Las ocho vidas

Capítulo 2: Si el primero no funciona, usa el plan “dos”

La tercera vida de Mack Donaldson transcurrió sin pena ni gloria.

 

Tomó el lugar de un minero llamado Fritz Schwartz, en un planeta cuyos habitantes vivían bajo tierra debido a las despiadadas temperaturas. Tan atroces eran los cambios de temperatura, que oscilaban entre los 250°C al medio día y descendían hasta los - 150°C por las noches.

 

Con los conocimientos de aquel hombre, Mack aprendió a distinguir entre los distintos tipos de: minerales, piedras preciosas y materiales que se podían extraer de la tierra. Sin embargo, en medio de la excavación de un túnel donde encontró una sepa de mineral de hierro, las vigas de soporte colapsaron, dejándolo sepultado vivo.

 

La cuarta vida que Mack obtuvo, fue la del aprendiz de un gran hechicero, el más poderoso de su reino, pero al mismo tiempo, el más despreciado debido a la naturaleza de algunos de sus hechizos.

 

En la quinta vida, Mack tomó la identidad de un ladrón buscado incasablemente en todos los reinos de aquel planeta, y que secretamente, estaba al servicio de una muy poderosa reina, que pese a la negativa de su esposo el rey, no dejaba de patrocinarlo.

 

La sexta vida fue un poco más pacífica.

 

A Mack le agradaba, ya que había tomado el lugar de un granjero, llamado Gerg Spruns, en una extensa planicie a las afueras de una bulliciosa ciudad. Él sabía que si quería tener un día tranquilo, solamente debía quedarse en casa, prender la radio y estar sentado en el pórtico de su finca, en compañía de su hermosa mujer y viendo jugar a sus hijos en los alrededores.

 

En cierto modo, eso era lo que había imaginado como su “futuro ideal” en su primera vida, aquella que poco a poco se desvanecía; cual recuerdo lejano que se pierde en los rincones de la mente.

 

—Gerg, te quedaste viendo al vacío de nuevo —dijo Cerva Spruns, la esposa del hombre al que Mack había reemplazado—. ¿Ocurre algo?

—Perdón. Creo que me quedé recordando algo que pasó hace mucho tiempo.

—Oh, ¿en serio? ¿Puedo saber en qué estabas pensando?

—En muchas cosas. En recuerdos difusos, como si… como si hubiera dejado atrás algo muy importante, y que ya no podré recuperar nunca.

 

Por algún motivo, Mack aún no había aceptado del todo el que su primera vida hubiera terminado. Inconscientemente, sabía que no era nada más que un impostor, un reemplazo de las personas en las que había reencarnado.

 

—Sabes que puedes contarme lo que quieras, ¿verdad, mi amor?

—¿En serio? Entonces, ¿puedo confiarte un secreto, Cerva? ¿Me creerías que yo no soy tu esposo? ¿Qué lo único que queda de él es un cascarón vacío, que fue ocupado por el alma de un joven de 17 años? Y no sólo eso, ¿me creerías que no sólo he reemplazado a tu esposo, si no que antes también he reemplazado a otros cinco hombres, de cinco diferentes vidas?

 

Cerva no respondió. Se quedó viendo a los ojos de su esposo, con una expresión completamente seria. Después soltó una risilla nerviosa, sonrió, y le dijo:

 

—Sinceramente no sé por qué no te dedicaste a la escritura o la actuación, eres buenísimo para crear este tipo de historias. Por un momento estuve a punto de creer cada una de las palabras que dijiste.

 

De algún modo, Mack esperaba ese tipo de respuesta por parte de la esposa de Gerg. Por los recuerdos de aquel hombre, sabía que una de las cosas que enamoró a esa mujer, fueron todas las ocurrencias que decía y su buen humor. No era su culpa que ella no le creyera. Pero aun así, Mack se sintió decepcionado, ya que nadie podría comprender lo que había estado viviendo a lo largo de sus vidas.

 

Esa tarde tranquila dio paso a la noche, y después que ambos les desearon las buenas noches a sus hijos, la pareja se fue a su habitación. Como de costumbre, Mack se tiró en la cama, esperando el momento de cerrar los ojos y empezar a recibir oleadas de sueños de todas sus vidas pasadas, pero esa noche iba a ser diferente.

 

Cerva lo abrazo por la espalda, al mismo tiempo que besaba su cuello.

 

—Eh, espera, ¿qué haces? —preguntó Mack, totalmente sorprendido.

—Vamos, Gerg, desde aquel día de hace seis meses que no me tocas. ¿Acaso ya no me amas?

 

Mack sabía que dependiendo de su respuesta, las próximas dos a tres semanas podrían ser o un caos, o una fantasía. Aunque le interesaba descubrir cómo era la interacción de pareja en esa cultura, al mismo tiempo, sabía que no era correcto meterse con la mujer de alguien más.

 

—Claro que te amo, querida. Es sólo que estos pensamientos de mi cabeza no dejan de aparecer, y aunque no quiera, terminan agotándome física y mentalmente.

—Entonces necesito que me lo pruebes —dijo Cerva, haciendo que la espalda de Mack estuviera posada en su cama mientras ella subía encima de él—, puedo sentir a la perfección la sinceridad de tus palabras, pero también necesito que me des un poco de…

—La ventana está brillando mucho.

—¡No me interrumpas!

—¡No, en serio! ¡La ventana está…!

 

En ese momento, una descarga de energía, proveniente de la estrella más cercana a ese sistema solar, carbonizo todo rastro de vida, no sólo en ese planeta, sino a varios años luz de distancia de la misma. Después de todo, las explosiones cósmicas conocidas como “Súper Novas” son verdaderamente devastadoras. Y no ayudó en mucho que los científicos de ese planeta nunca le hubieran prestado atención a lo que había más allá de su mundo.

 

 

 

—Des…

—No tienes que decirlo, “des-pi-er-ta, niño querido” —dijo Mack, sacudiendo todo su cuerpo y frotando sus ojos. Sorprendentemente para él, por primera vez no había podido descansar después de su muerte—. Eso fue extremadamente violento y súbito. Aún puedo sentir el calor en mi piel.

—Lo sé. En este momento hay un caos increíble aquí en Nirvana, no sabes cuántos planetas con vida fueron carbonizados, y cuántas vidas terminaron. Esa fue una Súper Nova muy violenta.

—¿Los resucitarán a todos?

—¿Bromeas? Tendríamos que reemplazar generaciones enteras de almas en millones de planetas alrededor de toda la galaxia. Además, hay una excepción a la regla sobre las muertes accidentales: si estas son causadas por una Súper Nova, un hoyo negro u otro tipo de catástrofe interplanetaria, esas almas deberán ser regresadas a la “Fuente de la Vida” sin excepción alguna. Eso en palabras de mi antecesora.

—Espera, ¿hubo alguien antes que tú, como Diosa de la Galaxia?

—Así es, pero es una historia muy larga y demasiado triste para contártela en este momento. Además, no marcará ninguna diferencia en tus próximas vidas.

—Oh…

—Como sea, ¿estás listo para ir a tu séptima vida?

—Eso creo.

—Entonces, Mack Donaldson, te deseo…

—No lo digas, empiezo a creer que tus “buenos deseos” en realidad son una maldición.

—Si así lo deseas, entonces —musitó Pandora, con su típica sonrisa—. Nos vemos luego, hijo querido.

 

 

 

La séptima vida de Mack transcurrió en un entorno casi conocido para él. Un mundo que se asemejaba a la época medieval, con caballeros y criaturas de fantasía, donde las personas que buscaban fama y fortuna decidían salir de sus pueblos en búsqueda de aventuras y hazañas increíbles.

 

Por primera vez, decidió que usaría su verdadero nombre y no el de la persona a la que había reemplazado. En parte para ver si, de esa forma, lograba desarrollar cierto sentimiento de pertenencia en ese mundo, y en parte porque el nombre de aquel sujeto era Dick Long…

 

Después de un par de años viajando, había formado un grupo sólido con otras tres leales personas: Gregory, un arquero cuyas flechas casi nunca fallaban; Melinda, una curandera capaz de tratar y sanar casi cualquier enfermedad o lesión, y Noam, un leal paladín con complejo de súper héroe.

 

Luego de vivir muchas aventuras, lograr grandes hazañas y conseguir la admiración y el respeto de la gente de todos los reinos, a Mack y su grupo de aliados sólo les hacía falta una última misión: acabar con el reinado del terror de Hellgon, el Rey Demonio.

 

Tras meses de preparación, Mack y compañía se dirigieron al lugar donde se encontraba la guarida de Hellgon. Como decía la leyenda, una imponente cueva al pie de la montaña más alta del mundo, era el punto de acceso a ese sitio.

 

—Antes de que nos adentremos, ¿están todos listos? —preguntó Mack, que iba caminando al frente del pequeño contingente.

—Nací listo —respondió Gregory, estirando la cuerda de su arco como forma de preparación.

—Pueden contar conmigo para curar cualquier herida —afirmó Melinda, que abrazaba con mucha fuerza su grimorio lleno de hechizos, aunque sólo dominaba los curativos.

—No debe dudar ni un poco de nosotros, admirable líder —añadió Noam, con el clásico tono heroico que usaba al hablar—. Recuerde que a pesar de todo, nuestras escaramuzas han servido de entrenamiento para este momento específico. Vuestros camaradas y vuestra merced estamos sobre capacitados para desempeñar tan heroica y noble proeza, y nuestro cuerpo no tendrá reposo hasta que el terrible tirano haya decidido cesar su despreciable actuar o sucumba ante nuestras armas.

—Eh, sí. Gracias por el discurso, Noam, fue muy conmovedor.

—Cuenta con un servidor en caso de requerir mis invaluables servicios.

—Sí. Como sea, entonces entremos a esa cueva y acabemos con el Rey Demonio Hellgon.

—¡Sí! —respondieron en coro los tres aliados de Mack, y se adentraron en la cueva, con la misión de derrocar a Hellgon y traer paz al mundo…

 

O, al menos, eso es lo que creían.

 

Después de varias horas luchando contra ogros, duendes, elfos oscuros y trolls, el grupo de héroes estaba a las puertas de la última cámara de esa red de cuevas. Sin embargo, las cosas no habían salido como ellos esperaban…

 

—Creo que esto fue una muy mala idea, Mack —dijo Gregory—. Sólo me quedan seis flechas, y ni siquiera hemos empezado la lucha contra el Rey Demonio.

—Oh, ya veo. ¿No puedes recuperar las flechas de los cadáveres de duende que dejamos en la cueva de allá atrás?

—Lo podría haber hecho, si Melinda no hubiera quemado esa pila de cadáveres.

—Perdón. Era una escena tan grotesca que creo que iba a… —Sin poder contener las ganas de vomitar, Melinda no terminó aquella oración.

—Eso es desagradable —soltó Mack, cubriendo sus ojos—. Como sea, no podemos regresar ahora, literalmente estamos frente a la cámara principal de la mazmorra, y si volvemos, perderemos el factor sorpresa…

—Señor Mack, mi brazo derecho lamentablemente está roto —anunció Noam—. Aún soy capaz de defender su honor, pero lamento informarle que mis capacidades motrices se verán mermadas por esa situación.

—¿Lo puedes curar, Melinda? —preguntó Mack, pero vio como ella seguía vomitando—. Eh, olvídalo. Tómate tu tiempo.

«En momentos como este, desearía haber aprendido aquel hechizo de curación dos vidas atrás», pensó mientras se rascaba la nuca.

—Muy bien chicos, tiempo fuera —concedió Mack, sentándose en una piedra—. ¿Alguien tiene sed? ¿Alguien quiere un poco de pan? ¿No? Bien. Veamos, más o menos hemos estado en esta mazmorra por cinco horas, ¿no?

—Afirmativo —contestó Noam, al mismo tiempo que acomodaba los huesos de su brazo.

—Oh, eso debió doler. Ejem, continúo, ¿alguno de ustedes recuerda qué camino seguimos para llegar aquí?

—No —contestaron en coro Noam, Melinda y Gregory mientras se sentaban en otras piedras.

—Muy bien. Entonces, si no saben por qué camino llegamos, ¿cómo planean regresar al exterior de esta mazmorra?

 

Confundidos, los tres acompañantes de Mack se miraron entre sí. .

 

—Exacto. ¿No creen que Hellgon, el “Malvado Rey Demonio”, tendrá un mapa detallado que nos indicará cómo regresar al exterior? O, algo mejor, un tipo de pasadizo secreto que nos ahorre toda la caminata.

—Es probable, sí —respondió Gregory, poniéndose de pie—, pero yo casi no tengo armas, Noam no podrá luchar con todas sus capacidades, y Melinda ni siquiera es una guerrera, ¿cómo piensas hacerle frente al tirano más grande del mundo?

—No se preocupen, déjenmelo todo a mí —pidió Mack, totalmente confiado de sí mismo—, aún me quedan uno o dos trucos bajo la manga. Oh, por cierto, ¿te encuentras bien, Mel?

—Creo que ya no puedo sacar nada más del estómago —contestó sin voltear a verlo. No quería que se burlara de su cara pálida después de vomitar lo que había comido esa mañana.

—¿Necesitas agua?

—Un poco, por favor…

 

Después de ese diálogo, Mack y compañía se dispusieron a entrar en la cámara principal de la mazmorra.

 

Abrieron de par en par las puertas de ese lugar, y no dieron crédito a lo que sus ojos vieron.

 

A diferencia del resto del lugar, que no era nada más que un conjunto de cuevas húmedas, esa cámara estaba majestuosamente decorada con cuadros, estatuas y toda clase de porcelana de la más alta rareza.

 

Además, exactamente en el otro extremo de la cámara, se encontraba un trono hecho con oro y terciopelo fino, y allí se encontraba sentado Hellgon, el Rey Demonio. Su pálida piel, su larga cabellera de un rojo intenso, así como un par de alas de murciélago que salían de su espalda, le daban un toque verdaderamente aterrador a aquel ser, aunque la forma despreocupada en la que recargaba su cabeza en su mano derecha, lo hacía parecer menos intimidante de lo que en verdad era.

 

—Me preguntaba de dónde venía todo ese alboroto que interrumpía mi sesión de sueño —dijo una voz profunda y varonil—, así que eran ustedes los que estaban haciendo escándalo por aquí.

—¡Hellgon, Rey Demonio, hemos venido a acabar contigo! —gritó Mack, señalando con su índice derecho al demonio.

—¿Hemos?

—¡Así es! ¡Nosotros hemos venido a…! —exclamó Mack, volteando a ver a su derecha, dónde se suponía siempre estaría Gregory preparando una flecha.

 

Después, volteó a la izquierda y vio que tampoco estaban Melinda preparando su libro de hechizos curativos, ni Noam preparándose para embestir al enemigo.

 

—Este, ¿me permite un momento, por favor?

 

Tras decir eso, Mack salió corriendo de la cámara principal, y vio a su equipo huyendo a lo lejos.

 

—¡Espero que acepte mis disculpas, Sir Mack Donaldson! ¡No sabía que Gregory y Melinda tuvieran excepcionales capacidades físicas como para tratarme cual tronco de roble! —gritó en medio del llanto Noam, al tiempo que Gregory y Melinda lo llevaban cargando en sus hombros.

—¡Hey! ¡Esperen, traidores…!

 

En ese momento, un rayo impactó a un lado de Mack, quien volteó a ver sorprendido a Hellgon.

 

—Oh, no me vayas a decir que ya no quieres jugar ahora que tus amiguitos se fueron.

—Eso es lo que quisieras escuchar, demonio —replicó, después de inhalar profundamente—, es sólo que me sorprendiste. Además, no esperaba tener la libertad de luchar con todas mis capacidades contra ti.

—Oh, ¿entonces en lugar de huir como lo hacen todos, vendrás a tratar de siquiera tocarme?

—Así es —expresó Mack, apareciendo súbitamente al lado de Hellgon, conectando un puñetazo que lo  hizo salir volando de su asiento.

«¿Pero qué?» pensó Hellgon, quien no tuvo tiempo de reaccionar ante el segundo golpe de Mack. Apenas pudo ponerse de pie cuando logró bloquear el tercer golpe al atrapar la mano derecha de su atacante.

—No sé qué clase de trucos utilizas, humano asqueroso —gruñó el demonio, azotándolo en el piso—, pero no te servirán contra mí.

 

En el momento que se dispuso a azotar de nuevo a Mack, este se liberó del agarre de Hellgon.

 

Aprovechando la oportunidad, lanzó una pata barrida, la cual provocó que el Rey cayera de espaldas.

 

Sin embargo, el demonio había preparado un ataque de energía para acabar de una vez por todas con la batalla, pero al resbalar, esa descarga impactó el techo de la cámara principal de la mazmorra, haciendo que todo el cúmulo de roca y tierra que había encima, cayera sobre ellos.

 

—Oh, ya he vivido esto antes…

 

No importa qué tan fuerte o poderoso fuera cualquier ser, si una montaña caía encima de él, sólo podía significar la muerte segura.

 

Después de eso, todo se volvió oscuridad alrededor de Mack. Su cuerpo se sentía pesado y adolorido, y todo se quedó en un lúgubre silencio…

 

 

 

—Hola, cariño.

 

En esta ocasión, no hubo descanso. La muerte había sido muy violenta, después de todo.

 

—Despierta. Oye, despierta —dijo Pandora, aunque Mack deseaba que se tratase de un mal sueño—, sé que es difícil despertar después de morir aplastado por una montaña, pero debes abrir los ojos.

—Me duele todo el cuerpo, además, si no abro los ojos, será como si mi muerte nunca hubiera pasado.

—Pero si pasó, oh, dulce, dulce niño. Has muerto por séptima vez.

—No tienes que recordármelo…

—Lo siento mucho, mi amado hijo, pero tú conoces las reglas, y yo también. Es mi deber informarte en tiempo y forma, que has muerto.

—Cinco minutos más. Dame cinco minutos y haré lo que quieras.

—Esta no es una de esas mañanas en las que no querías ir a la escuela, cariño.

 

Después de escuchar eso, Mack Donaldson abrió sus ojos, y se encontró de nuevo en aquel lugar que había visitado seis veces antes, y que cada vez que volvía a ver, lo acercaba un paso más a la muerte eterna.

 

—Estoy de regreso en Nirvana, ¿verdad, Pandora?

—Así es, mi dulce, dulce hijo, Mack Donaldson —respondió la Diosa, extendiendo sus brazos en dirección a él—. Bienvenido, por séptima vez.

 

Mack sentía que había perdido una gran parte de su existencia. A fin de cuentas, en esa última vida, había conseguido tantos logros, tantas hazañas, que ver desaparecer todo eso, así como si nada, lo hacía sentirse impotente.

 

—¿Ocurre algo, dulce niño?

—Esta vez lo perdí todo. Todo por lo que había trabajado durante tanto tiempo, todo eso se esfumó.

—Oh, ¿estás empezando a desarrollar cierto sentido de pertenencia? Esa es una buena noticia, la mala noticia es que lo has empezado a hacer, durante tu penúltima oportunidad de volver a la vida. Una sola muerte más, y todo habrá terminado definitivamente.

 

Mack se quedó pensando en esas palabras. Una muerte más. Había muerto de varias maneras, unas más violentas que las otras, como si el destino mismo estuviera jugando en su contra.

 

—¿Tú estás detrás de todos esos accidentes? —preguntó, al mismo tiempo que se sentaba en el sofá.

—Para nada, Mack. Si hay algo que respeto y que me niego rotundamente a romper, es el libre albedrío, en el cuál se incluye que no debo influenciar, ni para bien ni para mal, en lo que ocurra o deje de ocurrir en la vida de los habitantes de la galaxia.

—Entonces, ¿todo esto se trata de simple mala suerte?

—Tengo una teoría —contestó Pandora, sentándose a su lado—. Al reemplazar a ciertos individuos, puede que el destino conspire en tu contra. Como literalmente le arrebatas la existencia a alguien más, el karma puede tener ciertos conflictos en tu contra, por lo cual te ocurren todas esas cosas.

—Oh, perfecto. Entonces es un simple problema con el karma. Sencillo. ¿Hay alguna forma de revertir eso?

—Hasta donde sé, es imposible revertir un mal karma a menos que lo contrarrestes acumulando buen karma. Pero, a lo largo de casi todas tus vidas, has estado haciendo eso mismo al ayudar a las demás personas. Puede ser que el hecho de arrebatarle la existencia a alguien más, te haga acumular mucho, mucho karma negativo.

—¿Entonces…?

—Me gustaría probar algo —musitó la mujer divina, haciendo aparecer su Tablet e ingresando en ella algunos datos.

—Esa cosa me trae malos recuerdos…

—No te preocupes, esta vez es diferente. Estoy buscando a todos aquellos no nacidos que son compatibles con la información que acarrea tu alma.

—¿No nacidos?

—Así es. El karma te persigue si tomas el lugar de alguien que ya haya estado viviendo en esa vida. Pero ¿y si empezaras una vida de cero? Puede, y sólo puede ser, que el karma no te persiga desde el principio y eso te ayude a que ese tipo de catástrofes que te persiguen dejen de hacerlo.

—Oh…

—Además, puede que esto te ayude a sentir un verdadero apego a tu nueva vida. He notado que no te has sentido cómodo con ciertas situaciones que han ocurrido a tu alrededor.

 

Mack sólo asintió. Sabía que eso último era cierto, así que estaba dispuesto a probar cualquier cosa con tal de sentir que por fin estaba viviendo su propia vida y no reemplazando a alguien más.

 

—Antes de que te mande al cuerpo de un no nacido, dime, ¿tienes algún inconveniente con este plan? Si es así, te puedo asignar alguna otra vida…

—Hagámoslo —expresó Mack, poniéndose de pie.

—Excelente. Sólo necesito encontrar a alguien que… Oh, ahí está —dijo Pandora, casi soltando un grito—, rápido, si nos tardamos un solo segundo, ese cuerpo será ocupado por otra alma.

—Estoy listo.

—Que tu próxima vida sea larga, prospera…

 

Pandora no terminó de decir su frase cuando Mack ya se había ido. En cierto modo, para ella más que una frase, era un tipo de augurio, uno que prometía una vida llena de momentos felices para compensar el error de haber muerto antes de tiempo. Pero ahora que esa frase no había sido completada, no sabía qué tipo de resultados podría obtener.

 

—… y feliz. Oh, bueno. Espero que no sea un augurio de que será una vida corta de nuevo, aunque esto es nuevo. Como sea, es hora de ver qué tipo de vida te espera, Mack Donaldson.

 

 

 

Los primeros días fueron de completa oscuridad. Para alguien que había ido y venido de vida en vida durante tanto tiempo, empezar desde cero, era algo nuevo. Una nueva vida, con un montón de posibilidades, estaba a la espera de Mack.

 

—Oh, pero que lindo es tu bebé, hija —dijo una voz dulce, que Mack no pudo reconocer debido a que sus ojos eran demasiado inmaduros para siquiera poder abrirse.

—Claro mamá, es un retrato idéntico de mí —afirmó aquella mujer que, orgullosamente, llevaba a ese recién nacido en sus brazos.

—¿Y cuál será el nombre de mi lindo nieto?

—Friedrich —respondió la mujer—. Friedrich McTavish.

—Yo esperaba que le pusieras el nombre de tu padre…

—Eh, Otis es un gran nombre, pero creo que Friedrich le queda mucho mejor a mi hijo.

 

En ese momento, Mack abrió los ojos por primera vez, viendo directamente a la cara de aquella mujer que ahora era su madre.

 

—¡Mira, tiene los mismos ojos que su padre!

—Supongo que heredó lo mejor de ustedes dos…

«¿Ella es mi madre? —pensó Mack, viendo enseguida el amor que ella le tenía— No sé si pueda reemplazar a mi madre original, pero podría acostumbrarme a ella».

 

 

 

Seis meses pasaron desde aquel día.

 

Mack empezaba a entender por qué los bebés lloraban por cualquier cosa, después de todo, era la única forma en que podía comunicarse con las personas a su alrededor.

 

Quien podía haberlo culpado de empezar a llorar en el momento equivocado, durante un viaje desde su ciudad natal hacia una de las siete metrópolis de ese mundo. Quien podía haberle dicho que ese llanto llamaría la atención de un cuerpo de mercenarios, que esos desgraciados harían un asalto en contra de la caravana en la que viajaba, y terminarían asesinando a todos los adultos que en ella había, dejándolo ahí a su suerte, seguramente para morir de forma miserable.

 

Luego de dos horas de llanto inconsolable, Mack sabía que todo estaba perdido. ¿Así acabaría su vida, sin ni siquiera poder luchar por tener una oportunidad de seguir viviendo?

 

 

 

—Despierta, mi dulce bebé.

—¿Así es como termina, eh? —soltó Mack, aparentemente comunicándose por su mente con Pandora.

—Podría decirse.

—Quién lo diría. El karma fue despiadado conmigo, incluso cuando lo único que hice en esa vida fue dormir, llorar, comer y cagar.

—Mack Donaldson, tengo que decirte algo —dijo Pandora, cargando a aquel pequeño bebé—, no sólo la muerte te permite verme. Las experiencias cercanas a ella hacen que sea posible que tú y yo nos comuniquemos. Y, en este momento, tú aún no estás muerto. Dime Mack, ¿crees en los milagros? —preguntó mientras lo acostaba en el sofá—. Porque estas a punto de vivir uno. Oh, pero antes de que te vayas, que tu vida sea larga, prospera y feliz…

 

 

 

En cuanto abrió los ojos, Mack se encontró siendo cargado por una extraña mujer de piel pálida, cabello rojo y largo, y con unos colmillos sobresaliendo de su labio inferior. No sabía por qué, pero Mack estaba seguro de que esa mujer no era humana.

 

—No me importa lo que digas, Farkl, no dejaré a este pobre bebé ahí a morir miserablemente.

—¿Pero tú estás loca, Irys? ¡Es un niño humano! Si Gurgglo lo encuentra…

—Gurgglo puede comer mierda y morir si quiere. Ni loca dejaré que este pequeño sufra más de lo que ya ha sufrido. Es más, aún no ha crecido lo suficiente para odiarnos sólo por no ser humanas como él, y una mano extra en la cocina nunca está de más.

 

Después de decir eso, Irys volteó a ver a Mack. Los ojos rojos de esa mujer nunca habían visto tan de cerca unos ojos de un café tan claro como los de ese bebé, y con la sonrisa más pura y más sincera que Mack jamás había visto, escuchó salir de esa boca:

 

—Hola, bebé. A partir de hoy, yo seré tu mamá.