[V]eing Brave

Capítulo 1: Encuentro

—¡¿Estás bien?! —pregunté con evidente preocupación en mi voz.

—S-sí, creo que ya estoy me… ¡¡Buagh!!

 

Así, la chica frente a mí no soportó más y dejó salir todo.

 

Ella tuvo suerte: el destino me puso en las manos la bolsa de papel que justo le di para que vomitara dentro de ella y no en la acera.

 

A pesar de que no había tanta gente alrededor, aún estábamos cerca de Akihabara. Aquí en Japón, es común que algún oficial te regañe por este tipo de incidente o que otros transeúntes te miren como bicho raro.

 

La chica se reincorporó, no sin antes limpiarse con un pañuelo.

 

—L-lo siento, y gracias… —Su rostro fundido en rojo demostraba su vergüenza, mientras que su cabello ondulado y desordenado la hacía ver como un desastre.

—¿Te gustaría sentarte un momento?

 

Ella asintió dudosa. De todos modos, igual me siguió. Cuando encontramos un pequeño parque, de inmediato se apresuró hacia un bote de basura, eliminó la evidencia de su percance y luego se lavó las manos en un bebedero.

 

«Pobre chica, no me hubiera gustado pasar por esa situación».

 

Entonces la observé sentarse a mi lado (si es que a estar al otro extremo de la banca se le puede llamar así).

 

—Eh, ¿pasa algo?

—¡N-no! —tartamudeó—. Gra-gracias. Estaba tan nerviosa que sólo sucedió. —Terminó su frase guardando la mirada bajo el ala de su boina a medio caer.

—Incluso si me dices eso, una persona no vomita sólo por nerviosismo, ¿o sí? Si fue por eso, no me imagino lo agobiada que debiste estar —le comenté preocupado, en medio de un suspiro.

 

La chica se quedó callada, como si no tuviera intención de corregirme.

 

—¿Puedo preguntar por qué estabas tan nerviosa?

 

Los segundos pasaron y parecía que no me iba a contestar, por lo que decidí dar otro paso.

 

—Ese edificio al que quisiste entrar, es el de [V]niverse, ¿acaso eres alguien de esa agencia?

 

Por un instante pude ver un pequeño temblor en la cabeza de la chica, así que presioné un poco más.

 

—¿Sí lo eres?

—¡N-no! –exclamó de golpe—. Y-yo quería entregar… allí… mi…

 

Si ella era pequeña, con su actitud parecía estar por desaparecer.

 

—¿Entregar?

 

Al escuchar mi voz recordé algo relacionado a esa agencia: estaba abierto el período de recepción para nuevos talentos. 

 

—¿Quieres decir que ibas a entregar tu formulario para una audición? ¡¿Quieres ser una Vtuber?! —añadí emocionado con la idea.

 

Debido al repentino cambio del tono de mi voz, la chica se sobresaltó y brincó cinco metros lejos de mí con una profunda ansiedad en su rostro. Parecía un hámster asustado.

 

—Perdón, es sólo que me tomó por sorpresa. ¿Me equivoco?

 

La chica abrió la boca como si intentara decir algo, pero nada salió. Sólo hundió el rostro en su bufanda roja. Cuando pensé que no diría nada, la escuché:

 

—Quería convertirme en una… —Por un momento sus palabras se sintieron como una súplica—. Aunque creo que no lo haré. De seguro no podría lograrlo; es imposible para mí. Gra-gracias por la ayuda, ahora iré a casa.

 

¿Era eso una sonrisa? Sus labios estaban curvados, pero en sus ojos color miel había una bruma formándose desde el fondo. No logró ocultar de mí su miedo y angustia.

 

No pude evitar pensar que lo que ella quería y lo que pretendía hacer eran acciones totalmente contrarias. Quizás por eso algo se encendió dentro de mí. No, en realidad era porque ella se decía que no podía hacerlo. Sólo eso bastó para enfadarme.

 

La chica me dedicó una pequeña reverencia para luego marcharse. Todavía estaba cerca cuando tomé una bocanada de aire e inicié mi ineludible discurso.

 

—¡¡¡¿Vas a huir?!!! ¡¡Eso no es lo que quieres!!

 

Ella se detuvo en seco. No se sobresaltó o asustó como hacía un momento.

 

—¡Si no lo intentas vivirás arrepentida el resto de tu vida!

«¡¿Qué rayos estoy haciendo?! ¡Le estoy gritando a una chica a la que ni siquiera le conozco su nombre! ¡Al carajo! Si no lo hago, yo también me arrepentiré».

—No soy quién para decirte esto, ¡pero no vencerás tus miedos si eres tú la que no quiere avanzar!

 

“Es inútil”.

“De seguro no lo lograré”. 

“Alguien lo hará mejor que yo”.

 

Estos pensamientos ya los experimenté. Sabía que, una vez que están en tu sistema, te inundan como un virus súper infeccioso. Tal vez la chica frente a mí estaba en esa situación; tal vez yo no tenía derecho a decirle que lo intentara, aunque cuando pasas por eso lo último que quieres es quedarte solo.

 

—E-Entonces, ¡¿qué se supone que debería hacer?! —Estaba a punto de gritarle de nuevo cuando ella tomó la delantera—: Por mucho que intente las cosas, una y mil veces, no me salen bien. Al final sólo hago un desastre. No importa cuánto me esfuerce, el resultado siempre es el peor posible. ¿Por qué sería diferente ahora?

—Porque…

—No lo será —me interrumpió—. Sólo volveré a fracasar y a observar cómo mis sueños caen en pedazos —contestó frustrada.

«Esta tonta...».

—¿Te gustan las vtuber? —le pregunté, ya cansado de sus inseguridades.

 

La chica se sorprendió ante el repentino cambio de tema.

 

—Eso no tiene relación con esto.

—Por supuesto que sí.

 

La vi presionar la mandíbula.

 

—¡Claro que me gustan! ¡Soy una verdadera fan! ¡Ellas son alegres y pueden hacer todo lo que se propongan! Pero lo más importante ¡es que siempre llevan la felicidad a los demás!

 

Mi sonrisa apareció al oír esas palabras.

 

—¿Esa es la razón por la que quieres ser una?

 

De nuevo, la chica se quedó callada sin responder.

 

—Creo que olvidas algo: incluso ellas no pueden hacerlo todo. Si eres una fan de verdad, deberías ser capaz de verlo.

—¿No pueden hacerlo todo…?

 

En ese momento sus ojos comenzaron a brillar, asomando pequeñas lágrimas en los bordes. Sin embargo, estas nunca cayeron.

 

—No tienen que hacerlo todo; no son perfectas. Un fan de verdad no las idolatra de esa manera, aunque irónicamente sean idols, ¡siguen siendo humanas! —exclamé alejando mi vista de la mano que levanté en algún momento. Entonces, clavé mis ojos en ella—. Es cierto: entregan felicidad, pero eso es porque en parte aceptan sus errores y los de los demás.

 

Ella miró hacia el cielo al mismo tiempo que presionaba los bordes de su falda.

 

—¿Será que todo este tiempo me centré tanto en eso que perdí la objetividad? ¿No soy una verdadera fan? —reflexionó casi cayendo en la desesperación.

—Te equivocas. Es cierto que tuviste una idea perfeccionista de ellas, pero es porque las amas. ¿No es así? —Los ojos de la chica volvieron a encenderse de a poco—. ¿Piensas que todas ellas estaban seguras de que podrían lograrlo? Yo no —afirmé sin el menor rastro de duda en mi voz—. Inténtalo o no sabrás si puedes. Además, no dejes ir la oportunidad de hacer aquello que te gusta si ya sabes qué es. Tonta.

—¡¿A-a quién llamas tonta?! —exclamó ofendida, demostrando con su queja cierta determinación—. Si ellas también dudaron, entonces yo también podría… De acuerdo, lo in-intentaré…

—No suena convincente si lo dices así —comenté, ya sin muchas ganas de seguir insistiendo—. Igual es tu día de suerte: justamente tengo asuntos en ese edificio, así que podría acompañarte y asegurarme de que no huyas —agregué con una sonrisa.

—¡N-no huiré! D-de acuerdo, ¡vayamos! 

 

La decisión en su voz por fin se hacía presente.

 

«¿Ves? Sólo necesitabas un empujón».

—Por cierto, mi nombre es Cris. ¿Puedo preguntar el tuyo?

—¿M-mi nombre? E-es Ku-...

 —¿Ku-…?

—Kujou —dijo mientras su rostro se ponía rojo de nuevo.

—Muy bien, Kujou-san. Es un placer conocerte —la saludé extendiéndole la mano.

 

Ella levantó su brazo despacio. De las grandes mangas de su abrigo, acechando tímidamente, apareció su dedo índice, el cual colocó sobre mi palma extendida. Fue extraño, aunque al final sólo sonreí.

 

Ya estábamos por ponernos a caminar de vuelta hacia el edificio, cuando un oficial nos detuvo antes de dejar el parque, argumentando que recibió un reporte sobre un par de locos gritando cosas vergonzosas en esta área. Por supuesto, Kujou-san y yo dijimos que los vimos darse a la fuga.

 

«Espera un momento, ¡¿cómo que “cosas vergonzosas”?! ¡Estaba seguro de que dije cosas geniales!».

 

A pesar de que Kujou-san parecía más decidida, durante nuestro recorrido de vuelta al edificio [V]niverse, ella se mantuvo detrás mío todo el tiempo; sin hablar ni hacer ningún ruido.

«¿Estará bien por sí sola?».

 

Ahora que ya estábamos frente a las puertas de cristal, comencé a temer que se repitiera lo mismo. Mis sospechas aumentaron al ver sus ojos de cachorro abandonado. Ante esa mirada, asentí con una expresión de confianza para motivarla.

 

—Puedes hacerlo.

 

Tratando de encontrar valor, la vi golpearse las mejillas con ambas manos, lo cual ocasionó que quedaran rojas de nuevo.

 

«Así que la vergüenza y el ataque físico son los enemigos de su rostro, ¿eh?».

 

Escuché una épica banda sonora con cada peldaño que ella subía,  llegó al final de los escalones y tomó las manijas de las puertas... Y así pasaron varios segundos, hasta que la música dentro de mi cabeza se detuvo de forma decepcionante.

 

Suspiré agotado (unas cuantas veces más y se volvería un hábito), me acerqué hasta ella y empujé las puertas. En ese momento Kujou recién se descongeló.

 

—¡Oh! —exclamó Kujou-san con los ojos como estrellas. La banda sonora también regresó.

 

Caminamos hasta la recepción, donde pedimos información sobre la entrega de formularios y cierta editorial que me interesaba visitar en el edificio.

 

Por mi parte logré programar una cita con un editor dentro de los próximos tres días, así que mi plan original seguía en marcha. El problema era Kujou-san.

 

—¡¿Cómo que no quieres entrar allí?! —exclamé incrédulo.

—Ya lo pensé mejor. Sé que no estoy calificafba fbafba efbotobbb… —Las palabras finales de Kujou-san fueron irreconocibles debido a que le estiré las mejillas.

—¡Entrarás ahora o nunca lo harás! —la regañé—. Para saber lo que quieres debes intentar muchas cosas: hablar con la gente, tomar retos, visitar nuevos lugares, ¡atreverte a hacer cosas que no harías! Yo no puedo obligarte a hacer algo que no quieres, y si lo dejas ahora no insistiré más; pero ¿cómo te sentirás tú? ¿Estás segura de que no te arrepentirás luego?

 

Kujou-san se estremeció. Tal vez todo lo que le dije caló más hondo de lo que creí.

 

—Esas palabras. Me suenan familiares...

—¿En serio? Cierta Vtuber me las dedicó —afirmé sacando el pecho, cuyo gesto provocó que la chica levantara una ceja.

—¿Por qué estás tan orgulloso de eso? De todas formas, tienes razón. ¡No puedo rendirme así de fácil! ¡Bien! ¡Hagyámoslo! —declaró mezclando una especie de maullido con la última palabra, lo cual me llamó la atención.

—¿KoNeko-san…? —Se me escapó casi como un susurro. La nostalgia surgió de golpe en mi interior.

—¿Eh? ¿La conoces? ¡No me digas! ¡¿También fuiste fan de ella?!

 

Por un momento mi corazón se detuvo. El hecho de pensar que pudiera encontrarme con KoNeko era, hasta ahora, sólo un inalcanzable anhelo. Hallar un antiguo fan de la retirada Vtuber ya era algo que atesorar.

 

—¡Sí, fui su fan número uno! —Sonreí presumido.

—¡¿De qué estás hablando?! ¡Conozco a quién fue su fan número uno y para nada sería un regañón! —protestó la chica.

—Oh, lo siento por él, pero no: ese lugar es sólo mío. De cualquier forma, discutamos esto luego, ¡ve adentro ya!

—¡Ah! ¡Es cierto!

 

Kujou-san se lanzó hacia el salón donde estaban reunidos varios miembros del staff de [V]niverse en una larga mesa, atendiendo a las personas que hacían fila para entregar sus documentos.

 

«En serio, ¿ella va a estar bien? No irá a retractarse frente a la mesa, ¿cierto?».

 

De repente, mis pensamientos fueron interrumpidos.

 

—¿Estás esperando a alguien? —preguntó una dulce voz—. Con ese rostro tan agobiado, parece como si algo te doliera.

 

Giré hacia la derecha para ver de dónde provenía la suave y relajante voz que me llamaba. Me encontré con un par de oscuros y penetrantes ojos clavados en mí. No hizo falta decir que me congelé.

 

Ante mi falta de respuesta, la chica se acercó sin vacilar. Poniéndose de puntillas, me tocó la frente mientras también se tocaba la suya.

 

—No pareces estar enfermo —agregó acunando su cara hacia un lado.

 

Nuestros rostros estaban tan cerca uno del otro, que pude ver sus largas pestañas y el lunar debajo del borde inferior de su ojo izquierdo. Mis sentidos me traicionaron, impidiéndome apartar la vista de su hermoso rostro.

 

—E-estoy bien. —Logré pronunciar. Por un momento pensé que me estaba convirtiendo en Kujou-san.

 

Ella entrecerró los ojos, dudando de mis palabras. Se acercó todavía más, como si en mis iris marrones encontrara las respuestas.  Luego se llevó un mechón de su cabello detrás de su oído derecho, donde tres trenzas tenían su origen y caían hasta rosar su clavícula.

 

—¡D-de verdad! ¡Estoy bien! —insistí con apuro.

 

Su cabello era largo, alisado con un fleco frontal y mechones laterales hasta las mejillas: era un corte al estilo “Hime” que la hacía ver como una persona recatada. No obstante, mi sistema entró en pánico de manera súbita cuando, al acortar la distancia, un par de grandes montañas se presionaron contra mi pecho. Pude sentirlas sin esforzarme, aun teniendo mi abrigo encima.

 

—Por cierto, tú no eres una persona de aquí, ¿verdad? —preguntó la chica con curiosidad—. No se ve a diario a alguien tan alto y con un peinado tan peculiar.

 

Respiré despacio antes de volver a hablar. Ella al fin se había alejado lo suficiente para que mi razón hilara bien las ideas.

 

—Así es, recién llegué a Japón. Gusto en conocerte, me llamo Cris. —Logré decir, sin atorarme.

—Minami Neko, ese es mi nombre. Me puedes llamar sólo Neko. —Me sonrió amablemente, sin invadir mi espacio personal—. ¡Oh! Pero no te confundas, no es el mismo “Neko” que significa “gato” —aclaró con entusiasmo.

—Lo tendré en mente, Neko-san.

—¿Y bien? ¿Por qué hacías un gesto de dolor hace un momento, Cris-san? —me interrogó con más interés que antes.

 

Estaba feliz de poder hablar con una chica tan linda, pero su envolvente personalidad apenas me permitía pensar en lo que estaba por decir. Me demoré en contestar, sintiéndome como un idiota. Tal vez ella supuso que no entendía el lenguaje... no lo sé. Sólo la vi colocar su dedo índice en su pómulo derecho, con incertidumbre.

 

—Estaba preocupado por alguien —respondí finalmente.

—¿Por alguien? —repitió Neko-san.

 

Estaba por agregar algo más cuando Kujou-san regresó. Internamente le agradecí porque estaba a punto de tener un colapso.

 

«Creo que me falta experiencia en hablar con chicas...»

 

Kujou miró entre Neko-san y yo. Sus ojos eran gigantes debido a la impresión que esta nueva chica también le provocó.

 

—¡¿Qué-qué es este sol que quema con tanta intensidad?! —exclamó antes de ocultarse detrás de mí. Neko-san sólo sonreía con su mejilla sobre una de sus palmas.

«¡Hey, Kujou-san! ¡Se supone que lo soportes conmigo, no que me dejes morir solo! Aunque entiendo cómo te sientes: Neko-san es despampanante».

 —Esta… esta chica: Kujou-san. Estaba preocupado por ella. —La señalé, pero parecía que se había fusionado con mi sombra. Entonces continué—: Entregó su formulario para una audición y quería asegurarme de que estuviera bien.

—¿Audición? —La sorpresa de Neko-san se notó a pesar de su brevedad.

—Sí. Ella quiere ser una Vtuber de [V]niverse. —Al decir esto, la curiosidad tocó mi cerebro—. Ahora que lo pienso, Neko-san, ¿eres una Vtuber de esta agencia? —le pregunté, convencido de que tanta personalidad no podía deberse a otra cosa.

 

Ella esbozó una sonrisa, como si esperara que llegáramos a esa conclusión. Sentí cómo la saliva pasó por mi garganta cuando tragué y de reojo pude ver a Kujou-san asomarse a mi lado, con el rostro expectante.

 

—A decir verdad…

 

Antes de continuar con su respuesta, Neko-san nos dijo que la siguiéramos y por inercia hicimos lo que nos pidió.

 

Para nuestra sorpresa, nos condujo a la cafetería del edificio, la cual estaba medio vacía a pesar de ser acogedora. Nos invitó un café para mí y un frappé para Kujou-san, quien comenzaba a aclimatarse a la presencia de Neko. Mentiría si dijera que yo ya estaba totalmente acostumbrado, pero ya podía hablar con normalidad.

 

—¡Rayos! —exclamó Kujou-san, con sus pequeños puños golpeando la mesa y rasgos de frustración en su cara—. ¡Estaba segura de que eras una! Me hubiera gustado pedirte algún consejo sobre la audición…—Y así se convirtió en polvo sobre su asiento.

 

Debo admitir que yo también me sentí decepcionado, puesto que igual pensé que Neko-san era una Vtuber. Neko-san en ningún momento perdió su sonrisa; más bien, parecía estarse divirtiendo con las expresiones de Kujou.

 

—No soy una de esas chicas, pero, si no te molesta recibir un consejo de alguien que sólo es del staff, ¡estaré encantada de ayudar!

—¡¿De verdad?! ¡No me molestaría en absoluto!

 

De esta manera, Kujou-san volvió a la vida. Bebí de mi café mientras escuchaba las sugerencias que Neko-san le daba. Supuse que sería breve. No obstante, ya le había hablado incluso sobre los programas de streaming más comunes, así como la forma de mejorar sus habilidades y potenciar sus aptitudes en tan sólo unos días.

 

—Pero no te confíes, Kujou-chan. Durante la audición seguro habrá gente que lo haga excelente y puede que incluso mejor que tú. ¿Crees que eso es lo más importante para pasar?

 

Vi cómo Kujou enderezaba la espalda.

 

—¿N-no lo es?

—Si lo fuera, sería muy sencillo y tampoco te estaría dando estos consejos —afirmó la chica—. Seré sincera contigo: a menos que tengas talento, no mejorarás mucho en tan sólo tres días hasta la audición. Pero allí está el mejor consejo que te puedo dar: inténtalo o no sabrás si tienes lo necesario.

 

Cuando escuché esa última frase, me envolvió la nostalgia. Por un instante creí saber la razón... aunque preferí obviar esa sensación y concentrarme en lo que Neko-san intentaba explicar.

 

Kujou también se veía un poco confundida y hasta decaída. Era comprensible: no tiene gracia que alguien te haga ver una realidad complicada sin compasión. En contraste, ella irguió su perfil.

 

—Entonces no lo sabré si no lo intento. Me atreveré, ¡lo juro!

«Tonta, eso te he estado diciendo todo el tiempo».

 

Sonreí para mis adentros.

 

«Todavía no entiendo a esta chica. A veces puede ser la persona más negativa del mundo y ahora es todo lo contrario. De hecho, había cierta chispa en sus palabras mientras sus ojos brillaban ilusionados».

—Neko-san, gracias por los consejos. ¡Me esforzaré! —exclamó Kujou-san, más entusiasmada que nunca.

—Bueno, está Kujou-san bien. —Dejé escapar mientras asentía.

 

Ambas chicas dirigieron su mirada hacia mí, intentando descifrar mis palabras.

 

—¿Eh? ¿Dije eso en voz alta?

«No es cierto. Mi mente y mi boca perdieron la sincronía, cometiendo un error tan básico que no supe a quién culpar. El lado positivo de esto es que ambas ríen despreocupadas».

—Por cierto, ¿ustedes dos se conocen hace tiempo? —preguntó Neko-san.

—De ser así, la actitud negativa de esta chica ya me habría convertido en un pez muerto. Afortunadamente nos conocimos hace poco.

—¡Eso fue grosero! —criticó Kujou-san—. Estoy segura de que yo ya tendría los tímpanos rotos contigo, ¡buh!

«Estoy seguro de que ella pronto sobrepasará los límites de mi paciencia».

—¿Es así? Como se llevan tan bien, di por sentado que eran amigos desde hace tiempo —añadió Neko-san con inocencia.

—¡¿Llevarnos bien?! ¡¿Cuándo?! —contestamos al unísono.

 

El reloj de Neko-san sonó antes de continuar con la conversación.

 

—¡Miren la hora! Si me disculpan, chicos, debo irme. ¡Espero verlos de nuevo!  Hoy también… ¡Hagyámoslo! —Y la chica se fue corriendo, casi volando.

 —¿Eh?

 

Kujou-san y yo volvimos a mirarnos, tratando de encajar sus curiosas expresiones dentro de nuestra memoria.  Ambos estábamos a punto de explotar en preguntas, pero Neko-san ya se había marchado, dejándonos con la incertidumbre. La próxima vez que la viéramos, definitivamente le preguntaríamos por ese “maullido”.

 

Después de charlar un largo rato sobre nuestras sospechas de haber encontrado a otra fan de la retirada KoNeko, nos pusimos de pie para dirigirnos a la salida.

 

—¡Kujou-san, espero que pases tu audición! —me despedí, una vez fuera del edificio—. Seguro no será fácil pero no soy el único que te lo ha dicho hoy: ¡Hasta que no lo intentes, no lo sabrás!

 

La pequeña chica se miró las manos, colocó una sobre la otra y las llevó hacia su pecho como si tocara su corazón.

 

—¡Lo haré! —respondió con fuerza.

 

Sinceramente, si ella hubiera desistido en el parque, pensaría que no tenía lo necesario para arriesgarse en un sueño como este. Ahora estaba seguro de que ella podía lograrlo, o al menos que tenía una oportunidad. Sin duda, ser incentivada por dos personas cumplió su objetivo.

 

Me despedí nuevamente de ella, deseándole el mejor de los futuros. Fue agradable compartir con una de las escasas fans de KoNeko, aunque fuera así de desconfiada. Me di media vuelta y comencé a caminar, dejando poco a poco a aquella chica atrás… o eso pensé.

 

¡De pronto apareció atrás mío, cuando ya había caminado tres cuadras!

 

«¿No me está persiguiendo o sí?».

 

Disminuí la velocidad a la que iba y ella hizo lo mismo, luego caminé más rápido y ella también me imitó. Me paré y volteé a verla. De inmediato, miró hacia otro lado. Di un paso hacia adelante sin apartar los ojos de ella y Kujou-san lo repitió, entonces retrocedí ese mismo paso y volvió a imitarme.

 

«Ok, ¿qué está pasando aquí?» .

—Ehm… ¿puedo ayudarte en algo más? —pregunté un poco nervioso ante su perturbador comportamiento.

 

Kujou-san miró hacia todos lados, como asegurándose de que le hablaba a ella y no a otra persona.

 

—Sí, te estoy hablando a ti —confirmé riguroso.

—E-eh… N-no —respondió mucho más nerviosa que yo.

—Entonces, ¿por qué me estás siguiendo?

—¡¿Qu-qué?! ¡No te estoy siguiendo! ¡Este también es mi camino! Cuando comencé a caminar me di cuenta que también ibas por él. —Kujou-san hizo una pausa para calmarse y agregó—: Sentí que sería raro rebasarte así que pensé esperar hasta que doblaras en algún otro lugar, ¡pe-pero nunca lo hiciste!

 

Las mejillas sonrojadas de Kujou-san iban a juego con el color vino de su boina. Aquello la hacía ver muy linda.

 

—Podemos caminar juntos hasta que nos despidamos en algún punto —le hablé con calma—. No creo que vayamos al mismo lugar, sería demasiada coincidencia.

—E-está bien —respondió más tranquila.

 

Después de llegar a la estación, tomar el mismo tren, bajarnos en el mismo lugar y venir al mismo parque, ahora también estábamos sentados en los columpios uno al lado del otro.

 

«¡¿Qué es esta situación?! ».

 

Como nos mantuvimos callados en el trayecto, no le pregunté a dónde iba. Simplemente nos mirábamos incrédulos ante semejante situación. Al menos yo sí tenía un asunto importante en ese parque: era el punto de encuentro con mi amigo Cronos_99. Estaba ansioso por conocerlo en persona después de un año hablando con él por Internet.

 

Observé a Kujou-san, quien parecía estar dormida. La dejé en paz, ignorando los motivos de su presencia allí. Tomé mi celular y revisé los últimos mensajes del chat de mi amigo:

 

Kur0ku: ¡Estoy en tierra firme!

Cronos_99: ¡Genial! ¡Al fin pones los pies en el suelo!

Kur0ku: ¿Por qué me siento ofendido?

Cronos_99: Ni idea de qué hablas. Bueno, ¡bienvenido a Japón!

Kur0ku: Qué gracioso...  ¡Gracias! ¿Supongo que nos estaremos viendo por la tarde?

Cronos_99: Sobre eso, tengo algo que hacer primero. ¿Podrías esperarme en este lugar a las 17:00? Es un pequeño parque cerca de donde vivo. El lugar es tranquilo así que podremos hablar en paz.

Cronos_99 ha enviado una ubicación. Tap para ver. >

Kur0ku: De acuerdo, nos vemos a esa hora.

Cronos_99: Por cierto, lleva una bolsa de papel… Tal vez la necesite.

Kur0ku: ¿Una qué? ¿Para qué?

Cronos_99: Te lo encargo, por favor.

Kur0ku: ¡A sus órdenes, Capitán!

 

A pesar del tono de algunos de sus mensajes, sabía que esa era su forma de bromear; aunque cuando lo conocí creí que sí se estaba burlando de mí.

 

Sonreí al recordar que la primera “conversación” que tuvimos fue un acalorado debate sobre los mejores aspectos de KoNeko. Como el chat por lo general no excedía los 70 espectadores, era fácil interactuar con ellos y con la misma KoNeko. De hecho, cuando la discusión empezó a salirse de control, fue la misma vtuber quien nos regañó, argumentando que era grosero pelear en el chat de una streamer y que debíamos llevarnos bien como parte de la misma fanbase. Cronos-san y yo estuvimos de acuerdo, nos disculpamos con ella y con el resto. A partir de allí, las cosas fluyeron por sí solas.

 

Primero nos agregamos a través de Pwipper, donde platicábamos sobre otras Vtuber, nos avisábamos cuando una chica estaba en directo o enviábamos clips y memes interesantes. Luego comenzamos a jugar juntos, aunque debido a la diferencia del lenguaje no nos entendíamos todo el tiempo. 

 

Creo que esa fue, realmente, la razón principal para que se desarrollara nuestra amistad: su interés por ayudarme a aprender japonés. Gracias a él, pude mejorar tanto en tan poco tiempo.

 

Sin darme cuenta, ya pasaban las 17:15. Comencé a preocuparme por mi amigo así que le mandé un mensaje. No era común que Cronos-san no fuera puntual. En todas nuestras reuniones para jugar o hacer alguna actividad, siempre había llegado unos minutos antes.

 

Kur0ku: Hey, Cronos-san, ¿estás bien?

Kur0ku: ¿Ocurrió algo?

Kur0ku: ¿Está bien si te llamo?

 

Hasta ahora nunca habíamos hablado por llamada. No había sido necesario ni siquiera cuando jugábamos en línea.

 

A mi lado escuché como otro celular vibraba tres veces consecutivas: provenía de uno de los bolsillos del abrigo de Kujou-san. Sin embargo, la chica no despertó. Dormía tan plácidamente que dudé que se despertara incluso si la llamaran.

 

Los minutos pasaron y Cronos-san no me contestó, así que me atreví a llamarle. Una fuerte canción de una Vtuber popular sonó al lado mío lo cual casi me hizo saltar.

 

«Vaya, al parecer Kujou-san sí es una verdadera fan. Para mí sería vergonzoso tener ese tono».  

 

Contrario a lo que pensé antes, la chica sí se despertó sobresaltada por la música. Entonces buscó desesperada su celular dentro de su abrigo y contestó con pánico.

 

—¡¿Kur0ku-san?! ¡¿Dónde estás?! ¡He estado esperándote en el lugar desde hace casi media hora! ¡Olvida eso! ¡¿Estás bien?! ¡¿No te perdiste?! Sé que las calles de Japón pueden ser algo raras para un extranjero, pero si estás en alguna situación complicada ¡iré a rescatarte!

 

Pensé que era una coincidencia que alguien la hubiera llamado al mismo tiempo. Supuse que era la persona que ella estaba esperando. Pero nada de lo que imaginé me preparó para esto: lo que acababa de escuchar me sacó de la Tierra y me arrastró hasta algún planeta desconocido en la galaxia de Andrómeda.

 

Me quedé parado, escuchando la voz de Kujou-san hacer eco en mi celular. Dejé escapar una sola frase:

 

—¿Cronos… -san?