Viviré y moriré

Capítulo 1: El gran Athan Ambrosia

Mientras dormía, bien arropado en mi habitación, sonó mi despertador con un chillido horrendo.

 

—Agh… ¡Guarda silencio, maldito dispositivo de tortura! —refunfuñé semidormido, a la par, deslicé un puño fuera de la sabana y golpeé esa cosa para que se “callara”, y en consecuencia, me quedó doliendo la mano y el despertador empezó a sonar peor que antes—. Ups, creo que lo estropeé.

 

Frustrado, me levanté de la cama, tomé el molesto aparato y lo tiré por la ventana, cayó desde un segundo piso y se escuchó perfectamente cómo se reventó. ¡Ja! ¿Quién podría juzgarme? Todos odiamos esos “demonios”, sobre todo si suenan con estridencia a las seis de la mañana; yo sólo lo usaba porque me obligaron, pero no pude soportarlo ni un día, siempre he preferido despertar sin necesidad de esas cosas.  

 

Como sea, era lunes 15 de abril de 2019 y, como cualquier chico de mi edad, me levanté temprano para ir al colegio, así que empecé a vestirme. 

 

Realmente no necesito ir a ese lugar y la razón es simple: la necedad tiene un límite y mis profesores ya la sobrepasaron… ¡Ellos sólo saben parlotear cosas que ya conozco y cuestionan mi pensamiento avanzado! ¡Qué insolentes! Así que llegué a la conclusión de que no tiene sentido hacer razonar a esos irrazonables.

 

Por cierto, ¿qué quién soy? ¡Esa es una pregunta estupenda! Soy el magnífico Athan Ambrosia, tengo dieciséis años y soy mucho más inteligente que la mayoría, y tengo una meta muy clara: inmortalizar mi nombre en la historia de tal modo, que sólo unos pocos sean dignos de pronunciarlo.

 

—Ju, ju, juu... ¿Y qué tan difícil podría ser? —continué hablando sólo mientras posaba con poderío delante del espejo.

 

En él se reflejó mi rostro tallado por los mismos dioses, lució mi cabello negro como la noche, mis ojos azules como zafiros relucían en mi faz, y para ese momento ya me había vestido con el uniforme del colegio: una camisa beige manga corta y un pantalón azul marino. En mi país era una obligación que los estudiantes usaran el mismo uniforme, cosa que no me gustaba, así que me puse un chaleco oscuro.

 

Después de halagarme a mí mismo, continué con la misma rutina de todas las mañanas antes de ir al colegio, como ordenar mi cama, alimentar a mis mascotas y más cosas aburridas.

 

Mi casa era de dos pisos y mi cuarto estaba arriba, así que bajé por las escaleras de madera e iba en búsqueda de mi desayuno, me pregunté si ya lo habría preparado mamá… En la sala, las paredes estaban pintadas de azul, adornadas con cuadros y con esas casitas de arcilla que se guindan. Éramos una familia de clase media y nos podíamos permitir algunos lujitos como muebles muy cómodos, así que decidí sentarme en uno y llamé a mi “esclava” —mi madre— para que me trajera el desayuno. 

 

Casi de inmediato, mi mamá apareció, pero no traía el plato de comida que ordené, sino otra cosa, además, mantenía una sonrisita peligrosa y el ceño fruncido, entonces ella dijo:

 

—¿Podrías explicar esto, Athan? —Noté el montón de piezas destruidas que tenía en sus manos, era el despertador que arrojé.

—Primero que nada, olvidaste decir los buenos días, madre Alicia.

«No lo puedo creer, ni siquiera es educada con su hijo, ¡qué mal ejemplo!»

—Buenos días, Athan...

—Mucho mejor; ahora, respondiendo a tu pregunta, ese es el “demonio” que me regalaste ayer y yo sólo tomé las medidas necesarias, fin…

—¿De qué hablas? —Siguió mostrando una cara tan calmada que resultaba ser aterradora, pero no desfallecí ante ella y expliqué mi gran argumento.

—Esa cosa entre tus manos es un “demonio” que interrumpe el sueño de las personas, ¿sabes que le hacen los personajes de los animes a los demonios?  Eso, los aniquilan. Deberías sentirte muy mal, me regalaste un demonio, ¿cuántas madres conoces que les regalan demonios a sus hijos? Eres terrible.

—Ya veo… entonces tú lo tiraste. ¿Si sabes que casi me cae en la cabeza?

—Naturalmente. En primer lugar, ¿qué hacías afuera a las seis de la mañana?

—Jardinería desde temprano; Athan, te he dicho que al que madruga dios lo ayuda y por esa razón te regalé esto con mucho cariño.

—Regalas demonios como un acto de cariño. ¡Cuán malvada puedes ser!

—Parece que de verdad esas cosas te tienen con la cabeza cuadrada… —Mi madre se puso más seria y prosiguió a dictar su sentencia con satisfacción—: Estás castigado: nada de manga ni anime por una semana.

—¡¿Qué?! —Este fue un resultado imprevisto, mi mamá resultó ser la reina de los demonios.

—Te compraré otro despertador y espero que esto no vuelva a ocurrir, jovencito.

 

Entonces intenté hacer todo lo posible por hacerle cambiar de opinión, pero se negaba. Mi madre era una narcisista, ¿cómo se atrevía a humillar a alguien tan magnifico como yo? Eso no podía quedarse así y de inmediato se me ocurrió un plan en venganza: «Gastaré toda mi mesada en un montón de despertadores, a cada uno le pondré la alarma en horas distintas, los esconderé individualmente en varios lugares de su habitación y esto hará que se despierte múltiples veces durante la noche…» ¡Era el plan perfecto!

 

Tras maquinar y conversar con mi madre, me vi en la obligación de hacer mi desayuno como parte de mi castigo; cocinar es una tortura para aquellos que no tienen el talento y ni siquiera yo soy la excepción. Después de preparar y comer un exquisito sándwich con salsa de tomate, salí de casa y fui rumbo a la parada de buses.

 

Eran las siete de la mañana y aunque las nubes tapaban el cielo azul, todo estaba demasiado brillante. No me disgustaba ese clima, así que disfruté la frescura mientras andaba a la parada. Aunque tardó un poco, finalmente llegó el bus que me llevaba al colegio

 

El autobús estaba innecesariamente lleno de personas, era estresante, además, cada vez que el chofer aceleraba, este bus expulsaba un montón de humo negro que olía fatal, ¿acaso el dueño no sabía qué es el mantenimiento?  

 

Opté por ignorar eso y de camino me puse a leer en el celular un interesante artículo sobre los volcanes… La verdad es que son asombrosos, su poder destructivo es admirable.

 

—¡Athan, Athan! ¿Sabías que el magma se solidifica al enfriarse? —Justo cuando disfrutaba de la mejor parte de mi lectura, una chica de abundante cabello púrpura y ojos grandes como bellotas, se atrevió a decirme aquello, su voz era tan dulce que resultaba ser empalagosa, ella se encontraba sentada al lado mío y osó asomarse con su enorme cabeza sólo para ver lo que leía.

—Ah, Lucy Stella, sinónimo de plebeya; comprendo que tu desarrollo mental es inferior a lo normal, pero que digas eso, como si dudaras de mi gran conocimiento, te hace ver como esa lava esponjosa que reside en los volcanes, algunos la llaman “escoria”; en eso te convertiste cuanto te atreviste a menospreciarme así. Dicho en otro sentido, por supuesto —le respondí mientras le hacía ademanes para que dejara de invadir mi espacio.

—Uhm, no entendí nada… ¡Pero estoy segura de que eso fue gracioso y complicado! Como siempre, tu elocuencia es digna de elogio. —Lucy dio un único aplauso y sonrió con mucho cariño.

—Oh, oh… ¿Verdad que sí, plebeya? He cambiado de opinión, ahora me pareces encantadora.

—G-gracias —agradeció con nerviosismo, jugueteó con su cabello, sus mejillas se enrojecieron de repente y dejó de estar tan cerca de mí.

 

Reconozco que es muy linda, pero no era mi tipo, también admito que mi sarcasmo anterior fue innecesario, pero Lucy es como un saco de boxeo el cual resiste y recibe golpes como si nada, no importa que tan mal la trate, ella siempre está allí resistiendo mis bromas pesadas con una sonrisa; es una amiga fiel, sin duda, aunque la explicación más realista era que estaba enamorada de mí, ha de ser normal enamorarse de alguien tan perfecto como yo.

 

Como recompensa por haberme halagado, guardé mi celular y me puse a hablar con Lucy sobre los volcanes durante el resto del viaje, hasta que finalmente llegamos al colegio.

 

 

—… No, es un personaje demasiado plano, con este desarrollo no lograremos nada, ¿y qué pasa con esa frase? “Eres tan patética que llamarte idiota sería halagarte, ni siquiera la encarnación de la incompetencia es tan inútil como tú”, ¿sí sabes que no es muy propia para que el protagonista se la diga a la heroína después de salvarla, eh, Athan?… —Me juzgó un chico de cabello negro; era Leo Scotii, quien analizaba un manuscrito.

 

Leo era un indigno, pero ya que soy generoso, le di el privilegio de ser mi amigo.

 

En ese momento yo me encontraba en el salón de clases y faltaba poco para que llegara el profesor, y como era de esperarse, los murmullos de los demás alumnos eran molestos pues formaron grupitos donde cada quien hablaba de sus intereses. En nuestro caso, Leo y yo teníamos un plan: escribir una novela ligera y publicarla en el concurso de una editorial, si ganábamos, nos serializarían.

 

Recorríamos un camino espinoso, no sólo por el hecho de que escribir es difícil, sino que la comunidad “otaku” en Latinoamérica no solía leer mucho; es normal que pocas editoriales se interesaran en este tipo de literatura, sin embargo, hace dos meses una empresa se animó a darles una oportunidad y crearon un concurso. Consideraba la victoria como el primer paso para lograr mi mayor objetivo: inmortalizarme. Cada una de estas novelas contendría mis pensamientos avanzados e iluminarían las mentes carentes de cerebro de esta humanidad. 

 

Ambos escribíamos la misma novela y ya que le poníamos mucho esfuerzo, cada vez que teníamos una oportunidad por más mínima que fuera, hablábamos sobre el desarrollo de la trama.

 

—¿Y qué tal esta frase? “Mi amada, eres la flor del desierto, tan excelsa que decirte preciosa sería menospreciarte. Con razón reyes y dioses posan sus ojos en ti, pero yo jamás cederé y por ti pelearé…” —Esto lo comentó Daniel Ulquirrinose, quien también se oponía a la gran frase que inventé. Daniel era otro colega nuestro, él no tenía interés por las novelas, pero le pedimos ayuda ya que es muy bueno para las rimas y las frases; Daniel era un chico grande y no tenía ni un solo pelo en la cabeza.

—Eso está buenísimo, debemos colocarlo… —Leo empezó a anotar la frase.

 

Tanto Leo como Daniel habían juntado sus pupitres a mis lados, quedando yo en el medio; debo reconocer que me ha sorprendido la “evolución de personaje” que han tenido estos dos; antes Daniel era un bravucón que molestaba a Leo, pero eso cambió cuando llegué aquí. Sin embargo, estos dos enclenques se atrevieron a menospreciar mi borrador, eso me hizo sentir bastante mal, así que discutí alzando un poco la voz:

 

—No. Primero: deja esas cursilerías tan descabelladas para tu coco, Daniel. Es decir, ¿por qué el protagonista debería decir algo tan lindo cuando en realidad la heroína no fue más que una humana inútil que se dejó atrapar por un rey demonio? ¡Fue el héroe quien tuvo que pelear contra billones de quimeras, tres millones de demonios y el rey demonio mismo a la vez! ¡La otra sólo estuvo chillando y chillando! Incluso tuvo la oportunidad de escapar, pero no lo hizo, eso excede la incompetencia…. Y… y…

—¡Eso es muy duro y no alces tanto la voz por favor! —dijo Leo, hablando sin pausar, parecía que le avergonzaba mi actitud—. Se supone que el héroe lo hizo todo por amor, estaba desesperado por tener a la heroína, ¿no? Si tanto luchó por recuperarla, sería poco probable que la maltratara después de tanto trabajo… Bueno, sólo es mi opinión, tampoco es que importe tanto…

—Sí tiene importancia, y puede que esas tonterías tengan sentido en sus mentes, pero en la mía no. 

—Eso es problemático, colega, ustedes son un dúo y sus pensamientos deberían estar en afinidad —añadió Daniel mientras se rascaba la cabeza.

 

Es cierto, si un equipo no se coordina bien, su trabajo también será desordenado. De todos modos, elegí a Leo como mi compañero porque creí que era la persona con la que me coordinaría mejor, además de que tenía experiencia escribiendo, incluso hace meses publicó una novela “pesada”, pero le fue mal.

 

—¿Y si hacemos una lluvia de ideas y escogemos las mejores? —sugirió Leo sin muchas ganas, como siempre, su expresión era igual de depresiva.

—Con eso ánimos no me animas, ¿sabes? —dije.

—Mira, ya no sé si nuestro trabajo es bueno o malo. Lo peor es que este fin de semana es la fecha límite y aún no tenemos el final decidido, vamos a perder.

—No digas suposiciones como si fueran hechos. ¿Acaso olvidaste que yo, el gran Athan, escribo esto contigo? Conmigo el premio está garantizado, mortal.

—Sí… ganar, cómo no.

—Amigo, en esto sí le doy la razón a Athan… la novela no está nada mal. Yo creo que sí pueden alzarse sobre las demás obras y obtener la victoria con sangre, gloria y honor —dijo Daniel, él repartió su mirada entre nosotros dos y luego alzó el dedo pulgar en aprobación. 

—Hasta este simio sin cerebro puede contemplar nuestra victoria, ¿por qué un ser pensante como tú no puede entenderlo? —Me dirigí a Leo, mi habla no tenía ni una pizca de duda y afinqué los dedos de mi mano derecha con mi frente haciendo una pose soberbia.

—Simio sin cerebro… —Daniel entrecerró sus ojos, se cruzó de brazos y arrugó su cara haciendo una mueca difícil de describir.

—Bueno, puede ser que ganemos… —respondió Leo con desánimo—. Tal vez me anime si hacemos la lluvia de ideas.

—Aún faltan quince minutos para comenzar, así que: sí, hagámoslo.

 

Los tres nos pusimos a pensar e íbamos anotando cualquier idea, obviamente yo sugerí las mejores, pero parece que no les gustaría a todos. Irónicamente, durante todo el desarrollo de la historia no tuvimos percances, pero se nos complicó el final debido a que no podíamos decidirnos.

 

Me llevé los dedos bajo la barbilla, miré al techo, luego empecé a girar mi cabeza por todo el salón de clases, buscaba entre todos los alumnos o en el aula algo que me inspirara; concuerdo con cierto escritor que dijo que las ideas son las que nos buscan a nosotros, algún elemento en ese salón podría acelerar el proceso.

 

Al rato, una voz que pude reconocer de inmediato, me sacó de mis pensamientos,

 

—Esto… disculpen. —La persona que lo dijo estaba a nuestras espaldas, era…

—¡Lucy! —exclamó Daniel tras girarse y verla, él abrió la boca de par en par y se quedó abobado mirándola, ¿no es sospechoso?

—Holi, Dani. Holi, Leo… Uhm, ¿qué están haciendo? 

 

Daniel se levantó del pupitre de un salto, se golpeó una vez el pecho y respondió con voz gruesa:

 

—¡Actividades de machos pechos peludos: una lluvia de ideas! —No pude evitar carcajear en mi interior, eso se vio patético, tal como un simio. 

—Eh, ya veo… debe ser para la novela. —Lucy curveó las comisuras de sus labios formando una sonrisa amable y unió ambas manos como si estuviera orando. Es asombroso que su piel blanca similar a la de un bebé reflejara perfectamente la luz, no sabía qué pensar de ello—. Parece divertido, ¿puedo unirme? 

—¡Claro! Toma mi asiento si quieres, yo buscaré otro. Je, je…

—No es necesario, puedo traer el mío…

—¡Me rechazó sin siquiera pensarlo!

 

Él siguió insistiendo, pero igual fue rechazado, entonces volvió a sentarse y suspiró derrotado. «Es natural, idiota, Lucy es de esas chicas que no le gusta molestar o aprovecharse en lo más mínimo de los demás», pensé.   

 

Lucy también estaba en bachillerato y siempre se nos unía cuando hacíamos actividades como estas, lo que no entendía era por qué nos pedía permiso, ¿acaso es tonta?

 

Viendo a Lucy, recordé algo:

 

—Una cosa, plebeya, ¿no te encontraste con Dafne? Me parece raro que no haya aparecido hoy —le pregunté a Lucy. Dafne es la chica más popular del colegio y está en otra sección, digamos que es la última de nuestro grupo.

—Dafne… —Lucy se quedó mirándome fijamente, como si su mente se hubiera desconectado del mundo, parece que se abstrajo sin razón aparente.

—¿Qué pasa? ¿Tengo algo en la cara aparte de mi perfección?

—¡Eh, lo siento…! Q-qué vergüenza. —Sus mejillas se enrojecieron y retrocedió apenada. Qué tierna, no pude evitar imaginarla con orejitas de gatos, similar a esas “lolis” de los animes.

—Contexto de tu reacción, plebeya…  

—Perdón, perdón… Es que me hiciste recordarla; parece que Dafne tiene fiebre y estoy un poco preocupada.

 

Eso sí fue una sorpresa, Dafne estuvo muy activa el día anterior, no esperé que enfermase de la noche a la mañana. 

 

—Eso es malo. Deberíamos ir a visitarla en la tarde, ¿no creen, chicos? —añadió Leo, quien también empezó a angustiarse por la condición de Dafne. 

—Bastará con mandarle un mensaje, podría tener un virus mortal o algo así y visitarla sería una pésima idea —dije con aires de autoridad y tras peinarme un mechón de pelo con la mano.

—Eso es muy extremo, además, ¿no te preocupa?

—Claro que me preocupa, pero dudo que una fiebre acabe con una chica tan malvada como Dafne.

 

Era inevitable llamarla malvada, pues se burlaba de mí, cosa que tenía retribuciones inconvenientes para ella, por supuesto. Aunque estaba ausente, fácilmente podía imaginar todo tipo situaciones en las que nos hacíamos “bullying” mutuamente.

 

—Propongo algo: deberíamos llamarla y que nos diga si puede recibir visitas —añadió Lucy.

—Es lo más inteligente lo mires por donde lo mires.

 

Estuvimos un rato más conversando acerca de Dafne y acordamos llamarla cuando terminara la clase.

 

Luego, cuando faltaban sólo dos minutos para el inicio de la clase, cambié de tema y aproveché para preguntarle algo a Lucy:

 

—¿Cuál de estas dos frases te parece mejor? Toma en cuenta que la heroína es una incompetente y el héroe tuvo que salvarla múltiples veces… —le expliqué el contexto de la situación con nuestra novela y le mostré las frases que escribimos Daniel y yo.

—Uhm, veamos... dice: “Mi amada, eres la flor del desierto, tan excelsa que decirte preciosa sería menospreciarte. Con razón reyes y dioses posan sus ojos en ti, pero yo jamás cederé y por ti pelearé…” y la de Athan es “Eres tan patética que llamarte idiota sería halagarte, ni la encarnación de la incompetencia es tan inútil como tú” —leía Lucy.

—¿Qué piensas, Lucy? Si estuvieras en la situación de la heroína, ¿qué preferirías? —preguntó Leo, quien parecía expectante ante la respuesta de Lucy.

—Está mal planteada la pregunta, tonto. Lo importante es que ella lo piense como lectora —aclaré.

 

La verdad es que estaba seguro de que Lucy me apoyaría como siempre lo hace, así que no puede evitar reírme como todo un villano y regocijarme como un emperador cuyos planes tenían garantías de éxito.

 

—Uhm, bueno, ya sea la heroína o lectora… preferiría la primera, es muy tierna. —Esta fue la respuesta de Lucy, ella sonrió juguetonamente, me miró y se rascó la sien—. L-lo siento, Athan, tu frase está muy fuera de contexto, je, je…

 

¡¿Qué demonios?! ¡¿Acaso Lucy acababa de traicionarme?! ¡Eso fue una cuchillada por la espalda! ¡Si me hubiese atravesado un rayo, dolería menos!

 

Al escucharla, Leo y Daniel chocaron los cincos.

 

—¿Ves, Athan? Hasta Lucy está con nosotros. Somos tres contra uno —dijo Daniel.

 

Estaba a punto de usar un súper argumento para destruir a estos bastardos que se atrevieron a humillarme de esa manera, pero antes de hacerlo… 

 

—Sin embargo… —continuó diciendo Lucy—… Entiendo lo que quiere decir Athan, es verdad que muchas historias plantean a la heroína como una incompetente, por eso les sugiero esta idea…

 

Ella pausó un momento, como si esperase que le diéramos permiso para continuar.

 

—¿Y esa idea es?... —dijo Leo.

—Que ella se sacrifique, entregando la vida por el bien de su amado, no existe una mayor muestra de amor que esa. 

 

De inmediato, Leo, Daniel y yo nos miramos a las caras, sorprendidos por la idea inesperada. Verdaderamente sería un buen giro para la trama y le daría un sabor amargo al final de la historia.

 

Había algo de ese comentario que me puso inquieto, pero justo cuando intenté decirlo, entró el profesor al salón de clases; de inmediato tuvimos que separarnos y colocar los pupitres en su lugar.

 

 

El día pasó, habían ocurrido muchas cosas, algunas divertidas, otras no tanto; aun así, no podía dejar de pensar en lo que dijo Lucy, no sólo por el hecho de que era una buena idea, sino porque no podía comprender por qué alguien se sacrificaría, desde mi punto de vista, esos que dan su vida por otros no son más que necios que no ven el valor de esta.

 

Había llegado la tarde y las clases terminaron, referente a Dafne, cuando la llamamos, ella dijo que no fuéramos a su hogar, esa tonta. En cuanto a Leo y Daniel, se habían ido antes que yo.

 

Justo cuando salía del colegio para volver a casa, me encontré a Lucy, entonces caminamos juntos a la parada de buses, vivíamos cerca, así que no tenía problemas para acompañar a esa muchacha.

 

Fue genial ver el sol que reposaba en el firmamento e iluminaba el mundo en un bello ambarino que creaba un aura de misterio.

 

Al caso, cuando andábamos por la calle, me detuve frente a un parque y le pregunté:

 

—¿Recuerdas eso que mencionaste esta mañana sobre que la heroína se sacrificase?

—¿Eh? Sí, ¿por qué, Athan? —respondió Lucy e hizo un gesto que evidenciaba su confusión por mi pregunta.

—Tengo una duda, ¿para qué se sacrificaría la heroína?

—Esto… no soy experta en eso de contar historias, pero podrían crear una situación en la que el protagonista creyó que rescató a su amada, baja la guardia, ocurre un ataque sorpresa que mataría al héroe, ella ve eso y se interpone en el ataque, recibiéndolo en el acto.

«Es ridículo, ¿acaso Lucy no tiene cerebro en la cabeza?»

—No me refiero a eso, Lucy. O sea, ¿por qué esa mujer debería entregar su vida? ¿Qué la motivaría a ponerse en medio del ataque?

—Ah, te referías a eso… Bueno, ¿cómo decirlo? —Sus mejillas se enrojecieron.

 

De repente, Lucy apaciguó su mirada, su cara se volvió tan calmada que sentía que podía perderme en ella; entonces unió ambas manos y se las llevó al pecho, justo donde estaba su corazón palpitante; una fuerte luz amarilla se posó donde ella estaba, abrí mucho los ojos al ver esa escena tan artística y dramática, admito que fue emocionante.

 

—¿Lucy? —pregunté, no entendí por qué posó con pasión.

 

Entonces ella fijó sus iris en mí y en sus ojos amatistas me reflejé.

 

—Porque lo ama… sólo por eso. —Su voz se volvió mucho más delicada, llena de sentimiento—. Él héroe hizo mucho por ella, y ella siente que hizo poco por él, piensa que no es más que una carga para esa persona que aprecia. Ella siente que le debe, que tiene una deuda que jamás le podrá pagar y motivada por ese profundo amor, aun sabiendo que ella y él son uno, que sin su otra parte igual no podría vivir, de igual forma se sacrifica. Creo que eso es lo único que puede motivar a alguien a dar su vida ya sea a favor de una causa, de un hijo, de un amigo o… de su amado. Todo por amor. —Para complementar la escena, su cabello fue llevado por una delicada brisilla.

 

La forma en la que Lucy me miraba, esa manera tan radiante en la que se dirigía a mí y esa pasión en su discurso, me dejó sin palabras, robó mi aliento. No lo entendía, su expresión no era la de una chica enamorada, tampoco era la de una amiga que le hacía el favor de explicarle algo a su amigo, sino más bien, Lucy se dirigía a mí, sorprendentemente, con una cara de agradecimiento y, aunque no lo dijo, así fue como lo sentía, no sabía la razón y tampoco le preguntaría. Tampoco es que importaba tanto, de hecho…

 

—Por amor, a eso se reduce todo…  Eso es… es una estupidez. —En efecto, esa chica era tan tonta que me había dejado sin palabras, su necedad había tomado mi aliento, entonces proseguí—: ¿Sabes por qué lo digo? Porque es el fin del sacrificado, su futuro deja de existir, ¿qué sentido tiene hacerlo? Si muere no podrá disfrutar de los beneficios. Es como entregar algo valioso a cambio de nada en absoluto. 

 

—¿Así es como lo piensas? supongo que tendrás razón… Uhm, qué vergüenza, creo que me dejé llevar… —Ella soltó una risilla tímida. 

«¿En serio no le afectó lo que le dije? Estoy seguro de que otra persona se hubiera molestado; bueno, tampoco es que sea algo anormal tratándose de Lucy, siempre es la misma».

 

Opté por cambiar de tema y continuamos avanzando.

 

 

Había llegado la noche y me encontraba en casa, tratando de descansar debido al arduo día.

 

Me tocó volver a cocinar y tuve que hacer los quehaceres.

 

Luego, cuando eran las diez de la noche, estando solo en mi habitación, no me sentía nada bien, era por varios factores: mi hermana escuchaba rock a todo volumen, esa imbécil se aprovechaba de la ausencia de nuestros padres. Normalmente le hubiera reclamado, no obstante, espontáneamente me sentí inquieto, tenía la impresión de que algo no estaba bien. 

 

Me arrojé de espaldas en mi cama y me quedé observando el techo, trataba de entender por qué alguien tan valiente como yo estaría de esa forma. 

 

No le temo a la oscuridad, pero igual dejé las luces encendidas, tenía la sensación de que estaba por pasar algo malo; era similar a estar perdido en un bosque y sentirse amenazado por algo que desconoces.

 

Jamás había tenido una ansiedad como esa…

 

Luego, cortos fragmentos llegaban a mi mente y evocaban sensaciones aterradoras.

 

“Sea bienvenido…”, retumbó el recuerdo de esas palabras llenas de misterio.

“Tú eres…”, volvió esa frase repleta de admiración.

 

Luego, una imagen de mí mismo cayendo a un mar de rocas puntiagudas se fijó en mi mente.

 

—¿Q-qué pasa? —susurré para mí mismo, constreñía mi pecho con mis manos, como si tuviera una herida.

 

Por alguna razón, mi tórax lo empecé a sentir extraño, como si hubiese sido atravesado, pero no dolía… Imagina ver una película sangrienta y que te muestren una mutilación grotesca, te es desagradable y sientes algo raro en tu cuerpo, quizás porque estás temeroso de que te ocurra lo mismo, algo así sentía en ese momento.

 

Sudándome las manos, agitando mi cabeza, finalmente lo entendí:

 

—Ah, es ese sueño… —dije—. Ese fue… fue el sueño que tuve ayer… —Me costó tragar saliva—… No lo recordaba esta mañana, ¿por qué ahora sí?

 

Normalmente, cuando alguien tiene una pesadilla, la recuerda apenas se despierta, pero eso no pasó conmigo. Recordé aquella pesadilla en la que moría después de tantas horas.

 

Como en cualquier sueño, no me acordaba bien de los detalles, todos eran fragmentos confusos, y breves sensaciones que se sentían demasiado reales.

 

—¿Podría ser qué yo estoy enloqueciendo? —dije.

 

No, mi mente estaba demasiado bien, era ridículo sentirme tan asustado por una pesadilla, no es propio de alguien como yo. Entonces, enseriándome y burlándome de lo tonto que fui, me levanté de la cama y apagué las luces.

 

—Ja, sueño estúpido, como si yo fuera a morir de una forma tan patética —decía mientras volvía a la cama y me acostaba. Dejando de lado la preocupante sensación, me relajé y me quedé dormido.

 

 

Comencemos. —Una voz diabólica resonó en mis oídos, casi como si un ente estuviera durmiendo a mi lado y me hubiese susurrado esas palabras.

—¡Aaaaaahgg! —Con la respiración acelerada, con el corazón palpitando velozmente, sudando como si estuviera dentro de un horno, me desperté abruptamente y grité aterrado.

 

Giraba mi cabeza en todas direcciones viendo mi habitación, estaba en búsqueda de lo que fuera que me dijo aquello, sin embargo, todo era tranquilo.  

 

—N-no hay nadie… ¿F-fue producto de mi imaginación? —dije, después que pasaron unos minutos. Luego noté algo, mi habitación estaba preocupantemente brillante, como si hubiera una luz amarilla encendida—. R-recuerdo que apagué las luces…

 

En esa noche desperté asustado y, preocupantemente acalorado. No, realmente hacía mucho calor… demasiado. 

 

—¿Qu-qué ocurre? ¿Qué es este maldito calor? —pregunté, cuando al fin me di cuenta de que la temperatura estaba anormalmente elevada, quizás a unos treinta y nueve grados—. Hace un momento todo estaba fresco… 

 

Me levanté de la cama, me dirigí al botón que encendía las luces de mi cuarto y no tardé mucho en descubrir que las bombillas estuvieron apagadas todo el tiempo.

 

Diría que me quedé helado en ese momento, pero no era apropiado debido al calor infernal, quizá pasmado sería la expresión correcta.

 

Entonces giré mi cabeza a donde estaba la ventana de mi cuarto y noté que la luz venía de afuera.

 

—¿Qu-qué demonios? —Entonces, tembloroso, me asomé por la ventana y fue cuando lo vi…

 

Era la una de la mañana del martes 16 de abril de 2019, fue ese el día cuando noté que la noche era tan brillante como el día, literalmente había un “sol” que iluminaba el que se suponía que era el lado oscuro de la tierra.

 

Entre nubes que fulguraban en amarillo como el electro, en medio de ellas, en el cielo, una bola de energía ardiente tal como una estrella se formaba.

 

Esa era una escena espantosa, digna de una película apocalíptica.

 

—N-no puede ser… —dije, sacando totalmente mi cabeza fuera de la ventana, sin poder desviar mi mirada atónita ante este fenómeno, deseando que mis ojos me engañaran...

 

Y la temperatura siguió aumentando…