y así será, pero también juré que acabaré con tu vida, así como tú lo hiciste con la mía.

—Te recuerdo que quien hizo que aquella montaña colapsara encima de nosotros, fuiste tú. Si buscas al culpable de acabar con tus glorias pasadas, entonces debes mirarte en un espejo.

—Si no me hubieras provocado, ese ataque jamás habría…

—Ya hemos tenido esta conversación antes, así que no me interesa volver a tenerla —dijo Mack, siguiendo con su camino.

—¡Oye, idiota! ¡No me dejes hablando sola! —le espetó Helga, caminando de cerca—. ¿Con qué derecho te atreves a ignorarme?

 

Y así, los hermanos siguieron su camino por las extensas praderas de Xeroudakis, sin sospechar que dentro de poco, una serie de eventos cambiaría el rumbo que sus breves nuevas vidas habían tenido hasta ese momento.