Viviré y moriré

Capítulo 3: Investigando el periodo indeterminado

Siempre leía relatos de personas que sufrieron un accidente que las dejó en coma, tiempo después, ellos volvieron a despertar, algunos mantenían sus recuerdos, otros no.

 

Me llamó mucho la atención uno de esos casos en particular: una niña que cayó desde un segundo piso y se golpeó fuertemente la cabeza; ella relató que tardó unos segundos para que su consciencia se desvaneciera y entendía que iba a morir, pero, aun así, se aferró fuertemente a la vida e hizo todo lo posible por ponerse de pie, cosa que no pudo hacer. La niña había quedado en coma por más de tres años, después despertó en la cama de un hospital. Lo curioso es que, apenas despertó, lo primero que le vino a la mente fueron todos los sucesos de su accidente.

 

Para esa niña, todo habrá pasado como un parpadeo, su consciencia no tenía registro de esos tres años en los que su mundo era negro, ese tiempo no existió para ella. La historia termina con la joven confesando que, aun estando en la cama del hospital, estaba confundida por el cambio abrupto de escena, aterrada por la muerte que supuestamente se le acercaba y mantenía los mismos escalofríos de aquella vez, pues, en realidad, fue alguien el que la empujó tratando de asesinarla.

 

En aquel entonces, cuando leí eso, me esforcé por entender las sensaciones de la niña, quería ponerme en su lugar e imaginarme toda su situación, pero no pude.

 

Ahora bien, en ese día en el que desperté en mi habitación y recordaba aquella sensación en la que morí por un fuego que descendió del cielo, fue que pude entender perfectamente lo que sintió aquella joven; sentí la agonía antes de morir y como mi mundo había quedado en oscuridad, pero, tan rápido como un parpadeo, desperté en otro lugar: mi habitación. ¿Cómo debería encarar una situación tan anormal? ¿Aún estaba en peligro? ¿Qué sucedió? A diferencia de aquella niña, a mí me costaba creer en los sucesos anteriores; si había muerto y el planeta entero había sido destruido, ¿entonces por qué desperté en mi habitación?

 

No creía en la vida después de la muerte, así que de inmediato descarté esa idea; de hecho, me sentía vivo, nada me dolía y estaba bien en general, por lo tanto, esos pelos que tenía erizados por los escalofríos y el miedo que experimentaba en ese momento, venían meramente de mi mente. Miré por la ventana y noté que todo estaba preocupantemente alegre; vi varias mujeres que sonreían mientras trotaban a orilla de la calle, y en el cielo, la única estrella cercana a nuestro planeta era nuestro pacífico sol. Llegué a la conclusión de que estaba en un lugar seguro, entonces empecé a analizar mi situación y me planteé varias hipótesis:

 

—¿Podría ser que estoy tan inmerso en los sueños, que experimento las situaciones cómo si fueran totalmente reales? —me comenté, volviendo a mi cama y no dejaba de ver la hora y la fecha que aún marcaba el despertador—, o bien, regresé en el tiempo.

 

Ambas teorías eran demasiado difíciles de creer, se parecían más a las circunstancias de algún personaje de un libro de ficción. De igual forma, era difícil no considerar esas posibilidades tomando en cuenta mi situación.

 

Me rasqué con fuerza la cabeza y no dejaba de agitar mis piernas mientras pensaba, quería darle una explicación racional a todo, sin embargo, alguien se atrevió a entrar a mi cuarto sin siquiera tocar la puerta y su voz aguda me sacó de mis pensamientos.

 

—¡Athan! ¿Estás bien? —Era mi mamá, parecía preocupada y era obvio que se apresuró a venir a donde yo estaba; ella tenía un delantal sucio con tierra y algunas herramientas de jardinería en las manos—. ¿Por qué te ves tan asustado?

 

Hacía unos momentos había gritado tan fuerte, que era normal que todos se hubieran alarmado. No podía ver mi cara, pero supuse que tenía la expresión de alguien que estuvo en una espeluznante situación, por lo que, antes de dar una respuesta, respiré hondo y traté de verme lo más tranquilo posible, a fin de calmarla.

 

—No es nada… Sólo tuve una pesadilla en la que ocurría algo imposible: alguien me humillaba —respondí, y había algo de verdad en esa respuesta, la “estrella huracán” verdaderamente me humilló.

—¿De verdad? —Mi madre se llevó una mano a la frente, me miró como si fuera un alienígena y suspiró con frustración—. Por semejante tontería me hiciste preocupar innecesariamente, jovencito.

—Sí…

 

En ese momento me di cuenta de algo y averigüé:

 

—A todo esto… ¿recuerdas que haya pasado algo anormal en las últimas horas? ¿Y qué día es hoy?

 

Pregunté eso porque quería saber si mi madre había experimentado algo relacionado con el fenómeno anterior y la otra pregunta era para confirmar si la fecha que marcaba el despertador era la correcta.

 

—Es lunes quince de abril, Athan; en cuanto a lo otro, dejando de lado que tengo un hijo anormal, recuerdo que anoche estuve haciendo cosas de adultos con tu papá, ese hombre sí es anormal a la hora de…

—¡Está bien, suficiente, no quiero saber más de eso! —Tuve que interrumpirla, me importaba más un grano de arena que su vida sexual.

 

Empecé a comportarme como si nada pasara. Quería que mi madre se fuera, sobre todo si decía esa clase de comentarios, y me dejara pensar con claridad; por otro lado, pude descubrir algo importante, el hecho de que mi mamá no mencionara nada relacionado a los acontecimientos que el mundo entero experimentó, cuando fue destruido, fue un punto a favor de la hipótesis de que todo era parte de un sueño sobrenatural, es decir, era algo que sólo estaba en mi mente; no obstante, a juzgar por el aspecto de mi madre, estaba claro que realizó jardinería desde temprano, tal y como lo hizo el 15 de abril que supuestamente ya había vivido; esto, por supuesto, me confundió.

 

—¿O puede que sólo yo lo recuerde…? —me susurré.

—¿Has dicho algo? —contestó mi mamá sin saber nada de nada, no me percaté que ella aún estaba en la puerta de mi habitación. 

—Nada importante… ¿podrías salirte ya? Tu hijo adolecente está deseoso de vestirse para ir al colegio, sé considerada.

—No me hables así, Athan, y será mejor que me expliques eso… —Mi mamá señaló a donde estaba mi mesita de noche.

—¿Qué pasa? —Volteé a ver a donde ella señalaba y rápidamente comprendí que se refería al despertador. Volviendo a verle la cara y notando como una de sus cejas se fruncía mientras la otra se alzaba—: Ah, eso, pues oficialmente desperté de malhumor y lo destruí. 

—Okey, espero que no te ponga de más malhumor saber que ahora estás castigado: nada de anime ni manga por una semana.

—Eso no es nada comparado a morir incinerado por una estrella —solté con total desinterés y aceptando el castigo.

—¿De qué hablas? —Mi madre ladeó la cabeza confundida.

—Nada especial… ¿Sabes? tengo hambre, ¿podrías hacer el desayuno?

—No, hazlo tú. —Dando esa respuesta cortante, mi mama soltó una risita malvada, salió de mi cuarto y cerró la puerta.

 

No era muy apropiado decir que eso se sintió como un déjà vu, pues sabía que así terminaría la conversación y eso era lo más alarmante; varios acontecimientos estaban ocurriendo de forma similar a la última vez.

 

—¿O puede ser que conozca tan bien a mi mamá que mi mente creó una ilusión perfecta de ella? —me pregunté.

 

Terminé levantándome de la cama y empecé a caminar en círculos por mi habitación; mi cuarto tenía varias estanterías llenas de mis tesoros más preciados: mis libros; cuanto más conocimiento obtuviera, más poderoso sería, esa fórmula también aplicaba a las anomalías que estaba experimentando, también en mi cuarto tenía un acuario con tres peces koi y les eché comida de forma monótona.

 

—Suponiendo que sea un sueño, ¿por qué no podía tener algo de control en el mismo? —razonaba, mi mente estaba apartada de mis acciones y por ello les echaba una porción exagerada de comida a los peces.

 

No pude llegar a una conclusión lógica, pero sí tenía una manera de comprobar si algunas de mis teorías eran ciertas, y para organizarme mejor, llamé como “periodo indeterminado” a ese lapso de tiempo que inició en la mañana del 15 de abril de 2019 y terminó al medio día del 16 de abril con la destrucción del mundo. 

 

—Iré al colegio y haré lo mismo que hice durante el “periodo indeterminado”, si todo fluye tal y como lo recuerdo, entonces no quedará duda de que realmente volví en el tiempo y estoy repitiendo la misma línea temporal, en cambio, si las cosas ocurren de manera distintas, entonces tengo algo malo en el cerebro.

 

Incluso alguien tan magnífico como yo dudaba de su cordura en esa situación, sin embargo, eso era mejor a que tener que repetir aquel infierno.

 

Realmente me sentía emocionado, siempre había querido vivir una situación anormal en mi vida, no obstante, no podía ignorar el hecho de que aquel dolor tan real y esa aterradora escena se quedaría grabada para siempre en mi mente; era irónico, me emocionaba lo que me aterraba.

 

Pasando el tiempo, me vestí con el aburrido uniforme de siempre, preparé el mismo sándwich con salsa de tomate, salí de casa y fui rumbo al colegio.

 

Por cierto, era una mañana muy fría, se me ponía la piel de gallina y parecía que el frio se filtraba por mi carne hasta llegar a mis huesos.

 

En el camino me dediqué a observar el comportamiento de las personas, descubrí que todos actuaban con normalidad, eran indiferentes a los peligros y confiaban en su efímera seguridad. Era obvio que en sus mentes no había registros del “periodo indeterminado”.

 

Era increíble la calma que exponía, aunque sí es cierto que esos sucesos fuera de lo común tenían toda mi mente revuelta, yo consideraba que aquellos que no mantenían la calma tomaban decisiones estúpidas que sólo empeoraban su situación, jamás llegaría a tal nivel de necedad, prefería pensar y analizar al “enemigo” antes de ejercer alguna acción.

 

Mirando las calles mal pavimentadas, los charcos de agua que eventualmente pisaba y los edificios a la lejanía, me venían a la mente aquellos recuerdos de como todo ardía y traté de no pensar tanto en ello.

 

Al rato pude subirme al mismo bus, el que llevaba a mi escuela, y cuando me senté en un incómodo asiento, me dediqué a mirar a todos lados tratando de ver a Lucy, quien debería estar allí, pero ella nunca apareció.

 

—Qué extraño… —murmuré, la ausencia de Lucy fue un punto negativo para la teoría de que volví en el tiempo, cada vez me confundía más.

 

El bus continuó avanzando, hasta que finalmente me dejó delante del colegio. Un edificio construido con ladrillos naranjas se alzó delante de mis ojos, era el prestigioso liceo de San Monroy.

 

Pasando por el portón, pude ver a varios estudiantes andar de acá para allá, la mayoría reunidos en el extenso patio; otros estaban sentados en el "murito" de la fuente que tenía en el centro la estatua de un libertador. En general, todos eran muy ruidosos.

 

Miré hacia la derecha y noté a un grupo de chicas que tomaban a una tímida joven de un grado menor, vi como se la llevaban a un lugar solitario; no importaba que tan prestigioso fuera un colegio, en todos había “bullying del fuerte”, naturalmente, me era despreciable esa clase de comportamiento, ya que sólo yo tenía permitido efectuarlo. Normalmente me hubiera asegurado de darles una lección a esas irreverentes que se atrevieron a burlarse de mí, pero no era el momento apropiado.

 

—Pero sí es nuestro colega, Athan. —Escuché una voz a mis espaldas, me giré y pude ver a un sujeto muy alto, que no tenía ni un pelo en la cabeza, su “coco” expuesto reflejaba perfectamente la luz.

—H-hola, Athan —saludó otro chico que estaba al lado de él, este era más “enano” y parados uno al lado del otro, se podía ver con facilidad la diferencia de tamaños.

—Pero sí es el cómicamente gigantón de Daniel y el nuevo héroe de Narvel: Leo, el “Súper-Gallinón”, ¡mis grandes amigos! —contesté. Me fue inevitable alegrarme al ver que ese par de idiotas aún estaban bien.

—No sé la razón de esos apodos, ¿¡pero no se te pudo ocurrir algo menos humillante!?

—¿Qué sea más humillante dices? —Empecé a carcajearme y le di un par de palmadas en las espaldas de mis compañeros.

Uh, uh, uh, mejor no hagas enojar a este simio sin cerebro porque te toma por el pescuezo y te revienta desde adentro, uh, uh, uh… —Daniel me respondió como si estuviera rapeando y, a la vez, hacia ademanes al son de su “canción”.

—No sé a qué te referirás con eso de que revientas desde adentro, pero será mejor que sigas puliendo tu rap a ver si así tus cacofonías dejan de causar cáncer auditivo. —Definitivamente esa respuesta sarcástica debía estar entre mis favoritas.

—Eh… No seas tan duro, compatriota, hoy tienes esa lengua bastante afilada, ya te pareces a mi vecina. ¡Grrrr! —Al refunfuñar eso último, gruñó y cerró con fuerza sus puños, quizás iba dirigido a su vecina ausente, ¿quién sabe qué clase de relación tendrían?

—Lo siento, es que hoy, oficialmente, estoy de malhumor; saben que cuando me pasa, mi mente es un treinta por ciento deficiente y mi odiosidad aumenta un diez por ciento, pero me alegré al verlos a ustedes vivitos y coleando.

—¿Y por qué razón creíste que no estaríamos vivitos y coleando? —intervino Leo mientras arqueaba una ceja en confusión.

—La vida es un vaivén: hoy puedes estar vivo, mañana morir y luego volver a vivir y así.

—¡Eso no tiene nada de sentido! —Leo me miró con sus ojos ambarinos como si yo fuera un extraño. 

—¡Exacto! Uno no vuelve a vivir cuando muere, así es como funciona. —Chasqueé mis dedos y los señalé, reforzando mi punto.

 

Leo y Daniel me observaron de una forma extraña, como si yo fuera un impostor o una variante similar. Probablemente estaban confundidos por mis comentarios aparentemente sin sentido, no obstante, en realidad iban dirigidos a mí mismo. Era bastante tonto por mí parte considerar que morí y volví en el tiempo, aun así, una parte de mí no podía descartar esa teoría.  

 

—Hoy actúas un poco raro, camarada —afirmó Daniel, quien se rascaba su “coco”.

—¿De qué hablas? Probablemente estés imaginando cosas —solté esa respuesta desinteresada, a fin de cambiar de tema—. Por cierto, ¿tenemos avances con nuestra novela? Traje algunas frases para el final tal y como acordamos, Leo.

—De eso les quería hablar… Aún he tenido problemas para redactar el final… Umm, ¿Cómo decirlo? Este… Tus ideas, Athan, ese es el problema, discrepan con el resto de la historia. Vamos a perder —declaró Leo. 

 

Una conversación similar había ocurrido durante el “periodo indeterminado”, según recordaba a continuación, Leo debería invitarnos a subir al salón de clases para mostrarnos los manuscritos, así que guardé silenció y analicé el comportamiento de Leo, su siguiente respuesta ayudaría en mi investigación.

 

Leo parecía un poco nervioso, ya que lo miraba como si fuera una rata de laboratorio, y de hecho, así lo consideraba, pero al no escuchar contestación alguna, él continuó:

 

—P-parece que debo mostrártelo. Dejé el manuscrito en mi bolso, el cual está en nuestro salón, si quieren subimos y lo vemos, sólo que debemos apresurarnos en resolver esto, falta poco para la fecha de entrega.

 

Eso me pareció muy interesante, su comentario fue el mismo que recordaba; si los eventos seguían ocurriendo igual que los del “periodo indeterminado”, eso significaba que era altamente probable que la “estrella huracán” volviera a aparecer, de ser así, tendría que ocurrírseme algo para detenerla.

 

—En efecto. Faltan veinte minutos para el inicio de las clases, aprovechemos ese tiempo. —Por fin le respondí, luego recordé algo—. A todo esto, ¿saben algo de Lucy?

 

Leo abrió los ojos de par en par e inclinó su cabeza y hombros, extrañado.

 

—No. Creí que ella había venido contigo.

—No la vi en el bus; qué extraño, desde que la conozco, ella nunca ha faltado a clases y siempre se viene conmigo.

 

La ausencia de Lucy era un cambio bastante drástico que desfavorecía la teoría del viaje en el tiempo. Por cierto, pensar en ella me hizo recordar como dio su vida a favor mío; si esa Lucy era un producto de un sueño paranormal, entonces me enojó y a la vez me conmovió su sacrificio. Sea como sea, tenía el deseo de verla y asegurarme de que estaba bien.

 

Los tres aún estábamos reunidos en el patio, expuestos al frío del exterior. Noté que Daniel se separó un poco de nosotros, quizás le aburrió nuestra conversación, y el bastardo se puso a mirar a unas chicas pequeñas, que parecían “lolis”, que estaban saltando la cuerda; ese tarado estaba sonrojado y parecía babear al observarlas. ¿Cómo pudo atreverse ese plebeyo? Me acerqué a él, y a fin de humillarlo, dije casi gritando:

 

—¡Parece que estás muy inmerso en tus fantasías pervertidas, Daniel! ¡Los ojos casi se te salen de sus orbitas! Bueno, eso sería conveniente para ti, ¡así puedes ver bajo sus faldas! —Y expulsé una risa malintencionada.

 

Él se sobresaltó y dobló todo su cuerpo por la vergüenza, pude imaginar cómo varios símbolos de exclamación flotaban sobre su cabeza. El resto de compañeros que estaban por ahí empezaron a burlarse de él y algunas chicas le clavaron miradas asesinas.

 

—¡Sucio! —insultó una.

—¡Pervertido! —le dijo otra con desprecio.

—¡Marginado! —le ofendió una última.    

 

Yo sólo me limité a disfrutar como mi colega era fuertemente humillado. Entonces él se volteó hacia mí y dijo enojado:

 

—¡Desgraciado! ¿Por qué…? —Puse la palma abierta de mi mano delante de él, era un ademan para que se callara y le interrumpí.

—Eso te pasa por ignorarnos, será mejor que no digas más nada porque ya sabes cómo me pongo. Es como si anduvieras por un camino espinoso, cuantos más luches por avanzar, más daño te harás, simio sin cerebro.

 

Suspirando con enojo y sin poder aceptar mi argumento, este brabucón se posicionó tras de mí y me amenazó:

 

—¿Recuerdas que te dije lo que te pasaría si volvías a decirme “simio sin cerebro”?

 

Demonios.

 

Él apretó mi pescuezo y realizó un extraño movimiento con sus dedos, de repente, sentí algo horrendo por toda mi columna vertebral, como si me hubieran deslizado la punta de un cuchillo por la misma.

 

—¡Agh! ¡Eso dolió, maldición! —me quejé, endureciendo mis músculos y sobándome toda la espalda; Daniel era de esos que dejaban que su fuerza hablara por ellos, y en comparación conmigo, él tenía a una abrumadora ventaja en ese aspecto, seguir molestándolo era mala idea.

—Y con eso ya estamos a mano. —Daniel se sacudió las manos, satisfecho, y sonrió con maldad.

 

Así era como llevábamos nuestra amistad, normalmente nos hacíamos bromas pesadas. Evidentemente, Leo era más tranquilo. 

 

—¿Ya se dejaron de eso? ¿Podemos subir? —decía Leo con desanimo.

—Va, va. Daniel, ya efectuaste tu venganza, ahora ven con nosotros, sabes que necesitamos de tus frases —le ordené.   

—Siempre y cuando me digas cómo me descubrieron —respondió Daniel, a la par que se rascaba su mejilla llena de vello. 

—¿Te refieres a cómo descubrimos que mirabas con lujuria a esas chicas? —Fue Leo el que contestó.

—Sí —dijo Daniel.

—¿Acaso intentabas ocultarlo? Si es así, lo hiciste asombrosamente mal —añadí con ironía.

—Es bueno saberlo, ¡mejoraré mi técnica! —sonrió ampliamente.

 

Finalmente dejamos la cháchara y decidimos entrar al edificio, nuestro colegio era de cuatro pisos y nuestro salón estaba en el último, así que teníamos que subir varios escalones. Primero pasamos por la planta baja, allí es donde estaba la cafetería con el comedor, una pequeña librería, la biblioteca y un gran espacio donde se realizaban los eventos. Había varias decoraciones y arreglos florales preparados para una actividad que pronto iban a realizar; no tenía interés en participar, por supuesto. Cuando subimos al primer piso, miré por el pasillo y observé a una persona que se suponía que no debía estar.

 

—No puede ser… —dije, sin poder apartar la vista de esa persona.

 

A varios metros por el pasillo, tres chicas se nos acercaban; ellas estaban una al lado de la otra y cada una mantenía un porte lleno de finura y delicadeza, era como si la elegancia misma se hubiera puesto el uniforme de la escuela y se luciera ante todos; de las tres, la más llamativa era la del medio, esa misma era la receptora de mi mirada extrañada.

 

Ella tenía un largo cabello rizado, peinado de manera magistral, además, era multicolor, como un arcoíris; no era tan alta, pero sí demasiado voluptuosa para su edad; su falda corta mostraba sus gruesos muslos y sus largas medias con rayas blancas y negras resultaban ser encantadoras.

 

Las tres chicas saludaban a otros estudiantes a su alrededor, con calma y un comportamiento digno de princesas.

 

Naturalmente, todos los varones que las veían se quedaban embobados con ellas.  

 

—Muy buenos días, Roby; muy buenos días, Amanda —saludaba la chica del medio.

 

Finalmente ellas llegaron y se detuvieron delante de nosotros.

 

—Nisha. —Continuó diciendo ella, dirigiéndose a la chica que estaba a su derecha—. Por favor, déjame sola.

—Por supuesto, señorita —respondió esa chica, hizo una sutil reverencia y se alejó.

—Nasha. —Luego se dirigió a la chica que estaba a su izquierda—. Por favor, déjame hablar con ellos a solas.

—Claro que sí, señorita —contestó con respeto la otra joven y se retiró.

 

Tanto Leo, Daniel y yo nos quedamos mirando con expectación a la chica con cabello como arcoíris delante nuestro, entonces ella nos miró con sus ojos multicolores dignos de un carnaval, ladeó su cabeza con ternura y nos sonrió.

 

—Hola, Dafne —le saludó Daniel.

—Buen día, Dafne —saludó Leo.

 

Ella les respondió con elegancia y amabilidad, luego se dirigió a mí con la mirada y me fue inevitable hacerle una mueca de desprecio.

 

—Hola, millonaria idiota —dije con desinterés. 

 

Inmediatamente Dafne extendió su mano y me golpeó la frente con el canto, como una karateca, admito que me dolió. Posteriormente, ella hizo una pose ridícula y empezó a reírse como una lunática, era como si la chica elegante de hace unos momentos hubiera sido poseída por una niña loca y traviesa.

 

—¡Kyaaa, ja, ja, ja, ja…! —se burlaba ella.

 

Así era Dafne, una chica que era calmada y elegante con todo el mundo, pero con nosotros sacaba su verdadero yo, uno totalmente informal y juguetón. Como era de esperarse, gracias a su belleza y el nivel de prestigio de su familia, ella se convirtió en la chica más popular del colegio.

 

—Parece que se te subió tanto el ego a la cabeza que se te achicharró el cerebro, ¿cómo te atreves a golpearme, aberración? —refunfuñé mientras la fulminaba con la mirada.

—El pequeño narcisista hablándome de ego… es como un asesino que predica en contra del asesinato, ¡kyaaa, ja, ja, ja…! —Ella hablaba con un acento curioso.

—Esa estuvo buena, Dafne —intervino Daniel, quien le mostró el dedo pulgar.

—Ji, ji, ji… ¿¡Verdad que sí!? —De un rápido movimiento, ella se abalanzó sobre Daniel, lo tomó de las manos y empezó a sacudirlo, como si fuera un trapo, ella estaba emocionada por semejante tontería.

—¡Estás muy cerca! —exclamó un nervioso Daniel.

 

Este comportamiento primitivo resultó ser de lo más divertido.

 

—Vaya, el mujeriego se acobardó; y tú, Dafne Cooper, no cantes victoria aún, y a todo esto, ¿qué haces aquí? ¿No que tenías fiebre? —dije.

 

Ella dejó en paz al pobre de Daniel, inclinó a un lado su cabeza y se llevó el dedo índice a sus labios.

 

—Vengo aquí a lo mismo que tú, tonto, ¿y fiebre? No recuerdo haber dicho que tenía algo como eso. —Sin razón aparente, ella hizo una sonrisa pícara y me miró con astucia—. Uh, ya entiendo, ¡esa es una manera de decirme que estoy que ardo! Kyaaa, ja, ja, ja, ja… —Ella extendió los brazos mientras se reía escandalosamente—. ¡Eso, eso, canten canciones sobre mí, alábenme!

—Se canta de aquellos que consiguen logros y su nombre queda registrado en la historia; en tu caso, Dafne, te inmortalizarás como la mujer que logró ser la más boba de la historia, las únicas alabanzas que mereces están relacionadas a tú inexistente capacidad mental. 

 

Ella respondió algo más, pero la ignoré. Aunque dije eso, sabía que Dafne en verdad era muy lista, de hecho, la consideraba como la única en toda la escuela que era digna de ser mi novia, principalmente porque su cuerpo era de mi gusto.

 

Por otro lado, su presencia era información valiosa para mi investigación: durante el “periodo indeterminado”, Dafne no fue a la escuela el 15 de abril, según, ella tenía fiebre. En el dado caso de que yo hubiera regresado en el tiempo, ella tampoco debería estar en el colegio, y más bien, estaría enferma en su mansión. Parecía que cuanto más le buscaba una explicación racional a la aparición de esa estrella y la supuesta muerte que sufrí, más lejos estaba de dar con la respuesta.

 

La presencia de Dafne me dio una idea, me sería útil en el dado caso de que la “estrella huracán” volviera a aparecer.  

 

—No sé por qué me siento excluido de la conversación… —susurró Leo, quien estuvo callado y encogido de hombros.

—¡Oh, chicos, hay algo diferente en mí! ¡¿Ya lo notaron?! —dijo Dafne con emoción, ignorando a Leo. Posteriormente, tarareando una canción, ella movió sus piernas dando un giro lento, la idea era que contempláramos su aspecto y viéramos dicho cambio.

—¡Ya sé! ¡Te cambiaste el peinado! —afirmó Leo, seguro de su respuesta.

 

Él intentaba ser parte de la conversación, sin embargo, al mismo tiempo que dijo eso, yo comenté algo y mi voz se superpuso sobre la suya:

 

—Tu busto está más grande —comenté sin tantos preámbulos.

—¡Sí… Nooooooo! —dijo Dafne. Primero se emocionó, pero al entender el contenido de mí respuesta, se sonrojó mucho y retrocedió avergonzada—. ¡Sucio! —me dijo mientras mostraba los dientes y me veía como una amenaza—. ¡Los hombres son unos sucios!

—¿Por qué lo dirá en plural? —preguntó Daniel, una gota de sudor bajaba por su mejilla.

—¿Qué te pasa, Dafne? ¿No se supone que a las chicas les importa mucho esa clase de cosas? —dije con ironía mientras me peinaba con la mano.

 

Inmediatamente ella se abalanzó sobre mí e intentó golpearme igual que antes, a lo cual, yo sonreí y la esquivé con facilidad, había previsto que haría eso.

 

—¡Ash! ¡No te muevas! —se quejó ella, haciendo pucheros y mirándome con frustración.

—No, tus golpes duelen un montón, para redimirme, te tengo una propuesta...

 

Aun manteniendo su enojo infantil, cruzándose de brazos y enderezando su postura, ella me miró con expectación.

 

—Dilo, si tu respuesta resulta ser molesta, llamaré a unos mercenarios para que te liquiden.

—¡Eso es muy extremo! —exclamó Leo—. Athan, será mejor que lo pienses bien.

 

La conversación siguió de acuerdo a mi plan, por cómo habían cambiado los sucesos, ya no tenía certeza de qué cosas sí iban a ocurrir y cuáles no en las siguientes horas, así que mi objetivo era mantener a mis amigos cerca, por si acaso, y para ello, sugerí:

 

—Hoy mis padres no estarán; quiero que pases la noche en mi casa, ¿quieres, Dafne?

 

Todos se quedaron en shock, como si se hubieran congelado en el tiempo, un ambiente incómodo se generó por mi comentario. Dafne se mostró cómicamente inexpresiva y sacó un celular de su bolso, luego empezó a marcar unos números.

 

—¿Qué estás haciendo? —dije, al no oír respuesta alguna.

—Estoy llamando a los mercenarios.

 

Fue entonces cuando entendí que mi invitación fácilmente podía ser malinterpretada.

 

—Amigo, ¿en qué locuras estarás pensando? —añadió Daniel, me miraba con lastima, como si fuese la siguiente persona que vería dentro de una tumba.

—Nos veremos pronto, Athan. —aseguró Leo, quien me dio unas palmaditas en el hombro.

—¡Son unos exagerados! ¡Aun siendo unos indignos, son unos malos amigos! Y tú… —Señalé el celular de Dafne—. Mejor guarda eso. Obviamente no te estoy invitando para hacer cosas pervertidas, idiota, los estoy invitando a todos ustedes para que vayan a mi casa a pasar el rato.

 

A veces Dafne era muy aterradora, era difícil saber cuándo hablaba en serio; expulsando un suspiro y guardando su celular, Dafne dijo:

 

—Ah, así que de eso se trataba, tenías que decirlo así desde un principio, tonto. Como sea, me niego.

—Es una locura, mañana también tenemos clases, yo no podré estar —expresó Leo con desinterés.

—Yo no tengo problemas en ir —comentó Daniel, el único que aceptó era el menos relevante para mi plan.

 

Dafne se volteó, preparada para acabar con la conversación y seguir con su camino, sin embargo, yo sólo me limité a reírme pues tenía un as bajo la manga y ese era el momento de usarlo. 

 

—“Pan-Niko-Neko-Niii” —le dije.

 

Leo y Daniel se miraron las caras, sin entender ni una sola de mis palabras. No obstante, con Dafne fue distinto: ella se detuvo en seco y luego giró sobre sus talones, tenía los ojos entrecerrados y estaba aún más roja por la vergüenza.

 

—¡Tú! ¿Co-cómo sabes ese nombre? —preguntó Dafne con desesperación, parpadeaba y miraba a los lados velozmente y con nerviosismo.

—¿Quién sabe? Lo cierto es que eso es información y la información es poder, ahora mismo tu popularidad es mi rehén. ¡Buaja, ja, ja! —Me fue inevitable reírme como el antagonista de una historia.

—Tú y yo: después de la primera clase, en la azotea, ¡a solas!

—Estoy de acuerdo.

 

Ese “nick” tenía un significado vergonzoso para ella y mientras tuviera ese as en mi poder, podría hacer que todos fueran a mi hogar y así continuar con mi plan: suponiendo que volviera a aparecer la “estrella huracán”, tener a Dafne en mi casa supondría una gran ventaja, dicho de manera simple, ella era la “llave” al bunker de su familia.

 

De repente mi celular vibró, había recibido un mensaje; cuando lo saqué, noté que era un número desconocido. El contenido del mensaje aceleró mi corazón y erizó todos los pelos de mi cuerpo, sentí escalofríos. Este decía: “Holiii. Espero que tengas un lindo día, Athan. Soy Lucy. Tengo fiebre y hoy no podré ir a la escuela. No te preocupes, estaré mejor :3”.

 

—¿Qué demonios está pasando? —susurré y me costó tragar saliva.

 

El misterio era cada vez mayor…