Lost in a new life

Capítulo 2: Erick Cooper

Mi nombre es Erick Cooper y tengo diecisiete años, vivo en una  mansión ubicada en la “humilde zona residencial” de Central City, soy miembro de una familia muy bien posicionada y estable: Los Cooper, conocidos mayormente por las grandes empresas que manejamos y la administración de diversas líneas de centros de educación, salud, manufactura y distribución en general, entre otras.

 

Bueno, “manejamos” involucra a muchas personas, ya que en realidad la persona que está a la cabeza de todo esto es principalmente Hans Cooper, mi padrastro.

 

Esta hermosa familia está integrada por: Katherine Cooper, mi querida hermanastra, una chica de aproximadamente mi edad, (aunque, en lo mental, me considero un ser muy superior a ella). Es una chica que, lamentablemente, padece de un grave “complejo de princesa” lo que la hace muy irritante (y ni hablemos de cuando está en “esos días”), lo que la convierte en una persona con quien difícilmente puedo entablar una conversación.

 

En realidad, cuando “converso” con ella es más como si fuera un campo de batalla, debido a su rudeza y posición en la casa, esto la vuelve un rival difícil de vencer, pero felizmente no me encuentro solo en esta mansión, puesto que tengo grandes aliados dentro de esta misma: ¡Alfred! un caballero formal, con una cabellera blanca como la nieve y una sabiduría que haría temblar a los más grandes filósofos y  pensadores de la historia, y la temible Roma, una mujer estricta hasta cierto punto, muy sabia para aconsejar y resolver nuestros problemas y demasiado astuta, lo cual la hace muy peligrosa en algunas ocasiones.

 

Aunque es cierto que existen más sirvientes en la mansión, no puedo considerarlos cercanos a mí, debido a que en su actitud se encuentra marcada la estrecha brecha amo/sirviente la cual no se ven dispuestos a sobrepasar, se limitan a escuchar y obedecer, sobre todo a las estrictas órdenes de padre y su esposa, quienes en mi opinión les dieron la orden de sólo vigilarme y no hacer nada más que eso.

 

Por último (y ya que los acabo de mencionar) Hans Cooper y Laura Cooper, mis padrastros, bueno, se podría decir que también viven en esta mansión, aunque su presencia en la misma actualmente es casi nula; como digo, son padrastros con complejo de "Dios", ya que, sabemos que existen, pero no sabemos dónde están.

 

Actualmente soy un estudiante de la academia de élite "NovaStar", un lugar que te prepara para ingresar a la universidad más prestigiosa del continente, "Fundamenta Montium Cras" o la F.M.C. para los amigos.

 

Claro, "NovaStar" te prepara para ingresar a esta prestigiosa universidad, pero prácticamente desde que ingresas a esta academia ya obtienes tu pase asegurado para ingresar a esta institución, así que no hay que preocuparse, caso contrario, los padres ricachones armarían un gran problema si sus “principitos” no forman parte de aquella prestigiosa universidad.

 

—Joven Cooper, ya es hora de que se aliste para llevarlo a la academia —dice una voz amena, hablando detrás de la puerta de mi dormitorio. 

—Sí, sí, ya voy —contesto con el rostro aún hundido en la almohada.

 

Es Alfred, nuestro querido súper mayordomo.

 

*Clac*, suena la manija de mi puerta.

 

—Tsk, sólo un par de minutos más —digo mientras me cubro con las sábanas de mi cama. 

—Erii… —dice una voz un tanto aguda. 

—¿Eh? ¡Conozco esa voz!

 

Acto seguido, salgo disparado de la cama para confirmar la identidad de aquella personita. 

 

—¡Hermano! —dice una alegre e inocente voz mientras se prepara para saltar.

—¡Pequesaurio! —respondo mientras extiendo mis brazos para cargarlo.

—¡Yeeeeey!, hermano ¿sabes qué día es hoy? —pregunta con una sonrisa de oreja a oreja mientras le doy vueltas en mis brazos. 

—¿Cómo me voy a olvidar de qué día es hoy? ¡Obviamente es lunes de caviar!

—Jumm. —Me mira un tanto enojado mientras infla tiernamente sus mejillas. 

—¡¿Eh?! ¿Por qué el puchero? —pregunto mientras lo bajo lentamente hacia el suelo.

 

Obviamente, sé qué día es hoy. ¡Es el cumpleaños de este pequeño campeón! Su nombre es Louis y es mi hermanastro menor. Se preguntarán por qué no lo nombre antes, y si no lo hicieron les doy tiempo para que lo hagan.

 

—¡Es mi cumpleaños tonto! —dice mientras intenta acertar uno de sus “magic punch” en mi pecho.

 

No lo nombré antes porque no merece ser parte de aquel triste intento de familia. Es un pequeño ser de luz que en sus cortos seis años ha pasado por muchos momentos tristes y aún sigue manteniendo su sonrisa brillante. Esa sonrisa debe ser protegida a toda costa.

 

—Obviamente lo sé, tontardo —contesto mientras sacudo su cabello.

—¡Aaah! —exclama alegremente tratando de detener mis rápidas manos.

 

Sí, esa sonrisa debe ser protegida.

 

—Jóvenes, si no se alistan no podrán degustar del Caviar de los lunes.

 

Esta vez era Roma, nuestra estricta sirvienta.

 

—¡Ya vamos!

—Joven Erick, por favor, le pido que no despeine al joven Louis cuando está por ir  a su escuela.

—Sí sí, ¡entendido! —digo, sacudiendo la palma de mi mano de arriba hacia abajo.

—Bueno, joven Louis, acompáñeme por favor, lo volveré a peinar —dice extendiendo su mano hacia Louis. 

—¡Sí! —contesta con una sonrisa, y toma su mano para irse con ella. 

 

 

Mientras bajaba por las escaleras sentí una oscura aura que emanaba del comedor. Entre más me acerco puedo sentir el peso de una mirada fulminante en mí dirección. 

 

—Ya era hora, ¿acaso quieres llegar tarde? —dice una irritante voz de adolescente engreída. 

 

Huh… ¡Aquí vamos!

 

—¡Oye idiota! —exclama la “distinguida dama” al ver que no le presté atención.

—Oh, hola, buenos días Katte, ¿otra decepción amorosa o acaso hoy es uno de esos días?

—¿Decepción amorosa? No seas estúpido, mejor come y calla o llegarás tarde a la escuela —contesta grosera y con los ojos inyectados en sangre, ¡qué miedo!

—Ya veo, parece que otra vez padre te amenazó con nuestras mesadas ¿cierto? —respondo, con una sonrisa irónica. 

—¿Qué es lo gracioso? Si incumplimos con nuestros deberes nos quitará una parte del dinero, ¿acaso quieres preocuparlos? Además, re...

—Deja de hablar como si en verdad te importara, tu dinero no será afectado por mis acciones, y no Katte, no es preocupación, simplemente no quieren tener problemas con qué lidiar. 

—Jóvenes, el jovencito Louis desearía desayunar tranquilamente, al menos por su cumpleaños, ¿podrían hacer el favor de dejar de discutir? Además, recuerden la promesa que le hicieron a su padre —tercia Roma, tomando de la mano a Louis quien se ve algo preocupado.

—Tsk... —Katte chasquea su lengua fuertemente mostrando su irritación. 

—Joven Erick, debería acomodarse la camisa y la corbata para presentarse correctamente a la academia, no querrá causar una mala impresión.

—Tsk, sí, sí, ahora lo hago —respondo un poco molesto.

 

La verdad es que me irrita que Katte quiera parecer “correcta” cuando en realidad sólo lo hace por sus motivos egoístas, pero hoy no quiero causar ningún conflicto, o al menos eso me propongo. No quiero que el cumpleaños de Louis sea afectado por nada y tampoco quiero faltar a la promesa que hice, aún si eso significa que tendré que soportar los molestos comentarios y miradas de Katte.

 

—Jovencito Louis, tome, su papá está al teléfono —anuncia Alfred, acercándole el teléfono a Louis, pero con una inquietante mirada entristecida.

 

No, no no no, esto no pinta bien, Alfred, ¿por qué esa mirada? No me digas que...

 

—¡Papi! ¿Co... ¿Pero pa...? Entiendo... ¿Y mam...? Sí...

 

No, no hoy idiota, no hoy.

 

—...Entiendo... Y-Yo... Uh.

 

No por favor.

 

—...P-Papi…

—¿Qué pasó? —dice Katte, acercándose a Louis.  

—A-al parecer... co-cortó.

 

¡Es un maldito!

 

—Pa.. hic, hic, snif, snif. —Las lágrimas recorren el rostro de mi sollozante hermano, cuya mirada transmite el triste dolor de un alma inocente.

—Ese hijo de perra... —digo, luego de inconscientemente golpear la mesa y levantarme bruscamente de mi asiento.

—Joven Erick... —media Alfred, quien claramente intenta calmarme antes de que haga algo.

—Joven Louis, déjeme limpiarle las lágrimas, acompáñeme a lavarlo y llevarlo a su colegio.

 

Luego de esperar que Roma y Alfred se retiren junto a Louis para poder calmarlo, me levanto de mi asiento y me dirijo hacia mi dormitorio.

 

—¡Erick! ¿A dónde vas? —dice Katte, levantándose de su silla. 

 

Sin contestar, llego a mi dormitorio y tomo mi billetera y celular.

 

—Voy a hablar con ese maldito.

 

Luego de tomar mis cosas, cruzo por el pasadizo que da hacia el baño, y escucho a Louis llorar. 

 

—Me-Me dijo, hic, que, hic, n-no tiene ti- hic- empo pa- pa para…

—Cálmese joven Louis, su padre lamentablemente se encuentra ahora en un viaje de negocios, pero cuando vuelva podrán celebrar todo lo que deseen… Sólo tiene que esperar un poco….

—¡Tsk! —Al escuchar el doloroso llanto de Louis y la maldita excusa típica de padre y posiblemente de madre también, me retiro con el objetivo de salir de casa y pensar. 

 

Pero mientras me dirijo hacia la salida, Katte me detiene, agarrándome bruscamente del hombro. 

 

—¿Qué estás pensando hacer? No seas idiota y quédate —dice, mirándome seriamente a los ojos.

—¿Qué te interesa? Lo único que has hecho hasta el momento es defender a padre y poner excusas para no revelar el hecho de que no quieres que te quite tu maldita mesada ¿Por qué no vas y consuelas a tu hermanito y te comportas como una buena hermana aunque sea por el día de hoy? ¿O harás como si nada pasara y seguirás regocijándote con el dinero de papi? Si no puedes aceptar eso, al menos déjame en paz —contesto totalmente enojado y sin guardarme ni una sola palabra.   

—...Arruinarás el cumpleaños de Louis... —responde mientras mira hacia otro lado.

—¡Ni se te ocurra decirme eso a mí! Tu padre ya lo hizo. 

 

Abro la puerta y salgo rápidamente de la mansión. 

 

—Mierda, ¡contesta, idiota! —exclamo mientras intento contactar con la escoria de padre que tengo.

 

Al diablo la academia, al diablo mis padres, al diablo todo. Hay un límite para las cosas que ese desgraciado puede hacer, y ese se encuentra cuando logra quitarle la radiante sonrisa a un niño inocente como Louis.

 

—¡Maldito, maldito, mil veces maldito!

 

Aún no me puedo quitar de la mente cómo su sonrisa fue destrozada al contactarse con quien para él es alguien especial.

 

Permito que nuestro padre nos tenga olvidados a Katte y a mí, a fin de cuentas, me acostumbré a la casi nula presencia de ese tipo en nuestras vidas y de aquellos efímeros momentos de felicidad que siempre nos arrebataba con sus acciones, pero no a Louis, no a ese pequeño, él no merece toda esta falta de afecto y menos sabiendo su situación.

 

Miles de ideas pasan por mi cabeza, pero nada está claro. Estoy muy confundido y ofuscado por la ira, lo único que tengo en claro es que no quiero volver a casa y necesito estar lo más lejos posible de allí.

 

No era la primera vez que padre hacía esto, pero la condición de Louis, las promesas, las ilusiones de él, todo se juntó y terminó en esto.

Cegado por el enojo, todo parece ir rápido. 

 

Me dirigí a una estación del tren eléctrico y me subí, intentando irme lo más lejos posible para despejar mi mente. 

 

Evadí las clases de la academia, no tengo mente para nada más que pensar en cómo hacerle sufrir a padre.

 

A él le molesta mucho lo que dicen las personas importantes de él, así que si el director le informa quizás provoque algo de enojo en él, de este modo al menos le haré pasar un mal rato.

 

Mientras pienso en eso, me encuentro en un bar VIP, el cual frecuenta padre cuando va a beber. Al principio me negaron la entrada, pero cuando mostré mi dinero y la tarjeta VIP que había tomado hacía un par de días de la oficina de padre, me dejaron entrar sin ningún otro problema.

 

No soy de consumir bebidas alcohólicas frecuentemente, aunque no niego que una que otra vez tomé las botellas de vodka o whisky de padre y las escondía para tomar yo solo.

 

Debo estar loco para faltar a la promesa que le hice a ese bastardo, pero no puedo permitir que le haga esto a Louis, no lo soporto, no aguanto. 

 

Ya es tarde y debería volver a casa, aunque no sé qué haré allí, los sirvientes ya habrán descubierto que no fui a clases y de seguro me espera una amarga conversación llegando a casa.

 

No sé cómo ver a Louis a la cara, no quisiera que me viera así.

No volveré a casa, al menos no hoy y menos en esta condición. 

 

Llamé a un servicio vehicular para dirigirme a un hotel y quedarme allí hasta el día siguiente. Al llegar a mi habitación, simplemente me desplomé en la cama y dormí hasta el día siguiente. 

 

Al despertar, la culpa me carcome el alma, luego revisé el celular y vi apenas la cantidad de llamadas perdidas que tenía.

 

Me escapé de la casa, falté a mi promesa, abandoné a Louis en su cumpleaños, entre otras cosas; simplemente mi cabeza está reventando y no me atrevo a decidir qué hacer.

 

Mi vergüenza de regresar a casa se incrementa y en consecuencia, opto por comprar más alcohol y quedarme bebiendo en el dormitorio de la habitación, para poder olvidarme de todo. 

 

Al despertar a la mañana siguiente, los efectos de haber consumido alcohol en altas cantidades se presentan, y ahora tengo una gran "resaca" que destroza mi cabeza.

 

No puedo soportar más, y a pesar de estar inundado por la culpa, sé que si sigo escapando voy a empeorar las cosas más de lo que ya están, por lo que acabo de llamar a un servicio vehicular para volver a casa.

 

Sorprendentemente, el automóvil llegó al instante y me subí, dispuesto a enfrentar todo lo que estaba por venir. 

 

Los recuerdos empiezan a inundar mi cabeza y no puedo evitar culpar a padre por todo lo sucedido.

 

Empiezo a perder el sentido de mis acciones.

 

Lo odio, odio mi casa, odio mi academia, odio mi vida. No quiero estar para cuando mi hermano vea el mundo como yo y se decepcione de todo, no puedo sentir nada más que odio por todo esto.

 

Todo se nubla, no sé qué estoy haciendo, ni qué carajos pasa.

 

¿Acaso mi destino es sólo perder?

 

—Yo… en serio lo od...

 

San Luis: Aparatoso accidente de tránsito deja varios heridos y el lamentable deceso de un joven de diecisiete años.

 

El joven iba sentado a un lado de donde el automóvil causante del accidente impactó, provocando su muerte y dejando a otras personas gravemente heridas.

 

 

De pronto, un aburrido techo blanco con un ventilador colgando, la sala vacía y el molesto sonido del aire acondicionado.

 

Desperté, pero algo anda mal.

 

Sonará estúpido, pero, no fui "yo" quien despertó.