Viviré y moriré

Capítulo 0: Prólogo

                                                           Sueños de muerte

 

 

Todo comenzó con lo que parecía ser una pesadilla.

 

El mundo se veía borroso, como si le hubieran puesto un filtro de desenfoque a mi visión, creo que había alguien además de mí, pero olvidé a esa persona.

 

Lo que sí recuerdo, es que caminaba con dificultad por un sendero en la zona media de un acantilado y me dirigía a una cueva que allí se encontraba; a mi izquierda había una caída a un mar con rocas puntiagudas, si resbalaba, moriría, aunque por suerte, eso no pasó.

 

Apenas entré en la cueva y profundicé en ella, observé algo inesperado: apareció una silueta femenina, sus rasgos eran casi indistinguibles, pues era una mujer hecha solamente de luz, el brillo blanco que emanaba de su cuerpo era tan fuerte que hacía desaparecer la oscuridad de la cueva. ¿Cómo no podría maravillarme al estar en presencia de ese ser?

 

Ella sostenía una refulgente corona adornada con brillantes gemas y parecía ofrecérmela.

 

Entonces, hipnotizado al ver su figura inmaculada, me acerqué a ella, aun temiendo que me acusarán de una infamia.

 

—Sea bienvenido, mi dios —me dijo, su voz cálida y angelical deleitó mi oído, similar a una bella melodía; sin embargo, su comentario me sorprendió más—. Por favor, tómela.

—¿Tú eres… un ángel? —Me atreví a preguntarle.

 

La respuesta a mi pregunta sólo fue una risita apenas audible.

 

Contemplé la corona que me ofrecía y la toqué, de repente, sin tener la oportunidad de poder decir algo más, un fuerte viento huracanado salió desde el fondo de la cueva; este me mandó a volar, como si me expulsaran de ese lugar por mi atrevimiento y ella sólo observó, complacida.

 

Caí por el acantilado y mi pecho fue atravesado por una roca puntiaguda que sobresalía del mar; entonces percibí la sangre cálida que se drenaba de mi cuerpo y me sofoqué debido a mis órganos vitales traspasados, y aunque era un sueño, la sensación era demasiado real: el dolor intolerable, el miedo causado por mi consciencia que se apagaba, la agonía de sentir cómo la vida se escapaba de mi cuerpo y la aterradora calidez del abrazo de la muerte inminente.

 

Para mí, este fue el principio del fin: ese día en el que conocí a un ángel y morí traspasado. Fue entonces cuando me pregunté, ¿realmente todo fue un sueño?