Portadores de almas

Capítulo 3: ¡Los gatos no hablan!

Sobre el tejado de un pequeño local comercial, se encontraba Alain. Su cuerpo hecho trisas, lleno de moretones y lesiones, en combinación con el sobresfuerzo, provocó que el chico se quedara dormido. A su lado, Sakí trataba de despertarlo moviendo su hombro.

 

Frente al golpeado Alain, se encontraba una bella chica. Su corto cabello negro danzaba con la brisa de Whale, su pequeña cintura le daba una hermosa y atractiva figura a su poco desarrollado cuerpo, mientras que la luz del sol resaltaba sus lindos ojos violeta.

 

—Hasta que por fin te encuentro. —La chica observó un localizador, parecido al que tenía Haruka anteriormente, con un punto rojo justo sobre ella—. La fuente de esa intensa energía.

—¿Es seguro llevarlo con nosotras? —Se escuchó una segunda voz femenina—. Puede ser peligroso.

—Si lo dejamos aquí morirá —afirmó la chica de ojos violeta.

 

Ella trató de acercarse aún más a Alain, a pasos lentos y tranquilos.

 

—No te acerques. —Sakí se interpuso en el camino abriendo sus brazos, dudando de si la chica podía verlo—. No dejaré que lo toques.

—¿Un portador de almas? —cuestionó la chica, tranquila, dándose la vuelta—. Cárgalo y sígueme… —la brisa ondeó su cabello—. Si no quieren ser atrapados.

 

Tras sus palabras, Sakí sólo pudo observarla marcharse rápidamente, dejándolo lleno de dudas.

 

Al no saber qué más hacer, el espectro  siguió su instinto, tomando Alain en sus hombros, con la poca fuerza que le quedaba, para luego ir caminando tras la chica.

 

Decidió seguirla, manteniendo la distancia, usando como ruta los pequeños y desolados callejones que se encontraban cerca de la zona de construcción.

 

«¿A dónde me lleva?», se preguntó el rubio, corriendo sin parar observando la espalda de la chica.

 

Tras recorrer los desolados callejones, ella lo guió hasta una antigua parada de metro. Parecía ser uno de los primeros intentos de transporte que conectaran la ciudad con la playa.

 

Luego de correr sobre los viejos y húmedos corredizos del metro, por fin salió, llegando a una parada lejos de la ciudad, que se encontraba a unos metros de la playa, una donde no había persona alguna, y sólo se podía observar una pequeña casa de madera.

 

La chica entró a la casa, dejando la puerta abierta.

 

Sakí decidió seguirla al interior, entrando lentamente.

 

Dentro, sólo se encontraban una vieja cama y una pequeña estufa, el lugar era iluminado gracias a los rayos del sol que se colaban a través de la ventana, llenando la atmosfera de un calor abrazador.

 

—Colócalo ahí.  —La chica señaló la cama y puso una tetera sobre la llama de la estufa.

—¿Té? —preguntó Sakí, arqueando una ceja—, pero si estamos a 35 grados.

—Habló el sujeto que porta una sudadera —dijo una joven voz femenina.

—¿Quién dijo eso? —El rubio observó a todos lados, buscando una respuesta—. No me digas que es una casa parlante.

—Aquí abajo, imbécil. —Sakí observó hacia el piso, encontrándose con una gata negra que lamia sus patas.

—¡¡Un gato que habla!! —gritó él, acercándose a la cama— ¡¡Nos vamos de aquí!! ¡Esto debe ser obra del Diablo!

—Deja de gritar oxigenado. —Se escuchó la voz de Alain, en tono bajo—. Siento como si me hubiera atropellado un camión.

 

Alain frotó sus ojos e intento sentarse, sin embargo, un fuerte dolor en todo su cuerpo lo obligó a mantenerse recostado.

 

—Será mejor que no te muevas. —La chica de cabello negro vertió el agua caliente en un vaso—. O puede que jamás te levantes nuevamente.

—¿Dónde estoy? —preguntó Alain, confundido, sintiendo un fuerte dolor en su cabeza—. ¿Quién eres tú?

—Mi nombre es Keira, Keira White —sonrió—, y esta es mi compañera Aira. —La gata saltó sobre el hombro de Keira, frotando suavemente su cabeza.

—Un gusto —mencionó Aira, moviendo lentamente su cola—, espero que esto no sea demasiado para tu cerebro, rubio idiota.

—¿A quién llamas idiota? —Sakí se arremangó la sudadera—. Yo te enseñare a…

—Dios santo, deja de gritar —lo interrumpió Alain—. No puedo moverme, me duele todo el cuerpo.

—Bebe esto. —Keira se le acercó con el vaso en sus manos—. Te ayudará.

—Espera. —Sakí colocó su brazo en medio de ambos—. ¿Cómo sabemos que podemos confiar en ti?

—Sakí, por favor para, si nos quisiera matar ya lo habría hecho. —Alain trataba de mantenerse sereno.

—¿Pero si está envenenado y mueres? ¿Que acaso no lo ves? —El rubio señaló a Aira—: ¡¡Tiene un maldito gato que habla!!

—¡¡Cállate de una vez, Sakí!! —Alain gritó con fuerza, dándole un leve golpe a la cama con su mano—. Me duele la cabeza.

—Si te hace sentir más seguro, lo beberé yo primero. —Keira tomó un pequeño sorbo—. Todo está bien —sonrió cálidamente, causando que Sakí se sonrojara.

«Es tan adorable», pensó el chico fantasma, quedándose paralizado.

 

La chica ayudó a Alain a beber él té, con cuidado, previniendo que no se quemara.

 

—¡Whaa! —gritó Sakí, como una adolescente emocionada—. Tu primer beso Alain, digo, algo involuntario y cliché, pero suced…

 

El rubio salió volando contra la pared, debido al golpe en su cara proveniente de Keira.

 

—¡¡¡Tampoco tientes a tu suerte,  maldito rubio idiota!!! —gritó Keira, dejando a Sakí fuera del juego.

 

Un poco más tarde, el ambiente había cambiado, aligerando el momento. Alain tenía mejor ánimo, y estaba tratando de averiguar un poco más sobre Keira.

 

—¿Por qué nos salvaste? —preguntó mirándola a sus brillantes ojos—¿Qué es lo que buscas?

—Llevo un rato en esta isla, buscando una fuente de energía espiritual lo suficientemente grande para poder cumplir mi objetivo. —Keira acarició a su gatuna compañera recostada sobre sus piernas—. Por eso, cuando mi rastreador sintió tu presencia fui rápidamente.

—¿De qué objetivo me estás hablando? —cuestionó Alain, indiferente.

—Eso es un secreto —contestó ella, mirando a ambos chicos—. ¿Quiénes son ustedes?

 

Los dos muchachos se miraron rápidamente, tratando de buscar una respuesta.

 

—Pues somos los mejores amigos —dijo Sakí sonriendo, señalándose con su pulgar.

—No, claro que no —negó Alain con firmeza—, yo no diría que somos mejores amigos, sólo tuve la mala suerte de toparme contigo.

—Eso duele Alain —replicó el espectro en tono chillón y burlón, provocando que la chica riera.

—Je, je, je,  yo creo que hacen un buen equipo. —Ella acarició a la gata, que se acababa de quedar dormida—. Así como Aira y yo.

—¡¿Es enserio?! ¡Pero si es un gato! —exclamó Sakí, confundido, mirando a Alain—. ¿Qué no te sorprende un gato que habla?

—Es broma, ¿cierto? —contestó Alain, indiferente—. Eres un maldito fantasma… Recién peleamos con una loca sadomasoquista, y a ti te preocupa eso.

 

ÉL intentó sentarse nuevamente, sintiendo como el dolor de su cuerpo había disminuido, en gran parte.

 

—Me siento mejor. —Alain apretó su puño un par de veces—. ¿Qué paso?

—El té que te di esta hecho de una infusión de plantas que sólo crecen en la selva de Whale, ayuda a relajar los músculos y disminuir el dolor.

—Gracias, pero debo irme antes de que llegue mi madre vuelva a casa.

 

Iintentó ponerse completamente de pie, cayendo al piso rápidamente, sin poder sentir sus pies.

 

—No puedo… —Alain miró sorprendido el suelo debajo de sus piernas—… moverme.

—Es mejor que pases la noche aquí —dijo Keira,  ayudándolo a sentarse nuevamente en la cama.

—No quiero que mi madre se preocupe —replicó él, observando a través de la ventana.

—Aunque pudieras salir de aquí, ella te encontraría primero, es muy difícil escapar de Haruka y su “Magic World” —Keira señaló la extraña marca en el brazo de Alain—. Estás marcado dentro de su mundo fantasma, mientras estés dentro de esta isla, ella sabrá cómo localizarte.

 

Tanto Alain como Sakí se sorprendieron al escuchar esas palabras, sintiendo que el instinto de peligro recorría su ser.

 

—¡¡¡¿Cómo es que sabes sobre ella, bruja amante de los gatos?!!! —gritó Sakí, apuntándola con su Spiritual Shote—. ¡¿Acaso eres una del tarot?!

—¿Quieres dejar de ser tan dramático, versión barata de rubio? —dijo Aira, estirando su cuerpo con placer—. Sabemos que tu ataque sólo puede producir aire, eso no será suficiente.

 

El joven fantasma se quedó asombrado, dejando caer sus brazos; su orgullo había sido destruido por un felino.

 

—¡Oye Alain!, ¡¿por qué no sólo mandamos a esta peste cuadrúpeda por paquetería hasta china?! ¡Estoy seguro de que sería una maravilla gastronómica para ellos! —exclamó, tratando de acercarse al felino, provocado que este gruñera escondiéndose tras su amiga.

—Tranquilícense por favor. —Keira observó a ambos chicos con una mirada maternal y adorable, provocando que ambos se sonrojaran—. Sé acerca de Haruka, porque alguna vez trabajé con ella.

—¿Entonces eres de los malos? —pregunto Sakí, poniéndose frente a ella.

 

Alain miró dudoso a Keira, después de todo, ella era quien lo había ayudado sin siquiera conocerlo.

 

—Escucharemos lo que tienes que decir —dijo, haciéndole una seña a su amigo para que se tranquilizara—. Ella mencionó a un maestro, ¿de quién hablaba?

—Les diré lo que sé.  —Keira observó a Sakí—. Pero… me gustaría saber cómo es que sabes acerca del tarot.

—Es cierto. —Alain miró dudoso a Sakí—. En ningún momento la chica menciono ser parte de algo llamado así.

—No sé nada —negó el espectro, desviando su mirada.

—No me mientas, oxigenado —Alain lo miró molesto—. Estamos en esto por tu culpa, merezco saber la verdad.

—Yo… —Sakí lo miró con una sonrisa—.  Ya me enfrenté a ellos en el pasado, o al menos a algunos.

—¿Cuándo pensabas decírmelo? —le espetó Alain, golpeando la cama con sus manos—. Pudimos haber huido de ella sin problemas.

—Claro que no… tonto llorón —replicó el oxigenado, golpeándolo en la cabeza—. Sólo me enfrente a dos de ellos, no tengo idea de quién es esa chica.

—Tranquilícense —medió Keira con fuerza—. Sakí… ¿quién eres?

—¿Qué eres, policía? —replicó, cruzando sus brazos—. Sólo me enfrente a unos locos hace tiempo, eso es todo.

—Estúpido oxigenado… —Alain observó a Keira sin parpadear—. ¿Qué hay de ti?

—Hace un tiempo que llegue a esta isla para trabajar con ellos. —Ella acarició la cabeza de su amiga gatuna—. Mi trabajo era ayudar a Haruka como refuerzo en sus primeras misiones.

—¿Por eso conoces su habilidad? —preguntó Sakí tocando su barbilla—. Interesante.

—Deja de interrumpir. —Alain lanzó la almohada sobre la cara de su amigo.

—Ejem… —Keira toció un poco llamando la atención de ambos—. Como decía, una vez que dejé de ser utilidad para ella, decidieron eliminarme debido a lo que sabía.

—¿Qué es lo que sabes? —indagó Alain, curioso.

—Poco realmente —La pelinegra lo observó a los ojos—. Son una organización mercenaria, no sé qué buscan, sólo sé que está conformada únicamente por portadores de almas, siete en total, pero sólo seis de ellos tienen una habilidad especial.

 

El silencio se hizo presente por un momento, dando tiempo para que Alain procesara todo eso.

 

—Por habilidad, ¿te refieres a la misma que tiene esa chica? —preguntó él, tratando de entender.

—Así es, cada uno de ellos tiene una habilidad especial, están relacionadas con las cartas del tarot, es por ello que se hacen llamar así. —Keira observó a su peluda amiga—. Haruka representa la carta del mundo, “Magic World”, puede crear mundos paralelos, suelen estar vacíos; sin embargo, una vez que estás marcado, te encontrará. Es algo difícil de descifrar.

—¿Qué pasa con el resto de habilidades?

—Me temo que no lo sé…

 

La habitación se inundó en un silencio, dentro de Alain las dudas crecían cada vez más. Trataba de entender lo que sucedía y así descubrir cómo podrían resolverlo.

 

—Algo es seguro. —Keira miró a través de la ventana, observando el mar a la distancia—: Ella vendrá por ti.

 

Alain sintió miedo nuevamente, pudo percibir un escalofrió recorriendo su espalda tan sólo de imaginar a esa demente chica.

 

—No pudimos ganar la última vez —dijo él, con voz baja y decepcionada—. Esta vez nos matará.

 

Keira lo tomó del hombro con cuidado, transmitiéndole una agradable sensación de hermandad, una que él no sentía desde hacía mucho, provocando que su moral se elevara un poco.

 

—Los ayudaré —afirmó ella, sonriendo felizmente—. Te enseñaré lo necesario en el poco tiempo que tenemos, ¿verdad Aira? —La felina maulló afirmando las palabras de su compañera—. Tengo asuntos pendientes con ella.

—Claro, todo suena muy genial y todo, pero… —Sakí interrumpió el emotivo momento—. Como se quedará Alain aquí, su madre se preocupará.

—Le mandaré un mensaje diciendo que me quedaré en casa de un amigo —mencionó Alain de manera despreocupada.

—¿Tú tienes amigos? —preguntó el rubio, riéndose un poco.

—Por eso te odio… —masculló Alain, rechinando sus dientes—. Claro que tengo, bueno… al menos uno, ahora está de viaje por roma, pero pronto volverá.

—Entonces está decidido —terció Keira, poniéndose de pie y mirando a los chicos con entusiasmo.

—Eso quiere decir que sí seremos compañeros. —Sakí se lanzó sobre Alain, abrazándolo lleno de emoción.

—No tengo más opción —bufó él, tratando de quitarse al rubio de encima, siendo todos sus esfuerzos en vano—, ya que todo esto es tu culpa.

 

 

La noche paso rápidamente, Alain reposó en la cama de la habitación, tratando de recuperarse mientras Sakí hacia guardia alrededor de la zona junto con Aira. Keira dormía en una hamaca cerca de la entrada.

 

A la mañana siguiente, el fuerte sonido de las grandes olas se hacía notar en la vacía playa, mientras que la brisa era exageradamente fría.  Frente al mar, se encontraba Alain de pie, mirando a Keira.

 

—Ese té de ayer me caería bien ahora —se quejó mientras se abrazaba cruzado de brazos.

—Es por eso que este lugar está vacío, sus olas suelen ser muy agresivas y su temperatura es altamente inestable, puede variar convirtiendo el lugar en uno muy frío o altamente árido. —La chica observaba la desolada playa—. Perfecta para entrenar.

—¿Qué es lo que haremos? —preguntó Sakí emocionado—. Quiero verte en acción chica. —Señaló con ambas manos a Keira.

—No tenemos tiempo, así que les enseñaré lo básico: la materialización de la energía espiritual. —La chica observó a su peluda amiga—. Préstame tu poder… Aira.

 

El felino se transformó en una pequeña daga, su mango dorado y rojo, resaltaba con su brillante hoja metálica.

 

—¿Cuál es la obsesión con las armas blancas? —preguntó Sakí, decepcionado—. Yo quería explosiones.

—Tranquilo mi rubio amigo, que no sea una pistola no quiere decir que no pueda explotar. —Ella sonrió, dirigiéndose al mar frente a las enormes olas, confundiendo al fantasma.

 

Keira se concentró, observando las olas que se asemejaban un monstruo acuático frente a ella, provocando que la hoja metálica se envolviera en un brillante color rojo, aumentando levemente la temperatura a su alrededor.

 

—¡¡¡Crimson!!! —Keira blandió su daga con fuerza, lanzando un enorme corte de fuego, partiendo las olas, dejando a ambos chicos sorprendidos.

—¡¡Eso fue asombroso!! —gritó el rubio, emocionado—. ¡Yo sólo podía hacer eso cuando era un arma de fuego!

—¿Alain no es tu primer portador? —preguntó Keira, dudosa.

—Je, je, je, no claro que no —respondió Sakí, sonriendo mientras rascaba su nuca—; solía ser un rifle semiautomático.

—Eso es increíble —dijo Keira mientras sus ojos brillaban, estaba impresionada—. Eso quiere decir que ya sabes usar tus poderes.

—Me temo que no. —Sakí señaló a Alain, inconforme—. El friki fanático de los asiáticos me dio forma de una tonta espada.

—¿A quién llamas así? —Alain lo miraba molesto.

—Una katana no funciona igual que un rifle —Sakí miró despreocupado el mar—. Así que debo aprender algunas cosas nuevas.

 

Keira observó a Alain, tratando de intuir cómo era que esos dos fueron unidos por el destino.

 

—Recuerden, deben concentrarse, traten de visualizar la imagen del ataque, pero sobre todo… —La chica tocó un hombro de ambos al mismo tiempo—: Deben trabajar juntos.

—Pues ya qué —musitó Alain, algo inseguro—. Ven a mí… Sakí. —La duda era notoria en sus palabras.

 

El cuerpo del rubio se convirtió nuevamente en una corta Katana, sin embargo, esta vez su hoja y empuñadura se miraban pulcras y brillantes, mostrando la delgada cadena que conectaba el brazo de Alain con la katana.

 

«Si sabes que basta sólo con que digas mi nombre, ¿verdad?», mencionó Sakí burlándose de Alain.

—Sólo cállate, espada de cuarta —dijo Alain, molesto.

«Eso no es mi culpa, tú fuiste quien me hizo así… inútil», renegó Sakí.

 

Detrás de ellos, Keira observaba con una sonrisa forzada y un tic en su ojo, rascando levemente su mejilla.

 

—Esto… sí que será complicado.

—¿Por dónde comienzo? —preguntó Alain mirándola.

—Wow —mencionó Keira, observando la katana—, tú cadena sí que es delgada.

—¿Eso es malo? —cuestionó Alain observándola a ella—. Tú no tienes una cadena conectada a tu arma.

—No es malo, sólo es raro, por lo general los únicos portadores con una cadena así, son aquellos que tienen una gran compatibilidad con el alma a la que se unen. —Lo miró, dudosa.

—Eso no responde todas mis preguntas —le recriminó él.

—Yo no tengo cadena debido a que Aira aún no está en su verdadera forma sentou, al contrario de la tuya, mi cadena es más gruesa. —Keira observó la daga en su mano—. Es algo único en ella, en fin, cuanto más delgada sea la cadena, más veloz será el portador.

—¿Yo también podré lanzar esos potentes cortes de fuego? —cuestionó Alain, tratando de encontrar alguna pista.

—Bueno…

«Haces demasiadas preguntas Alain, sólo ponte a entrenar».

—¡Sólo cállate Sakí! Mientras seas una espada no hables…

«Oblígame, ah, espera… no puedes», se burlaba de Alain, haciéndole perder los estribos.

—Cada alma tiene habilidades diferentes, lo cierto es que tal vez no puedas usar el fuego. —La chica meditó un momento—. Tengamos una pelea, tal vez puedas descubrir algo.

«Al fin algo de acción», dijo Sakí emocionado.

 

Keira se colocó en un extremo cerca al mar mientras Alain la observaba esperando el momento.

 

—Ven, atácame. —Ella asumió su posición de ataque, elevando su guardia.

—Allá voy.

 

Alain se lanzó a gran velocidad, levantando la arena a su paso, dispuesto a lanzar un gran corte.

 

«Es demasiado veloz», pensó Keira, soportando el golpe con su daga, provocando que chispas saltaran.

—Nada mal.

 

Keira sonrió, lanzando una patada hacia los pies de Alain, haciéndolo perder el equilibrio, aprovechando el momento para tomar distancia.

 

—¡¡Crimso!! —Ella lanzó un potente corte de fuego en dirección a Alain.

—Esto debe ser una broma. —Él utilizo su velocidad para evadir el ataque, sin embargo, ya era esperado por Keira, quien había predicho el movimiento.

 

Recibiendo un fuerte golpe de la chica, Alain fue lanzado nuevamente al suelo.

 

—Levántate, aún no es momento de descansar.

 

Keira se dirigió rápidamente hacia Alain, dispuesta a atacar, siendo recibida por la katana, deteniendo sus ataques a duras penas.

 

—Eres fuerte. —Alain escupió un poco de sangre al piso—. Esto sería más fácil si fuéramos dos contra uno.

—¡¡Fire Slayer!! —Keira lanzó una enorme esfera de fuego hacia Alain, destruyendo todo a su paso.

 

El chico observaba cansado cómo la enorme masa de fuego se acercaba hacia él.

 

—No podré esquivarlo a tiempo. —Pequeños rayos blancos comenzaron a rodear su cuerpo, al igual que su katana—. Pero… no puedo perder.

«Vamos Alain, hay que patearle el trasero a la gata parlante».

 

El tonto comentario de Sakí elevó ligeramente la actitud de Alain, generando una sonrisa en su rostro.

 

—Si no podemos ganar con fuerza… —Apretó el mango de su katana—. Lo haremos con velocidad. ¡¡¡Aaaaaaaahhhhh!!!

 

Tras lanzar un potente grito, Alain lanzó un corte tras otro a gran velocidad, como si de una enorme ráfaga de cuchillas se tratase, cortando la enorme esfera de fuego, atravesándola, llegando hasta Keira y colocando la brillante y afilada hoja en su cuello.

 

—Yo… gano —mencionó exhausto.

«Impresionante, al no poder competir con la fuerza de mi ataque, lanzó una ráfaga de cortes a gran velocidad igualando la magnitud, como si cien cortes hubieran golpeado a la vez», pensó Keira, asombrada.

—Tú pierdes —replicó, y empujó a Alain, provocando que este se desplomara cansado en la arena—, ya no te quedan fuerzas para lanzar el golpe de gracia; aún te falta mucho.

—Qué fastidio. —El chico jadeaba con fuerza, tratando de observar a su alrededor.

—Tomemos un descanso —dijo ella, devolviendo a Aira a su forma gatuna.

 

 

Después de un día de arduo entrenamiento, la noche invadió la playa, aumentando aún más la fría sensación del exterior. A la orilla, Alain se encontraba sentado, observando la luna reflejarse en las cristalinas y hermosas aguas.

 

—Deberías descansar —dijo el rubio, acercándose hacia él—, es probable que pronto tengamos que luchar por nuestra vida.

—¿Por qué debería hacerte caso? —preguntó Alain, molesto, mirando el oscuro horizonte—. Todo esto es tu culpa.

—¿Cuál es tu problema? —replicó Sakí—. Antes de todo esto, tu vida era aburrida.

—Porque a mí me gustaba vivir así, sin preocupaciones —respondió, elevando el tono de su voz.

 

Sakí se acercó aún más a Alain, sentándose a su lado, ofreciéndole una lata de cerveza.

 

—¿De dónde la sacaste? —preguntó con sus ojos dudosos.

—Son de la gata. —Señaló la casa—. Le gusta embriagarse cuando Keira duerme.

—Debí imaginarlo —suspiró cansado y abrió la lata—. Quiero terminar con esto. —Alain tomó un gran trago, observando la cristalina agua del mar—. Estoy cansado.

—Lograremos hacer nuestro ataque, ya lo verás —aseguró Sakí, sonriendo energéticamente—. Después de todo, tienes al mejor compañero.

—El mejor, arruinando la vida de los demás. —Tomó un segundo trago de la lata.

—Yo diría, guapo y aventurero. —El joven espectro sonrió como modelo de revista—. Además de genial.

 

Alain observó el hermoso y tranquilo paisaje frente a sus ojos, buscando la manera de tranquilizarse.

 

—Te prometo que yo te protegeré —musitó Sakí de manera seria por primera vez—. Sólo confía en mí.

 

Alain observó un segundo al rubio, al parecer una sensación de tranquilidad había inundado su cuerpo tras escuchar esas palabras.

 

—Cómo sea. —Se puso de pie, caminando de regreso a la cabaña—. Cuento contigo, oxigenado. —Levantó su mano despidiéndose de su amigo, evitando voltear hacia atrás.

—Sé que es mi culpa —mencionó Sakí en voz baja, para sí mismo—, pero me asegurare de salvarte.

 

 

 

En otro lugar, cerca del muelle principal de Whale, se encontraba un joven alto, su cabello y ojos color naranja resaltaban entre su oscura ropa, apenas visible por la luz de la luna. Observaba las calmadas olas del mar, esperando.

 

—Sí que tardaste —mencionó Haruka, parada detrás del chico.

—Es difícil tener que corregir tus errores… inútil —dijo él, neutro y sin rastro de emoción alguna.

—Fuertes palabras para alguien que no puede controlar sus nervios frente al maestro. —La chica se acercó hasta quedar a su lado—. ¿No es así… Kuro?

—Cualquiera temblaría ante la presencia del maestro —replicó, colocando un cigarrillo en su boca.

—Los encontré, están un poco lejos de aquí. —Haruka observó su rastreador—. Pero no serán problema alguno.

 

El pelirrojo encendió su cigarrillo sin apartar la mirada del frente, mostrando su semblante calmado, al igual que la brisa nocturna sobre el mar.

 

—Nos marcharemos cuan se alce el alba. —Kuro soltó el humo de su cigarrillo con calma—. Hace tiempo que no uso a “Supreme Death” como es debido, será muy gratificante.