Las ocho vidas

Capítulo 1: Cuando las cosas no salen como uno las planea

La vida de Mack Donaldson era como la de cualquier otro joven de su edad. Sus días se resumían en: despertar, ir a la escuela, volver a su casa, estudiar un poco, y dormir.

 

Ya estaba resignado a que su vida sería de esa forma, al menos hasta que tuviera que mudarse al dormitorio de la universidad. Sólo debía esperar a que estos últimos meses pasaran rápido y su vida posiblemente cambiaría para bien.

 

Pero un día de Abril, su vida dio un giro completo, como si de un golpe inesperado se tratara.

 

Como de costumbre, su despertador sonó a las 7:30 de la mañana, así que se levantó quince minutos después. Luego de tomar un baño, bajó a la sala de su casa para encontrarse con aquella nota común:

 

“Tuvimos que salir antes de tiempo, hay mucho trabajo pendiente en la oficina y necesita nuestra atención. Dejamos tu desayuno en la mesa, y hay un poco de helado en el congelador. Te amamos, nos vemos en la noche para cenar. Atentamente, mamá y papá”.

 

—Típico —dijo Mack para sí mismo mientras tiraba la nota al bote de basura, a pesar de saber que sus padres le reclamarían por eso, ya que “no tenemos el tiempo para hacer una nueva nota todos los días”.

 

Tomo su móvil y revisó sus redes sociales al mismo tiempo que desayunaba. Como de costumbre, no tenía mensajes.

 

Decidió que vería a cierta creadora de videos que le agradaba, a pesar de que hablaba un idioma diferente y no le entendía nada de lo que decía, el hecho de que usara un avatar de una linda chica con orejas de gato, aunado a su linda personalidad, era suficiente para entretenerlo.

 

El autobús escolar, como todos los días, llegó a las 8:45 a. m. Mack vivía a diez minutos, así que siempre era la última persona por la que pasaba. Como de costumbre, le tocó ir parado todo el camino a la escuela. No le molestaba en absoluto, después de todo pasaría el resto del día sentado en un escritorio pequeño, así que agradecía la oportunidad de estirar las piernas un poco.

 

El día escolar, transcurrió inusualmente de forma pacífica.

 

Los profesores no fueron muy exigentes, los bullyies estaban entretenidos preparando su próximo partido de baloncesto, y no habían ocurrido accidentes desagradables en el comedor del instituto.

 

Extrañamente, en mucho tiempo, Mack Donaldson había tenido un buen día, al menos, en la escuela.

 

La campana anunció el final de las clases, Mack tomó las cosas que tenía bajo su escritorio, las guardó en su mochila y salió del aula. Los pasillos del instituto estaban repletos de jóvenes; unos corriendo a la salida, otros hablando entre ellos, y unos más planeando de antemano su fin de semana. Mack, por su parte, estaba pensando qué asignatura estudiaría primero al llegar a su casa, después de todo, tenía que conseguir calificaciones sobresalientes para ser aceptado en Yale.

 

—Hey, Donaldson —dijo una chica al notar que Mack pasaba junto a ella, decidiéndose a caminar junto a él—. Tienes que ayudarme a estudiar este finde. Esos exámenes van a ser una patada en el trasero y aún no entiendo ni la mitad de los temas.

—Oh, claro que sí Kelly, de hecho…

—Te he dicho muchas veces que me llames Blackheart —interrumpió la chica, llevando su mano, con uñas pintadas de negro a su frente—. Kelly es un nombre que no va para nada con mi estilo.

—Oh, lo siento Blackheart. No volverá a pasar.

—Vamos, viejo —soltó la chica, adelantándose un poco e interfiriendo el camino de Mack—, necesitas tener un poco más de confianza en ti mismo. No puedes actuar como lo estás haciendo ahora en la universidad. Los profesores te comerán vivo.

—Para alguien como tú es fácil decir eso —replicó Mack mientras esquivaba a Blackheart —. Sólo tienes que ponerte tu máscara de matona y nadie te molestará. ¡Mírame! Yo no intimido a nadie, ni siquiera a los chihuahuas de mi vecino.

—Mack, Mack, Mack —dijo Blackheart, rodeándole cuello con uno de sus brazos—. Esto no es cuestión de apariencias, es cuestión de ac-ti-tud. Debes hacerte la idea de que eres una persona valiosa, con la que más les vale a los demás no meterse.

—Kelly…

—Y, si alguien tiene las agallas de molestarte, no dudaré ni un segundo en llamar a Crowbar y a Brutus. Esos chicos patean traseros si yo se los pido.

—¿Dónde estaban hace dos años? —pregunto Mack, con una sonrisa.

—En Portland. Por eso antes no teníamos algo así como un cuerpo de seguridad personal.

—Oye, Blackheart —la llamó un sujeto de casi dos metros, con el cabello muy largo y vestido de negro, que se encontraba sentado en una escalera junto a un sujeto un poco más pequeño—. ¿Vas a ir al concierto de Murder Reaper o no?

—Claro que si, Brutus —respondió la aludida mientras se acercaba a ellos—. Entonces el finde sin falta, Mack.

—Sí, claro. Diviértete en tu concierto —respondió él mientras seguía su camino hacia la salida del instituto.

—¿Qué? ¿No vas a invitar al matadito…?

—No lo llames así, Crowbar —dijo Blackheart, golpeando al chico más pequeño en el hombro—, es la onda. Me va a ayudar a estudiar mate este finde.

—¿Puedo acompañarlos? —medió Brutus—, no es que me importe pasar, pero papá ya dijo que me sacará de la casa si repruebo el año de nuevo.

—Brutus, tu no aprobarías matemáticas ni aunque el mismísimo Albert Einstein fuera tu tutor…

 

El camino a casa era relativamente corto para Mack, aunque por seguridad, siempre tomaba el autobús escolar.

 

Como si de una mala broma se tratase, esa tarde, el único asiento que quedaba libre, era junto a Britanny Swanson: la chica más linda de la escuela. Él sabía que si tomaba ese asiento, su “pacífica” vida escolar, habría terminado. Por lo que decidió que iría parado.

 

—Oye, amigo —dijo la chica, sacudiendo su mano derecha—, aquí hay un lugar disponible…

—Sí, amigo. Siéntate ahí y conocerás tu destino —soltó un chico desde el fondo del autobús, causando que sus amigos rieran expectantes.

«Perfecto. Así es como se arruina un buen día», pensó Mack, que deliberadamente decidió ignorar a Britanny.

 

Entre risas de jóvenes y pláticas sobre la música y las series de moda, Mack se perdió en su propia mente. El autobús se detuvo en cuanto pasaron los diez minutos del viaje. El chico bajó del mismo, no sin antes recibir un golpe de una bola de papel en la cabeza.

 

«Inmaduros. Cuando sea el presidente de la compañía en la que trabajen, los haré pagar», pensó.

 

Mack empezó a caminar por su calle. Las casas no eran muy grandes, pero los jardines estaban muy bien cuidados. Algunos automóviles ya se encontraban estacionados, y podía percibir el olor a carbón y carne a lo lejos, típico de las tardes de abril. Sin embargo, notó algo extraño: el autobús no se había marchado aún, aunque no le dio importancia; de pronto, escuchó que alguien lo llamaba.

 

—Oye, oye amigo.

 

En cuanto se dio la vuelta, se encontró con aquella chica del autobús acercándose poco a poco a él.

 

—Amigo, no debes darle importancia a esos sujetos —dijo Britanny, con una sonrisa amable en su rostro—, sólo son perdedores necesitados de atención.

 

Sin decir nada, Mack volvió a darle la espalda a aquella chica. Su casa estaba a unos cuantos metros, así que llegaría pronto a ella.

 

—¡Oye! ¿Me estás ignorando?

—Creo que es evidente que así es —respondió Mack, sin voltear a ver a Britanny—. Tal vez para ti no sean de importancia esos sujetos, pero tan sólo dirigirte la palabra significará un sinfín de bromas de mal gusto y lesiones no visibles en mi cuerpo, así que déjame en paz. No quiero que los últimos tres meses de mi educación secundaria sean caóticos.

—Y dime, ¿eso te detiene de vivir? ¿El miedo? ¿El dolor? Si le das importancia a ese tipo de gente, entonces nunca encontrarás el camino para que seas verdaderamente feliz —replicó Britanny mientras tomaba una de las manos de Mack—, dime, ¿le darás la razón a esos sujetos, y vivirás con miedo, o prefieres empezar a buscar tu propia felicidad?

—Yo… —dijo Mack, volteando a ver a aquella chica de rubia de ojos azules. Sin poder controlar su respiración, el sentía como su mano temblaba y sudaba incesantemente—… yo, sólo quiero vivir pacíficamente.

—Entonces, comienza a construir esa paz, estando en paz contigo mismo.

 

Mack no pudo contener las ansias de abrazar a Britney. Ella contestó devolviendo el abrazo, y luego, él se alejó precipitadamente.

 

—L-lo siento. Creo q-que me emocioné de más…

—Está bien. Hace mucho tiempo que no recibía un abrazo tan sincero.

—No, no tenías q-que bajarte del autobús p-para hablar conmigo. Ahora tendrás q-que volver caminando.

—No te preocupes. Sólo son veinte minutos…

—¡Te acompañaré!

—Oh, de acuerdo.

 

Durante todo el trayecto a la casa de Britanny, ella y Mack hablaron de sus metas en la vida. Mientras él sólo quería ser el presidente de una gran compañía, hacer dinero y vivir pacíficamente en Alabama, ella tenía un plan de vida muy diferente, ya que aspiraba a entrar en alguna ONG internacional y así poder ayudar a los más desafortunados alrededor del mundo.

 

Los veinte minutos pasaron volando, Mack y Britanny llegaron a la calle donde ella vivía. Era muy parecida a la calle dónde él vivía, aunque había más automóviles de lujo y un par de casas más grandes.

 

—Muy bien, desde aquí puedo seguir sola.

—Menos mal que te acompañe. Esta ciudad se ha vuelto más violenta últimamente, no podía dejarte regresar sola a casa.

—Gracias, Mack —dijo Britanny, al mismo tiempo que extendía su mano derecha—, espero que podamos seguir hablando como lo hicimos hoy.

—Y-yo —contestó él, volteando a ver a otro lado mientras la tomaba de la mano—, también lo espero.

—Entonces, nos vemos mañana en la escuela.

—Claro. Que así sea.

 

Después de eso, se despidieron. En el momento en que ella se dirigía a su casa, él caminaba con un poco más de confianza por la calle. Al llegar un poco antes que sus padres, no tendría por qué dar explicaciones sobre su retraso.

 

En cuanto estuviera en casa, prendería su PC y vería más videos de su creadora de contenido favorita, con un tazón de helado sólo para él. Luego estudiaría un rato antes de finalmente cenar con sus padres. Para Mack, eso era pasar una buena tarde.

 

Pero algo había diferente, era como si algún tipo de rayo de luz estuviera iluminando su comúnmente sombrío mundo.

 

—A pesar de todo —se dijo a sí mismo, en medio de una vereda abandonada—, hoy fue un buen día…

 

De pronto, un golpe en la parte superior de su cabeza interrumpió sus palabras, envolviéndolo en una profunda oscuridad.

 

 

—Despierta…

 

«Ah, mi cabeza».

 

—Despierta, oh, dulce niño…

 

«¿De quién es esa voz?».

 

—Abre los ojos, Mack.

 

Tras escuchar eso, él abrió los ojos, y se encontró en un lugar en el que nunca había estado.

 

Todo a su alrededor era blanco; las paredes, el techo, los mosaicos del piso, hasta el sofá en el que se encontraba acostado. Lo único que resaltaba, era un par de extrañas plantas que había colocadas en las esquinas de aquel lugar, cuya extravagante gama de colores contrastaba con la habitación blanca donde se encontraba. Eso y también aquella bella mujer de amplia sonrisa que estaba de cuclillas a un lado de él.

 

—¿Dónde estoy…?

—Alma humana, cinco mil doscientos noventa y siete millones, cuatrocientos veinte mil sesenta y nueve —dijo aquella mujer, acariciando el cabello de Mack sin dejar de sonreír—, conocido en vida como Mack Donaldson, se bienvenido a Nirvana. Mi nombre es Pandora, Diosa de la Vía Láctea. Lamento decirte esto, pero hoy has perdido la vida.

 

Después de eso, Pandora le explicó detalladamente a Mack los últimos momentos de su vida. Él pudo notar cierta consternación en la voz de la Diosa, a pesar de que ella mantuvo una sonrisa en su cara todo el tiempo.

 

—Y básicamente, eso es lo que ocurrió.

—Déjeme ver si entendí bien —musitó Mack Donaldson, tratando de entender lo que había escuchado de aquella extraña mujer—. Cuando yo caminaba de regreso a casa, un águila se encontraba de cacería.

—Así es —confirmó Pandora, cuya sonrisa encantadora lo empezaba a perturbar.

—Esa águila decidió que una tortuga se veía muy bien como una buena cena…

—Veo que entiendes de qué forma funcionan las cadenas alimenticias.

—Eh, si —continuó Mack, aun tratando de asimilar todo—, pero al verse incapaz de comerse a esa tortuga por culpa de su caparazón, el águila concluyó que sería una buena idea llevarla de paseo, aventarla de doscientos metros de altura, y así romper su caparazón.

—Exacto.

—Y, por una falla de cálculos, no sólo la tortuga sobrevivió a dicha caída, sino que fracturó el cráneo de un desafortunado transeúnte —concluyó Mack, volteando a ver a aquella mujer—, o sea, fracturó mi cráneo.

—¡Lo siento tanto! —exclamó Pandora, dejando de sonreír por primera vez desde que comenzó esa charla—. La fuerza del viento era la correcta, el ángulo de la caída también, incluso la hora del día. Es como si algo que no estaba planeado hubiese ocurrido…

—¡Claro! ¡Yo sabía que debía ignorar a la tal Britanny esa!

—Oh, con que eso fue lo que ocurrió —dijo Pandora, haciendo aparecer una Tablet, e ingresando algunos datos en la misma—, según mis cálculos, y sin temor a equivocarme, ese factor en específico no lo tenía presente. Por lo tanto, actuaste fuera de tu destino, y eso fue lo que causó tu muerte.

—Oh, vaya —soltó Mack, recargándose en el respaldo del sofá y llevando sus manos a la cara—. Kelly estará muy disgustada de que no pueda ayudarla a estudiar este sábado…

—No te preocupes, ella estará bien. De hecho, todas las personas que te rodeaban, estarán bien. Una muerte súbita como la tuya, siempre hace que las personas alrededor de los difuntos se enfoquen en mejorar su destino. Bueno, el único que no mejorará su destino a corto plazo es aquel chico llamado Brutus, ya que reprobara el año nuevamente, aunque su banda de trash metal se volverá muy exitosa en un futuro…

—Interesante…

—Como sea, un error de cálculo como ese puede y debe ser enmendado. Afortunadamente, tengo la suficiente autoridad para devolverte a la vida…

—¿Entonces podré volver a mi antigua vida?

—No. Eso es imposible incluso para mí —negó la divinidad mientras hacía cálculos en su Tablet—. Eso rompería la continuidad espacio temporal, y quién sabe qué tipo de desastres podría causar eso en tu antiguo planeta.

—Oh…

—Pero lo que sí puedo hacer, es enviarte a algún planeta con vida, de iguales o parecidas características físicas que las de tu planeta de origen. Sólo tendría que introducir tu alma al cuerpo de alguien compatible contigo. Además, como una pequeña cortesía, he decidido que te daré un número determinado de reencarnaciones por cada diez…

 

En ese momento, la Diosa dejó de sonreír y se puso completamente pálida y temblorosa.

 

—¿Eh? ¿Por cada diez qué?

—Te daré una nueva vida, por cada diez años que no hayas vivido.

—Oh, ¿y cuántas vidas serán entonces?

—…Siete —susurró, con un volumen de voz muy bajo.

—¿Eh? ¿Qué dijiste?

—¡Siete! —gritó Pandora, rompiendo su aparente tranquilidad—. ¡Serán siete vidas extra! ¡Estabas destinado a vivir 87 años! ¿De acuerdo? ¡Así que ahora revivirás siete malditas veces!

—Oh, no necesita gritar ni maldecir, señorita Pandora.

—¡Lo siento tanto! —exclamó, conteniendo su llanto con todas sus fuerzas—. Es sólo que nunca me había equivocado con tanto margen de error. Habían sido meses, diez años a lo mucho, pero nunca más de eso…

—No hay problema —dijo Mack, abrazando a la Diosa que finalmente, comenzó a llorar—, llore si lo necesita. Desahóguese. Los errores ocurren, así que comprendo perfectamente su situación.

—Eres tan comprensivo —musitó mientras secaba sus lágrimas, a pesar de que estas no dejaban de salir—. Hace casi doscientos años que pasó por aquí la última persona que fue así de comprensiva conmigo.

 

Pandora siguió llorando un par de minutos, que para Mack fueron una eternidad, y cuando por fin se desahogó, dijo:

 

—Te daré una nueva vida por cada diez años que no hayas vivido, y como un servicio especial, también te entregaré una habilidad especial a libre elección, para que tus próximas vidas sean más productivas para ti.

—Oh, eso —dijo Mack, rascándose la cabeza—, eso suena muy interesante. ¿Hay alguna restricción que deba conocer a cerca de los ciclos de mis próximas vidas, o de la habilidad que me darás?

—Me gustaría decir que no —respondió Pandora, para luego limpiar su nariz con un pañuelo que generó de la nada—. Pero si las hay. Por ejemplo, no puedes pedir ser inmortal, o tener algún poder de magnitudes inimaginables. Oh, y cada vez que una vida termine, todos tus recuerdos y las cosas que hayas aprendido serán olvidados y sólo podrás recordar esos acontecimientos cuando regreses a Nirvana.

—Eso suena como un inconveniente para mí —reflexionó el chico sobre lo que acababa de escuchar—. Una pregunta más, ¿esa habilidad podría contrarrestar la pérdida de mis recuerdos?

—¿Cómo?

—Ya sabe. Me gustaría poder recordar todo lo que haya vivido o aprendido en mis vidas pasadas. No quiero tener que empezar de cero todo cada vez que muera…

—¿Estás seguro de tu elección? —preguntó Pandora, un poco intrigada —. Creo que no te dije esto, pero puede ser que resucites en algún mundo con abundante energía mágica, o con presencia de seres inimaginables. Podrías pedir algo más, como mayor afinidad a aprender hechizos, poder domar bestias sólo con mirarlas, e incluso ser irresistible para aquellas personas que te interesen…

—Todo eso suena muy bien, pero no sé en qué clase de mundo vaya a resucitar. Puede que aparezca en algún mundo exactamente como mi mundo pasado, donde la magia no es abundante o no hay bestias que aterroricen poblados enteros. En cambio, si puedo recordar todo aquello que haya vivido, independientemente del mundo en que reviva, puede que me permita tener conocimientos esenciales para poder salir adelante, no importa en qué situación me encuentre.

 

Pandora se quedó viendo a Mack, asombrada por la claridad mental que él tenía. Intrigada, comenzó a hacer posibles escenarios en su cabeza, viendo todos los posibles futuros que podrían llegar a ocurrirle al chico frente a ella.

 

—Mack Donaldson, debo admitir que me has sorprendido. No sólo has demostrado que eres un ser comprensivo, sino que también tienes cierto grado de agilidad mental y ansias de conseguir conocimiento. Te permitiré tener la habilidad que has pedido, y en cuanto estés listo, puedes partir a tu nueva vida.

—Que sea ahora mismo —pidió Mack, poniéndose de pie.

—Me agrada tu entusiasmo —sonrió Pandora mientras tocaba la frente de Mack, quien empezó a desvanecerse—. Espero que tu próxima vida sea larga, prospera y feliz.

—Sí, no creo que eso ocurra. Después de todo, esto debe ser una mala pesadilla y debo estar a punto de despertar.

—¿Qué?

—Así es —contestó Mack, con el último rastro de su presencia en Nirvana—, despertaré por la mañana, y todo esto no será más que un sueño extraño…

 

Pandora se quedó pasmada. Sabía que la mayoría de las personas que recibían una segunda oportunidad de vivir, la aceptaban con gran alegría y agradecimiento, y esperaba que Mack perteneciera a ese grupo debido a que mostró cierto grado de apertura de su mente. Pero lo que no esperaba, era que fuera del otro grupo de personas, aquellas que no aceptan su muerte, y que terminan muriendo en su nueva vida a las pocas semanas.

 

—Como sea, se dará cuenta de que no le mentí en cuanto abra los ojos. Aunque tengo el presentimiento de que lo veré de regreso muy pronto —Se dijo a sí misma la Diosa mientras se acostaba en aquel sofá blanco y miraba por la Tablet la nueva vida de Mack Donaldson.

 

 

En cuanto abrió sus ojos, Mack Donaldson se encontró en un tipo de cabaña de madera, acostado en una hamaca, y rodeado de pieles con diferentes patrones, lanzas y espadas.

 

Sabía que, definitivamente, esa no era su habitación.

 

—Oh, vaya. Creo que esa tal Pandora no me mintió después de todo —soltó, cerrando sus ojos de nuevo—, o puede ser que sólo necesite dormir un poco más, y en cuanto despierte me encuentre de nuevo en mi habitación.

 

Un montón de recuerdos comenzó a inundar su mente. Desde técnicas de combate con todo tipo de armas, hasta los vítores de la gente que vivía en la ciudad más allá del bosque donde se encontraba.

 

A pesar de seguir en negación, y después de una breve siesta, un rugido sacudió aquella cabaña. Aterrorizado, Mack saltó de la hamaca, instintivamente tomó una de las lanzas, y salió corriendo de la cabaña.

 

Frente a él, se encontraba un dragón de más de veinte metros de altura, con una piel roja y cubierta de escamas, y unas alas impresionantes.

 

—¡Definitivamente tengo que seguir soñando!

 

Aquel dragón se lanzó en contra de Mack, quien pudo esquivar la mordida del lagarto alado. No sabía cómo ni porqué, pero conocía el momento y lugar precisos en los que debía atacar a aquel ser, como si lo hubiera aprendido hacía mucho tiempo.

 

Después de un rato luchando contra aquella bestia, Mack logró cortar de un tajo una de las alas del reptil. Este lanzó un rugido de dolor y de furia.

 

De pronto, él vio cómo de la boca de la bestia, empezaba a emanar un tipo de humo oscuro, de repente supo de qué se trataba. Se lanzó a la izquierda al mismo tiempo que el dragón escupió su aliento de fuego completamente sobre la cabaña.

 

—¡Oye, bastardo! ¿Sabes cuánto tiempo me costó conseguir toda esa madera? —gritó Mack, lanzando su arma al piso y recordando todo lo que le costó a ese cuerpo, hacer esa cabaña—. ¡Pagarás por esto, infeliz!

 

El dragón sólo volvió a llenar su garganta de material incandescente, pero en ese instante, Mack aprovechó para tomar su arma, lanzarla al pecho de aquella bestia, y acabar así con esa amenaza. Él vio cómo ese lagarto se desplomaba, haciendo que las últimas aves que se encontraban en aquel espeso bosque, salieran volando después del impacto.

 

Con más preguntas en su cabeza, el chico se dirigió a un acantilado cercano a su cabaña. Si era real lo que Pandora le había dicho, al morir después de esa caída, volvería a encontrarse con ella en Nirvana.

 

Tras unas cuantas horas, llegó al lugar donde pondría un final a su segunda vida.

 

—Disculpa lo que voy a hacer, Fergus —murmuró Mack mientras daba su salto de fe—, pero necesito encontrar más respuestas…

 

 

—Despierta…

 

«Definitivamente fue una muy mala idea…».

 

—Vamos, Mack. ¿O, debería llamarte Fergus? Cómo sea, abre esos ojos.

 

«Si iba a hacer esto, debí dejar que me comiera el dragón en primer lugar, tal vez, habría sido menos doloroso…».

 

—Des-pi-er-ta, niño querido.

 

En ese momento, Mack abrió los ojos. Como había sospechado, se encontraba nuevamente en Nirvana, aquel lugar incómodamente blanco, y con Pandora a su lado. La diosa tenía su típica sonrisa, y acariciaba el cabello de Mack.

 

—Me gusta la nueva apariencia de tu cuerpo. Varonil e imponente. Nada que ver con la apariencia juvenil y enclenque de tu primera vida.

—Eso me ofende, de cierta manera…

—¿En verdad creíste que esto era un sueño, eh?

—Tenía que comprobarlo. Aunque siento un poco de lástima por Fergus, era un cazador de bestias muy famoso y respetado en ese mundo.

—No lo hagas, su alma está en un mejor lugar ahora, y tú te encargaste de darle una, ejem, buena sepultura a su cuerpo. Además, no tienes que decirme acerca de su vida, conozco casi a la perfección la vida y obra de cada ser vivo en esta galaxia. Aunque debo admitir que me sorprende mucho que hayas perdido dos vidas en un periodo de tiempo relativamente corto.

—Debo empezar a confiar más en tu palabra…

—Dime, Mack, ¿estás listo para empezar tu tercera vida?

—Creo que comprobé lo que quería saber —afirmó  él, poniéndose de pie—, así que sí, en cuanto usted quiera, Diosa.

—Muy bien, hijo querido. Solamente me gustaría darte una pequeña advertencia antes de que te vayas. La muerte es un proceso muy agotador, tanto para los cuerpos como para las almas que la experimentan. Normalmente los cuerpos son desechados y las almas regresan a ser purificadas a la Fuente de la Vida, pero en el caso de las almas que experimentan un regreso a la vida, estas sufren de un desgaste que poco a poco acaba con su resistencia. A partir de ahora, procura que tus muertes ocurran al menos con tres meses de diferencia. De lo contrario, podrías sucumbir a la locura en alguna de tus próximas vidas.

—Lo tendré en cuenta.

—Muy bien, sólo me queda decirte: que tu próxima vida sea larga, prospera y feliz.

 

Y, en ese instante, Mack se embarcó hacia su tercera vida, sin saber a ciencia cierta lo que le esperaba. Podría despertar en el cuerpo de un aristócrata, o tal vez en un mago o guerrero. Lo único que sabía, era que sin importar lo que ocurriera, trataría de aprender todo lo que pudiera, y sobre todo, trataría de no arruinar las cosas, sin importar el costo.