Portadores de almas

Capítulo 0: Prólogo

Era una noche lluviosa, llena de truenos; las fuertes ventiscas golpeaban la isla de Whale; no se podía observar absolutamente a nadie fuera de casa.

 

A lo lejos, en uno de los enormes edificios de la ciudad, se encontraba un hombre: alto y fornido, de cabello oscuro; portaba un impecable y elegante traje negro. Frente a él, se podía sentir el calor de la chimenea; a su espalda, sólo se podía observar un enorme ventanal.

 

En combinación con el sonido de la lluvia, el hombre se acercó a la mesa de la sala de estar, observó un segundo el libro sobre ella y cerró sus ojos reflexionando un poco; tomó la taza de café junto a él, percibiendo su fuerte olor.

 

—Sin duda, una taza digna de un día como este. —Le comentó a un joven que se encontraba frente a la ventana.

 

El hombre dio unos pasos hacia un pequeño sillón, seguido de esto, insistió en disfrutar su taza de café, palpando las imperfecciones de la portada del libro con la punta de sus dedos.

 

—¿Te conté sobre esto? —Lanzó el libro nuevamente hacia la mesa.

—Sí, padre —contestó el joven, mirándolo a los ojos, cansado de escuchar la misma historia—. De hecho, comienzo a estar harto de ello.

 

El hombre tomó un sorbo de su taza, observando la antigua y gastada pasta de cuero, deteriorada por paso del tiempo.

 

—Este es el momento donde aprenderás a creer más en tu padre, muchacho. —Tomó el libro nuevamente entre sus manos de manera algo hostil—. ¡Lo he descifrado!

—¿De verdad? —preguntó el joven, sorprendido— ¿O acaso será otro de tus delirios?, viejo.

 

El muchacho se acercó para escuchar un poco más los “delirios” de su padre.

 

—Eso quiere decir, que todo lo que me has enseñado…  —Se acercó a la silla de su padre, tomándolo del brazo y viéndolo a la cara—. ¿El plan puede hacerse realidad? —preguntó con expectativa y entusiasmo.

—Aún no, muchacho, la verdad es que estamos lejos de un plan perfecto —negó sorbiendo su café.

—Pero la perfección no existe viejo, no te excuses —replicó molesto.

—No me excuso, a lo largo de mi vida yo mismo he aprendido que la perfección es imposible, la gente sueña con alcanzarla; pero aun así, eso no quiere decir que no me pueda esforzar por conseguirla. Es como este café. —Señaló la taza, dejando al chico incrédulo.

—¿Qué tiene de especial esta taza de café?

—Su grano es el mejor del mundo, aun así, de nada serviría si yo no supiera cómo prepararlo, sino supiera qué temperatura debe tener el agua, o cuánto es la porción de azúcar indicada; sin eso el grano no es nada.

—Lo que tú digas, viejo loco —soltó irónicamente a la vez que alzaba una ceja.

—¡No estás entendiendo!, si yo no aspiro a que este café sea perfecto, de nada servirá, sin importar qué tan bueno sea el grano. —El hombre observaba seriamente al joven—. Es lo mismo con los planes, si no te esfuerzas para que las condiciones sean perfectas, el plan, por muy bueno que sea, fracasará; existe un cabo suelto, ¡sólo un cabo suelto! —exclamó particularmente molesto.

—Pero mamá…

—Tu madre ha esperado por mucho —lo interrumpió de manera tajante—. Ha esperado por mucho tiempo, puede esperar un poco más. —Ambos observaron el fuego de la chimenea con intensidad—. Después de todo, no será tarea fácil dominar el mundo espiritual…